La historia del hombre que vivió luego de un día congelado

El "milagro" que lo salvó luego de 12 horas en la nieve, ahora se aplica para tratar otro tipo de enfermedades

Sarah Kaplan/Washington Post

Don Smith vio primero las botas que sobresalían desde una pila de nieve al lado del camino desierto.

Detuvo su auto, se trepó al promontorio de nieve a pesar de la helada mañana y miró entre la media luz de esa hora en busca de su hijo.

"Allí estaba Justin", recordó Smith esta semana en un canal de televisión de Pennsylvania. "Estaba azul. Su rostro no tenia vida. Intenté detectar su pulso y su ritmo cardíaco. Pero nada".

El hombre de 25 años había estado tirado a la intemperie durante más de 12 horas, con una temperatura de 20 grados bajo cero y una tormenta de nieve que no daba tregua.

Cuando llegó el personal de emergencia tampoco pudo encontrar signos de vida en su cuerpo. Alguien extendió una sábana blanca sobre el cuerpo sin vida de Justin y llamaron a un forense; la policía local comenzó a investigar. Mientras tanto, un abatido Don llamaba a la madre de Justin para darle la terrible noticia. Su hijo había muerto.

Personal de emergencia

Pero no estaba muerto. No lo estaba según Gerard Coleman, el médico del departamento de emergencia que estaba de guardia en el Hospital Lehihg Valley en la mañana del 21 de febrero de 2015. "Mi pensamiento clínico fue muy simple: el cuerpo tiene que estar caliente para poder morir", explicó el médico.

Ordenó entonces a los paramédicos que comenzaran a practicarla técnicas de resucitación (CPR), a pesar de que el hombre no tenía pulso ni presión arterial y a pesar de que todo indicaba que había respirado por última vez el día anterior. Casi un año después Justin Smith dio una conferencia de prensa para agradecerle al médico que le salvó una vida que aún no se había perdido.

CPR técnicas de resucitación

La historia de improbable supervivencia de Smith involucra lo mejor de la medicina de emergencia. Gracias a nuevas tecnologías y a una comprensión que evoluciona de qué significa estar muerto, ahora es cada vez más probable que los médicos puedan devolverle la vida a personas "congeladas". Además, están sacando provecho de los mismos mecanismos que le permiten al cuerpo soportar temperaturas aparentemente letales, para salvar a otra cantidad de pacientes -víctimas de disparos de arma, de ataques cardíacos y de lesiones espinales, bebés prematuros con daño cerebral- que de otra manera se considera no podrían sobrevivir.

El secreto que salvo a Smith –y a muchas otras personas- se basa en el hecho de que el cuerpo enlentece todas sus funciones cuando se torna frío. Según la revista Outside, el metabolismo se enlentece entre un 5 a un 7% por cada grado Celsius que baja la temperatura del cuerpo. Si el organismo está a 35 grados la persona comienza a temblar incontrolablemente; si baja a 32,2 grados sus labios se ponen morados y tiene problemas para hablar. A 27,7 grados se pierde la conciencia. Una vez que el cuerpo baja de los 15 grados, el corazón deja de latir.

En algunos casos, como le sucedió a Smith, puede salvarse la vida a una persona a pesar del frío extremo. Esto sucede porque bajo ciertas condiciones las células que se vuelven letárgicas debido al frío, no requieren oxígeno. Estas personas se mantienen en una suerte de estado de animación suspendida en el que parece que están muertas según todas las mediciones estándar, pero no lo están irreversiblemente.

Si se descubre al paciente antes de que se detenga su corazón, como lo hizo Coleman, hay buenas chances de que sobreviva.

Un milagro

Justin Smith volvía a su casa luego de un evento con amigos a eso de las 9.30 de la noche del 20 de febrero de 2015, cuando algo sucedió; él cree que se tropezó y se cayó sobre la nieve. No lo encontraron hasta 12 horas después. Su cuerpo estaba a menos 20 grados Celsius. Y aunque los paramédicos lo dieron por muerto y así se lo comunicaron al médico del hospital más cercano, Coleman ordenó que comenzarán a practicarle CPR, en base a lo que había aprendido: "No estás muerto hasta que tu cuerpo está caliente y muerto".

