La era de la distracción

El pasado 24 de abril Lucie Bahetoukilae voló más de 4.800 kilómetros en la dirección equivocada
El pasado 24 de abril Lucie Bahetoukilae voló más de 4.800 kilómetros en la dirección equivocada. Es casi la misma distancia que hay entre Montevideo y Bogotá. La mujer, con residencia francesa y quien no habla inglés, debía viajar a París desde el aeropuerto de Newark, en New Jersey (uno de los tres grandes aeropuertos que sirven a la ciudad de Nueva York). Al llegar a la puerta de embarque que indicaba su boleto, se sentó y esperó a que los pasajeros comenzaran a subir al avión. Puesto que no entendió el anuncio hecho por el altoparlante que informaba que la puerta de embarque del vuelo a París de United Airlines había sido cambiada y que por lo tanto el vuelo saldría por otro lugar, la mujer subió con todo el mundo al que creía era su avión con destino a la capital francesa.

Sin que ninguna azafata lo notara y sin que ella se diera cuenta, la mujer pasó todo el vuelo creyendo que el avión aterrizaría en París, y no en San Francisco, donde fue a parar en el que seguramente ha sido el día más largo y extraño de su vida. Desde el aire sus ojos descubrieron la verdad de la milanesa cuando en el momento del aterrizaje observaron debajo el fabuloso Golden Gate, puente emblema de la ciudad californiana. La mujer se sintió desconcertada, pues no había rastros de la Tour Eiffel por ninguna parte. Después de una cantidad de idas y vueltas, la pasajera pudo finalmente volver a París, después de 28 horas yendo de un lado a otro.

En United, aerolínea a la que en estos días le está pasando casi de todo, no pueden entender cómo nadie a la entrada del avión ni tampoco dentro de este advirtió del error, cuando el pasaje de la dama decía claramente "Newark to Charles de Gaulle". La equivocación de los empleados, distraídos y mal entrenados para la función que estaban desarrollando, le costó a la aerolínea varios miles de dólares, pues para que la pasajera con el rumbo cambiado no los llevara a juicio, le dieron una abultada compensación.

Para la señora hubo final feliz: además de conocer desde el aire San Francisco, ciudad que no estaba en sus planes de viaje, regresó a su casa con un fajo de dólares que se ganó por haber estado sentada más horas de las que había planeado estar.

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