La estatua de la virgen sacó a los diputados de sus temas cotidianos

En el Parlamento discutieron sobre religión y los alcances de la laicidad
Dejando de lado los asuntos cotidianos y urgentes a los que mayormente se suelen abocar, los diputados debatieron ayer sobre las creencias religiosas de los hombres y el rol que debe asumir el Estado para asegurar el libre ejercicio de todos los credos sin, por ello, perder el rol neutral que le asigna la Constitución.

El detonante de la discusión fue el pedido que le realizó la Iglesia Católica al gobierno para instalar una estatua de la virgen María, de casi cuatro metros de alto, en la rambla del Buceo. La solicitud aún no tuvo respuesta.

En la discusión de ayer en el Parlamento, las posturas más antagónicas, al menos en apariencia, fueron encarnadas, por un lado, por Ope Pasquet (Partido Colorado) quien propuso el debate y dijo que si la solicitud de la iglesia llega a tener una respuesta positiva quedará sentado un precedente peligroso y puede abrir el terreno para múltiples reclamos desde otras religiones. Por otro lado, Rodrigo Goñi (Partido Nacional) confesó en sala su condición de católico creyente "en Dios padre, en la Virgen María, en Cristo y en la resurreción de los muertos" y reclamó del Estado una laicidad "positiva" que le otorgue más espacios públicos a la religiones.

Goñi dijo tener la convicción de que la forma de comprender la laicidad que "ha predominado en los últimos tiempos ha quedado obsoleta". Además, aseguró que la fe y las religiones "tienen mucho para aportar de manera de combatir "la falla moral" que a su juicio es la causa principal de la "decadencia social y el deterioro de la convivencia humana".

En el inicio, Pasquet consideró "falso e injusto" que se sostenga que, por culpa de la laicidad -condición que requiere independencia frente a las manifestaciones religiosas- los creyentes "deban vivir en las catacumbas" .

"En Uruguay existe una libertad sin restricciones; hablar de laicidad positiva no es de recibo. La Constitución establece que el Estado no tiene religión y no debe promover ninguna religión. Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", dijo citando palabras de Jesús.
La intervención de Pasquet fue apludida desde las barras y por buena parte de la bancada del Frente Amplio.

Dando cuenta de que se había sentido plenamente identificada con lo dicho por el legislador batllista, desde la izquierda frenteamplista solo pidió la palabra José Carlos Mahía quien también abogó por un Estado que respete a todos los credos pero que no actúe como promotor de ninguno.
Luego, Gustavo Penadés (Partido Nacionaol) consideró que la laicidad no necesariamente debe estar acompañada de una "indiferencia" de parte del Estado ante los fenómenos religiosos.
"No tenemos por qué llegar a un fundamentalismo laicista. Los monumentos, los religiosos y los otros, expresan la variedad de opiniones y de creencias de la sociedad", justificó.

Cruz del papa

A su vez, Iván Posada (Partido Independiente) se opuso enfáticamente a la instalación de una imagen de la madre de Jesús y recordó que fue el expresidente colorado Julio María Sanguinetti el primero en "revisar el concepto de laicidad", al impulsar el emplazamiento de una cruz en el lugar desde donde habló el papa Juan Pablo ll durante su primera visita al Uruguay.

Posada dijo que lo mismo hizo Tabaré Vázquez como intendente de Montevideo al aprobar la instalación de una estatua de Iemanjá en la rambla sur. "El espacio público no debe ser invadido por creencias de ningún tipo", afirmó.
Su compañero de bancada Daniel Radío opinó distinto y fustigó a los "jacobinos que se disfrazan de liberales para hostilizar a las iglesias".
El nacionalista Pablo Abdala argumentó que si los constituyentes hubieran querido un Estado "aséptico" ante las manifestaciones religiosas, no hubiesen exonerado de impuesto a los cultos religiosos.

Iemanja

Como fue dicho, Goñi (Partido Nacional) expresó en sala su catolicismo -"tratamos de convencer a los otros de que esta fe ayuda a vivir plenamente", dijo- y reclamó una "laicidad más auténtica y más abierta".
Cerrando el debate, el nacionalista Alejo Umpiérrez reconoció que para él las iglesias son meros objetos de admiración artística . Sin embargo, consideró que el Estado no debe "estirilizar el concepto religioso".

Y dijo que, lejos de "oler a naftalina", el debate del que formó parte había tenido la feliz capacidad de sacar a los diputados de sus tareas cotidianas para sumirlos en asuntos que entremezclan lo humano, con lo espiritual y lo divino.


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