La historia de un violento duende irlandés

Las sombras de Quirke, de Benjamin Black (seudónimo de John Banville), es una novela negra distinta que sorprende por su fuerza expresiva
A pesar de que se hizo un nombre a base de escribir buenos libros con un estilo delicado que se compara con el de Vladimir Nabokov o Henry James, el destino quiso que John Banville sea hoy el escritor irlandés más conocido en el mundo gracias a la serie de novelas negras que firma bajo el seudónimo Benjamin Black.

Las oscuras y retorcidas aventuras de Quirke, ese médico forense con alma de policía que tiene una lista interminable de problemas personales, atraparon la atención de millones de lectores en todo el mundo y las ventas se dispararon.

Banville dice no estar celoso del éxito de Black y ambos autores conviven en armonía, como las dos caras de una sola moneda. Para este hombre pragmático, poco importa que la gente haya preferido al violento Mr. Hyde por encima del gentil Dr. Jekyll. Se trata de escribir, desde una perspectiva o de otra; da igual.

Las sombras de Quirke, séptimo libro de la serie, vuelve a situarse en Dublín y presenta un caso de asesinato complejo, ya que la víctima es hijo de un político de cierto renombre y las pistas son escasas, además de confusas.

Hay que decir de entrada que la novela no es la mejor opción si no se conoce al personaje, ya que en esta entrega los protagonistas principales son el entorno familiar de Quirke y su tenebroso pasado como hijo adoptivo, alcohólico voraz y padre ausente.

La obra, no obstante, puede ser leída y disfrutada de forma independiente, ya que se sostiene a sí misma y revela suficientes datos como para que el lector logre hacerse una composición del personaje en toda su complejidad.

La novela, ambientada en la Dublín de 1950 o 1960, es un retrato violento y cáustico de la sociedad irlandesa de ese entonces, donde el alcohol es el pan de cada día en todos los hogares, la Iglesia controla al gobierno y se mata al prójimo en nombre de la ideología.

Narrativamente la novela se bambolea como un barco en medio de una tormenta. Tiene pasajes memorables seguidos de otros intrascendentes, cuando no fallidos. Un recurso nefasto que se repite a lo largo de todo el libro es que cada vez que Quirke se encuentra con un nuevo personaje para entrevistarlo, le resume todo el caso y así lo hace con cada uno que aparece, lo que resulta agotador.

En el otro extremo, cuando Banville se despoja de los modismos policiales para hablar de lo que les pasa a los personajes por dentro, resulta sorprendentemente profundo y se muestra como un escritor de fuste.

Hay escenas de una fuerza arrolladora, como cuando le comunican la muerte de su hijo al veterano dirigente comunista, que tiene una suerte de epifanía en forma de recuerdo que se mezcla de forma genial con el presente. En ese pasaje conviven en perfecta armonía la voz rutinaria del policía, la del padre que contesta de forma automática, y el recuerdo fugaz de una mañana en la playa con el hijo aún pequeño, metáfora de gran belleza sobre una pérdida que ya había ocurrido mucho antes del asesinato.

Igual de sorprendente es cuando Quirke se entera de que su medio hermano tiene un incurable cáncer de páncreas. Narrado desde la exacta distancia que separa a los protagonistas, una curiosa mezcla de lazos comunes y frío recelo mutuo, el capítulo tiene como corolario la increíble pregunta del forense, que también lo define: "¿Qué se siente?".

Destacan además las tramas paralelas que se desarrollan durante toda la novela. La lucha brutal de Quirke para lograr tomar solo una copa de brandy al día, el lento proceso de reconciliación con su hija Phoebe a la que abandonó de niña, la venta de bebés concebidos de forma incestuosa de Irlanda a Estados Unidos o la descripción de los bares de Dublín como templos sagrados de la desdicha humana.
Las sombras de Quirke tiene altibajos, pero gana la pelea por puntos de forma holgada.

Las sombras de Quirke

Editorial: Penguin Random House
Páginas: 304
Precio: $ 550

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