La historia del banco escolar

Para lograr que los alumnos se quedarán quietos y concentrados, se lo creó en tiempos de Varela basado en las medidas físicas de los escolares, lo que determinó una postura conocida como "posición de clase"

estudio del mobiliario escolar coincide con las etapas del desarrollo de la pedagogía. Si nos trasladamos al tiempo de José Pedro Varela, cuando la disciplina estaba basada en la inmovilidad, se usaban los que llamaban "bancos fijos" de la escuela de los Padres Escolapios a la que concurrió José Pedro Varela.

Los niños debían estar aislados, quietos y en silencio, solo debían oír y repetir mientras el maestro se imponía dogmáticamente, sin admitir ni la más mínima crítica o intercambio de ideas.

Se creía que los escolares debían realizar una tarea similar a la de los padres. Mientras que los padres luchaban por la vida y por mantener la familia, los niños debían vivir también un clima de lucha y de superación, siempre frente a los demás.

Para lograrlo se creó un banco, según las proporciones y las medidas físicas de los escolares.

Se consideraba "posición de clase" o higiénica, cuando se apoyaban los pies en el suelo con las piernas, muslo y tronco en ángulo recto, la cabeza derecha, hombros horizontales y brazos a igual distancia del tronco para que el peso se distribuyera entre los pies, el asiento y la región lumbar. Este fue el modelo que se usó en el Río de la Plata.

Hubo otros modelos como el llamado "guitarra" por la forma de su respaldo, hecho según las prescripciones higiénicas y pedagógicas de los años 1879 al 1882.

Las mesas eran de madera muy gruesa, pesadas y altas. A veces se pintaban de negro, lo que les daba un aspecto oscuro y lúgubre, se ubicaban en el centro del salón o contra la pared.

Hubo otros bancos, demasiado altos o muy bajos y sin respaldo, que en ambos casos producían desviaciones de la columna vertebral o problemas de visión o de circulación, cuando durante horas los niños estaban con los pies colgando.

En este caso, el mobiliario no tenía en cuenta la edad, la altura o la corpulencia de los escolares a pesar de que se decía que estaban de acuerdo con las prescripciones pedagógicas, higiénicas y a las medidas físicas de los niños.

En el año 1887 se creó un banco nacional ideado por Jacobo Varela, hermano de José Pedro Varela, difundido y usado en todo el país.

También se usaron los unipersonales, que se ubicaban en fila, y que solo permitían ver la espalda del que estaba sentado adelante.

Actualmente los criterios son absolutamente diferentes y también se expresan en los bancos y las mesas.

Hoy los niños pueden vincularse, formar equipos, compartir tareas, sentirse seres sociales, no objetos y especialmente, como dice la Psiquiatra Infantil Dra. Natalia Trenchi: ¨competir frente a uno mismo por la superación propia, no por superar a los demás


"Actitud normal que debe guardar el niño delante de su mesa, especialmente en los ejercicios de escritura y lectura"


"Para determinar las reglas a que debe ajustarse la construcción de un buen mobiliario escolar, es obligado fijar antes la posición que con respecto a él necesita guardar el alumno.
Aunque ya al tratar de la higiene de la lectura y la escritura (capítulo II de la primera parte) hicimos las oportunas indicaciones acerca de la actitud que el alumno debe tener en esos ejercicios, no estará de más que recordemos ahora lo dicho trascribiendo la descripción que de la actitud normal hace el doctor Liebreicht en los términos siguientes:
«La parte superior del cuerpo debe permanecer vertical; la espina dorsal no ha de torcerse ni a derecha ni a izquierda; los omoplatos deben quedar colocados a la misma altura; los brazos, aplicados a las costillas, no soportarán nunca el peso del cuerpo. Los dos codos, a nivel y casi perpendiculares bajo los omoplatos, no deben estar apoyados, y sólo las manos y el antebrazo descansarán en la mesa; es preciso que el peso de la cabeza esté bien equilibrado sobre la columna vertebral, sin que nunca se incline hacia adelante, ni debe torcerse sobre su eje horizontal más que lo precisamente necesario para que, estando la cara ligeramente inclinada, el ángulo formado por el rayo visual dirigido sobre el libro, no sea muy agudo».
Algo falta por determinar en esta descripción, por lo que para completarla creemos oportuno añadir lo que en breve, pero preciso y acabado resumen, dice el Sr. Giner de los Ríos acerca del mismo particular.
La posición higiénica exige que «los pies descansen con firmeza en el suelo; que pierna, muslo y tronco formen entre sí ángulo recto; que la cabeza no se incline hacia adelante; que los hombros estén en la misma línea horizontal y los brazos a igual distancia del tronco, y que el peso se reparta entre los pies, el asiento y la región lumbar».
Como dice el doctor Liebreicht, «por sencilla y natural que parezca esta posición, no puede obtenerse con las mesas y los bancos actualmente en uso», es decir, con el mobiliario antiguo, que es el que posee la inmensa mayoría de nuestras escuelas. Conviene añadir que aun con el mobiliario que mejores condiciones reúna, no dejará el niño de tomar una posición viciosa, cuya repetición le llevará a contraer hábitos perjudiciales para la simetría de su cuerpo: la aplicación muy intensa, la necesidad de ver muy de cerca, cierta dejadez, el deseo perezoso de encontrar un apoyo, llevan con frecuencia al alumno, como dice M. Pécaut, a inclinarse y a recostarse en su pupitre, aun cuando se hayan tomado toda clase de precauciones. De aquí la necesidad de que, como más arriba queda dicho, el maestro vigile a los alumnos a fin de mantenerlos constantemente en la posición normal, lo que le costará menos trabajo a medida que el niño se habitúe a ella, por no permitírsele otra y por las comodidades que al efecto le ofrezcan su mesa y su banco."

(Replicas de estos bancos se pueden ver en el Museo Pedagógico ubicado en la Plaza Libertad.La foto pertenece al libro "Tratado de higiene escolar : guía teórico-práctica" de Pedro de Alcántara García, publicado en el año 1886. Bibliografia: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)


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