La grieta argentina cada vez se ensancha más

Muchos suponían que con un gobierno con otro estilo y modales, en forma muy paulatina se volvería a la normalidad
Por Alberto Valdéz, periodista de FM Milenium 106.7 y columnista de Infobae

El término fue acuñado por el periodista Jorge Lanata hace algunos años atrás en la entrega de los premios Martín Fierro y fue duramente cuestionado por colegas militantes del kirchnerismo y también por artistas y gente de la cultura que se ha fanatizado con el gobierno anterior. Paradójicamente, el último domingo una nueva edición de esos premios a lo más destacado de la TV volvió a poner en del centro de la escena al conductor de Periodismo para todos y sus enconados enemigos kirchneristas que volvieron a silbarlo.

Esta fotografía refleja el preocupante clima de época que se vive en Argentina a pesar de la derrota electoral de la fuerza política de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y la llegada al poder de Mauricio Macri y la coalición Cambiemos. Muchos suponían que, con un gobierno con otro estilo y modales los ánimos se aplacarían y en forma muy paulatina se volvería a la normalidad y tolerancia institucional.

Nada de eso ocurrió. Se percibe más de lo mismo y en algunos casos agravado. La sociedad argentina sigue tan dividida como en los últimos 12 años. Pero ahora la fractura empieza a ser más profunda porque el segmento que rechaza al kirchnerismo defiende a rajatabla la gestión de Macri, esencialmente porque percibe que si a este no le va bien regresará Cristina. Por primera vez no solo se unen en la negativa sino que además encontraron en Cambiemos un vehículo para sentirse identificados con un gobierno. Siguiendo a pie juntillas aquella frase soberbia y desafiante de los K: "Si no les gusta, armen un partido político y ganen las elecciones".

Se pasó de la antinomia Kanti K, a una especie de RiverBoca entre la figura del actual presidente y la de su antecesora. Si bien Macri aún genera más adhesiones que cuestionamientos, quienes están en la vereda de enfrente, especialmente los kirchneristas y no solo ellos, lo rechazan con altos niveles de odio y resentimiento. Han tomado como propio el relato demonizador que acuñaron desde la dirigencia kirchnerista que presenta a un jefe de Estado insensible que solo se preocupa por aquellos de su misma condición social y económica.

Claro que el odio también sigue presente entre aquellos que no simpatizan con Cristina. La quieren ver presa y le desean todo lo peor. En esas condiciones, la tensión política entre Macri y la señora de Kirchner es un cóctel explosivo donde se confunden otras emociones y sentimientos negativos que tiene lamentables antecedentes de violencia en la historia argentina contemporánea. Especialmente en los intensos años de 1950 cuando el primer peronismo también dividió a la sociedad, persiguió y encarceló a opositores. Si bien es cierto que la historia no se repite, en la sociedad argentina hay genes violentos.

Muchos que subestiman esta grieta dicen que actualmente el kirchnerismo es minoritario y está muy lejos del 54% obtenido en las urnas en 2011. Lo cual es cierto, pero Cristina hoy representa a más de un 30% del electorado. Con esos números no se gana una elección pero se trata de un segmento social fanatizado, en muchos casos violento y que no pasa desapercibido. Por eso volvieron las peleas entre familiares y amigos que no vuelven a dirigirse la palabra.

Y como si algo faltara para complicar el panorama: la figura del papa Francisco se metió de lleno en la grieta. La personalidad más reconocida en el mundo y que más gente ha cautivado ha tomado partido en el escenario político local. O por lo menos así lo interpretan unos y otros. Los kirchneristas se embanderan con el origen peronista de Bergoglio y los que defienden a Cambiemos lo critican duramente por sacarse fotos siempre con allegados al espacio político de la señora de Kirchner.

Francisco decidió pararse más cerca de uno de los dos lados de la grieta. Le manda un rosario a Milagro Sala, se saca fotos con fiscales de la secta K Justicia Legítima y piensa recibir a la cuestionada Hebe de Bonafini. Al mismo tiempo se mostró frío y distante con Macri en Roma y muchos de sus voceros vienen expresando duros conceptos sobre el oficialismo. A quienes nunca ha desautorizado pese a que uno de ellos, Gustavo Vera, camina peligrosamente por la cornisa de la violencia y la agresión política.

Lamentablemente la única personalidad argentina en condiciones de buscar la reconciliación optó por agudizar la fractura y por eso todos los meses (de acuerdo a encuestas confiables) sube su imagen negativa entre aquellos que, pese a ser católicos, son críticos del kichnerismo. Se juega un RiverBoca con el árbitro inclinado para un solo lado.

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