La energía al rescate

Las previstas ventas de electricidad a Brasil refuerzan la perspectiva de que ayude a paliar la debilidad exportadora en rubros tradicionales

Las previstas ventas de electricidad a Brasil refuerzan la perspectiva de que el marco energético, el área en que mejor ha funcionado un gobierno plagado de claudicaciones, ayude a paliar desde este año, aunque en escala modesta, la debilidad exportadora en rubros más tradicionales. El excedente de la generación de UTE, luego de cubrir el consumo interno, tiene desde hace dos décadas a Argentina como único cliente. Pero, a partir de este año, también se le venderá a Brasil, lo que abrirá dos fuentes de ingresos adicionales. Una es lo que se obtenga de la venta directa a un segundo cliente. La otra es que, al plantearse competencia entre dos mercados, puede mejorarse el bajo precio actual que paga Argentina.

La opción brasileña excluye la generación en Salto Grande, ya que parte de su producción está comprometida con Argentina. Pero el excedente de producción en las demás represas, en la pujante generación eólica y en la de paneles solares y biomasa estará disponible para el vecino que pague más. Los ingresos por estas exportaciones serán modestos cuando se los compara con rubros como la carne o la soja, pero forman parte de un bienvenido empuje al funcionamiento global del país gracias a la mejorada producción de energía. A este beneficio inmediato se agregará el del gas, cuando finalmente se complete la construcción de la planta regasificadora en la bahía de Montevideo. Este proyecto se paralizó cuando la empresa concesionaria se retiró por dificultades financieras. Pero ha revivido desde que el nuevo gobierno argentino se comprometió a comprar el excedente que produzca la planta.

Si el proyecto se concreta, llevará tiempo ver sus resultados, ya que primero hay que encontrar confiables socios inversores que lo solventen. Pero, cuando se logre, su efecto complementario será decisivo en varios frentes para apuntalar una economía en declinación, mediante mejor capacidad productiva y mayor bienestar de los hogares. Estas metas exigen abaratamiento del suministro de energía, al revés de lo hecho por el gobierno al encarecerlas sin otro fundamento que aumentar la recaudación fiscal para solventar previos desaciertos financieros. Por otra parte, simplificará la operación de la central de ciclo combinado actualmente en construcción. Este proyecto, la obra de mayor envergadura encarada por UTE, viene con tropiezos por problemas con la empresa surcoreana concesionaria. Pero cuando se complete podrá funcionar a gas, lo que aumenta la conveniencia de concluir la regasificadora.

Todas estas perspectivas tienen el beneficioso efecto adicional de relegar a un segundo plano la publicitada búsqueda de hidrocarburos en la plataforma marítima, que se iniciará en marzo. Aunque se encuentre petróleo llevará varios años producirlo, lo que además dependerá de que sea económicamente viable. Tener petróleo propio es un viejo sueño uruguayo. Pero es fundadamente cuestionado por los riesgos que conlleva de tentación al despilfarro en el gasto público, como ha ocurrido en tantos países, y de mala administración, especialmente si el tema queda en manos de la desprestigiada ANCAP. Es mucho más lógico, seguro y cercano concentrarse en el diversificado marco energético actual, producto de la buena gestión de UTE que, junto con la de ANTEL, ha puesto a ambos entes un escalón arriba de la pobreza operativa de las empresas del Estado.


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