La idea de un robo que se convirtió en crimen familiar en Paysandú

El hombre que asesinó a su abuela y a su bisabuela pagó $ 6.000 a un cómplice para que lo ayudara; ambos fueron enviados a prisión

El hombre quería dinero y vio que su abuela y su bisabuela tenían un sobre con varios billetes en su casa, en Paysandú. El plan original era robarle y para llevarlo adelante le pidió ayuda a un amigo. Le mandó un mensaje por Whatsapp y le propuso juntarse en una plaza de la ciudad. Era la hora 14.30 del viernes 5 de mayo cuando se reunieron y le dijo a su amigo que también estaba decidido a matarlas. A cambio de recibir su ayuda, le ofecía entre $ 6.000 y $ 10 mil. El otro hombre aceptó la propuesta.

Fueron hasta la casa, donde ambas mujeres dormían la siesta. La abuela del hombre que ideó el plan se despertó y se asustó. Según confesó el joven de 21 años ante la Policía, su cómplice empezó a agredir a la mujer. Las dos víctimas, una de 71 y la otra de 91 años, fueron asesinadas pero ni la Policía ni la Justicia pudieron determinar quién fue el autor real de los crímenes. Los jóvenes se culparon el uno al otro y el juez penal Fabricio Cidade los procesó con prisión, informó el martes por la noche El Telégrafo de Paysandú.

Los dos fueron procesados en calidad de autores por la "presunta comisión de un delito continuado de homicidio especialmente agravado por premeditación y muy especialmente agravado por haberse cometido para consumar otro delito".

Desde que las dos mujeres fueron asesinadas hasta el procesamiento de ambos, los asesinos visitaron a amigas, salieron de noche y también realizaron un viaje a Montevideo. Además un negociador del Ministerio del Interior intervino y logró que el joven ideólogo se entregara.

A las pocas horas de haber matado a las mujeres, el joven que recibió los $ 6.000 por haber participado le dio una parte del dinero a su novia. La joven declaró que con esa plata "pagó el cable y compró comida para ella y su hija", según informaron a El Observador fuentes del caso. Su novio le dijo que esa plata la había recibido porque había ayudado a un amigo "a cometer un delito".

Mientras tanto, el nieto de las mujeres paseaba en el auto de su abuela con una amiga, con quien fueron a una plaza a tomar cerveza y fumar marihuana. Al tiempo, le escribió a una adolescente con la que salía desde hacía dos semanas y le dijo que quería verla para despedirse, porque se iba a Montevideo. Le explicó que tenía pasaje para la hora 21, pero que había decidido cambiarlo para las 2 de la madrugada. Fuentes vinculadas con el caso indicaron a El Observador que el hombre volvió a la casa de abuela, donde estaban los dos cuerpos, al menos tres veces con su amiga y novia, pero las hizo entrar por el fondo para que no vieran a las mujeres.

Su novia declaró ante la Policía que lo notaba "raro" porque le había dicho "que era una mala persona" y que "no se encariñara con él".

La adolescente le insistió para que le dijera qué le pasaba y, ante la insistencia, le confesó el crimen. Una vez que le contó lo sucedido, fueron a la terminal de ómnibus y el joven le dio una bolsa con la llave de la casa, del auto y algunas prendas de mujer.

Negociación

El sábado, una vez en Montevideo, se quedó en una pensión por Tres Cruces y por la noche fue a bailar a un boliche céntrico con un amigo, al que le pidió que lo acompañara a hacer un mandado. Ese mandado era comprar un revólver, con el que quería suicidarse. Así se lo había transmitido a su novia en Paysandú antes de irse.

En medio de sus idas y vueltas luego de haber cometido los crímenes, el Ministerio del Interior puso a disposición, a pedido del juez Cidade, a un funcionario de la Unidad Táctica Negociadora de la Guardia Republicana. El magistrado también autorizó a que se difundieran imágenes del joven para que la población colaborara con su localización. El objetivo de las autoridades era que se entregara.

El negociador dijo al ser entrevistado el martes en el programa Todo Pasa de Océano FM que "la idea era hacerle llegar por varios medios que existía la figura de un negociador policial y que podía confiar en él para encontrar juntos una solución". "Las charlas las inició él por Whatsapp, que es lo atípico de este caso. Fueron por mensaje de texto y audio", afirmó. El negociador –cuyo nombre se mantiene en reserva- explicó que no se trata de " persuadir" sino "de hacerle ver a la persona que la solución radica en la entrega".

Como el joven se negaba a entregarse en una seccional, pactaron que la entrega fuera en la puerta de la sede del Ministerio del Interior. Y así sucedió el lunes 8 al mediodía.

El juez de la causa no pudo determinar si el dinero que le entregó a su cómplice fue "un pago o un reparto", informó Subrayado. Además de procesarlos a ambos, también procesó con arresto domiciliario por 120 días a la novia del cómplice, por haber aceptado el dinero que le dio.


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