La erradicación de la pobreza

Erradicar la pobreza en el mundo deja de ser un sueño desesperanzado si los gobiernos acordaran la liberación del comercio

Erradicar la pobreza en el mundo deja de ser un sueño desesperanzado si los gobiernos acordaran la liberación del comercio, si los países atrasados mejoraran la educación y si las naciones más ricas dedicaran a esa meta menos del 1% del Producto Interno Bruto del planeta. El Banco Mundial (BM) ha estimado que el 83% de personas que vivían bajo el nivel de pobreza hace dos siglos cayó en 2015 a 9,6%. Esta cifra, que equivale a 700 millones de personas, promedia realidades desiguales, ya que incluye países ricos y otros populosos, como Nigeria, el Congo o la India, con altísimos niveles de pobreza. La forma idónea de combatirla es a través del desarrollo económico. Un ejemplo es China que, con la apertura iniciada en la década de 1980 por Den Xiao Ping, sacó de la pobreza a 680 millones de personas, la mitad de su población.

Estudios de expertos, complementarios del hecho por el BM, concluyen que el número de pobres podría caer a 400 millones en los próximos 15 años y desaparecer para 2060 si el tema fuera encarado por los gobiernos, a través de Naciones Unidas, con un empeño y decisión que hasta ahora han faltado. Una forma de financiar la ayuda requerida es con una ínfima reducción del gasto militar, ya que el costo estimado equivale a un año y medio de lo que asignan las naciones a armarse y guerrear. Pero además de la provisión de recursos, se necesitan también dos elementos esenciales.

Uno es la liberación del comercio mundial, trancado en la mortecina Ronda Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC), como forma natural de acelerar el desarrollo económico y la mejora de ingresos. Ante el fracaso de la OMC, muchos países buscan parcialmente esta meta en tratados de libre comercio en diferentes bloques. El otro es que los países más atrasados mejoren sus niveles de educación de niños y jóvenes, curso que conduce a la apertura de oportunidades para salir de la pobreza.

Este panorama es especialmente pertinente para Uruguay. En la última década el número de pobres ha caído a una cuarta parte, situándose en el promedio mundial por debajo del 10%. Pero ese drástico mejoramiento tiene una base frágil. No se logró a través de un desarrollo económico sustentable sino que se financió gastando un ocasional flujo voluminoso de recursos durante 10 años de ciclo expansivo por exportaciones y consumo interno. Ese ciclo terminó y actualmente el país enfrenta graves apremios financieros. Se agudizarán por lentitud de crecimiento, lo que genera desempleo y caída de ingresos y amenaza con que personas que habían salido apenas de la pobreza vuelvan a caer en ese nivel.

El camino razonable para combatir esa perspectiva es la apertura comercial a través de acuerdos de libre comercio donde sea posible, a través del trabado Mercosur o solos. Pero los intentos del presidente Tabaré Vázquez y de los ministros involucrados en el tema siguen chocando con la negativa de los sectores más retrógrados de su Frente Amplio y del PIT-CNT a incorporarse al Tratado del Pacífico y otros acuerdos que amplíen la actividad económica. Y la educación, la otra vía esencial para combatir la pobreza, boquea anclada en el fracaso de los tres últimos gobiernos en salir del actual marasmo de atraso. Mientras no se concrete una verdadera apertura comercial y se reforme la educación, la tendencia mundial de abatimiento permanente de la pobreza nos pasará de largo.


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El Observador

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