Durante dos horas el equipo de emergencia apretó el pecho de Smith y le dio respiración boca a boca, hasta que pudo ser trasladado –en medio de una gran tormenta de nieve- hacia otro hospital en Allentown. Una vez allí los médicos le hicieron una transfusión de sangre caliente y oxigenada, utilizando un tratamiento denominado oxigenación extracorporal de la membrana. En la tarde su corazón comenzó a latir por sí solo.

Sin embargo, nadie sabía cómo se vería afectado el cerebro de Smith, debido al prolongado período en el que no había recibido oxígeno. Las convenciones médicas indican que el cerebro humano puede soportar cuatro minutos sin oxígeno antes que sus células comiencen a morir. Pero el caso de Smith no tenía nada de convencional.

Nieve

Cuando el hombre de 25 años despertó del estado de coma, dos semanas después, estaba desorientado y débil, pero su cerebro no había sido afectado. Al final la noche helada que sufrió hizo que le amputaran sus dedos pulgares y los dedos gordos de sus pies. Pero vivió.

Luego de volver a casa Smith comenzó a estudiar Psicología en la Universidad Penn State.

. "Me considero a mí mismo como un milagro", dijo esta semana en una entrevista al diario Standard-Speaker.

Según el médico que le salvó la vida, Coleman, Smith es la persona más helada que haya logrado sobrevivir a la hipotermia por exposición. "Su superviviencia es un paradigma sobre cómo resucitar y cómo tratar a personas con hipotermia", agregó.

Frío para salvar la vida

De hecho este conocimiento ya se está aplicando. "Hemos aprendido que no hay una temperatura tan baja que haga que no se pueda intentar salvar a un paciente", dijo Gordon Giesbrecht, especialista en termofisiología de la Universidad de Manitoba, a la revista Outside.

Un artículo de 2012 publicado en el New England Journal of Medicine, describió que el 50% de pacientes con hipotermia que fueron tratados con la técnica de oxigenación extracorpórea de la membrana, se recuperaron, incluso si habían estado con un paro cardíaco durante largos períodos de tiempo. Si esas personas se volvían hipotérmicas antes de que los niveles de oxígeno bajaran demasiado, podían salvarse incluso de la mayoría de los daños que causa la hipotermia.

A pesar de todos estos datos esperanzadores, los expertos advierten que hay muy pocos centros con equipamiento adecuado para llevar adelante esta práctica y ni siquiera todos los médicos conocen la técnica.

Pero la medicina se mueve rápido y ya se está usando este conocimiento aplicado en otras áreas. Si el frío extremo puede mantener vivos a los órganos de una persona, entonces ¿por qué no podría usarse para mantener los órganos dañados en una sala de emergencia?

En el centro médico de la Universidad de Pittsburgh, un grupo de cirujanos está experimentando con solución salina que introducen en las arterias de pacientes en estado crítico, que por ejemplo fueron apuñalados o lesionados con un arma de fuego; el objetivo es bajar la temperatura del cuerpo, según reportó la revista New Scientist en 2014.

"Suspendemos la vida", explicó el cirujano Samuel Tisherman, quien está dirigiendo la prueba clínica "Le llamamos preservación y resucitación de emergencia". Con este procedimiento los médicos tienen más tiempo para tratar las lesiones del paciente. Una vez que logran estabilizarlo vuelven a subir la temperatura del cuerpo transfundiendo sangre "caliente" en sus organismos.

Bebé prematuro

Por el momento la técnica solo se está practicando en humanos y como experimento clínico en la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland. Y no está exenta de controversia

Un procedimiento similar que baja la temperatura del cuerpo en unos 6 grados Celsius ya se usa como práctica estándar en el caso de bebés prematuros y de niños que sufrieron trauma cerebral, según publicó el Wall Street Journal en 2013. Los niños son ubicados en frazadas llenas de un líquido helado hasta que la temperatura de sus organismos baja y el ritmo cardíaco se enlentece; de esta manera los médicos ganan unas 72 horas para tratar una crisis, mientras que protegen el cerebro de cualquier daño.