La inestabilidad política sacude a países de la región

Algunas naciones de América del Sur viven una inestabilidad institucional; a la situación de Venezuela y Brasil, se sumó Paraguay
Las estirpes condenadas a cien años de soledad siguen sin tener una segunda oportunidad sobre la faz de la tierra, a juzgar por la reiteración con la que América Latina tropieza con la misma cordillera.

Desde las guerras de independencia que estas tierras se forjaron como un lugar de coexistencia pacífica entre estados. Si hay algo que diferencia al continente del resto del planeta es la relativa paz que ha prevalecido en la hermandad latinoamericana en materia de relacionamiento externo. Sin embargo, esa imagen no se repite en la interna de varios países que corren de golpe en golpe.

Una foto actual de América del Sur arroja otra vez una situación preocupante para un continente cuya integración exitosa es una aspiración de siempre y su apertura al mundo un esfuerzo individual y poco cooperativo.

La nota de la semana pasada la volvió a dar Venezuela. El gobierno de Nicolás Maduro intervino la Asamblea Nacional y le quitó la inmunidad a los parlamentarios a través de una maniobra ejecutada a través del Poder Judicial. La reacción regional fue automática y obligó a Caracas a retroceder un casillero.

Seis países que conforman la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y los socios fundadores del Mercosur señalaron que en Venezuela hay una "ruptura del orden democrático" y, a pesar de que no hablaron de golpe de estado, marcaron los problemas de "funcionamiento" que hay en el país caribeño en materia de separación de poderes.

Nadie en el continente –excepto Bolivia y Ecuador– entiende que en Venezuela haya algo que se parezca a una democracia. Sin embargo, la aplicación de las cláusulas democráticas previstas en los diferentes organismos regionales no parecería ser una posibilidad que fuera a concretarse. Quienes procuran que el camino del diálogo y la paz negociada triunfe en ese país argumentan que expulsar al gobierno de Maduro de los organismos regionales no ayuda en nada.

A pedido de 20 países, entre los que se encuentra Uruguay, el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) se reunirá hoy de manera extraordinaria en Washington para considerar los eventos en Venezuela. No está previsto que de esa reunión salga algo más que una declaración.

Pero la situación del país caribeño no es una isla en la región. Paraguay vive un nuevo cimbronazo institucional a raíz de las pretensiones de reelección del presidente Horacio Cartes, un escenario que en Paraguay no está permitido desde 1992.

Una operativa irregular de parlamentarios del Partido Colorado paraguayo para habilitar esa posibilidad –que aún debe ser aprobada en Diputados de mayoría oficialista y refrendada por el pueblo– terminó con la Asamblea ardiendo el viernes 31 y con choques violentos entre manifestantes y la policía que siguieron durante el sábado.

En los enfrentamientos murió de un balazo el presidente de la juventud Liberal, Rodrigo Quintana, de 25 años, luego de que la policía irrumpiera en la sede partidaria.

La institucionalidad de Brasil también está en el ojo de la tormenta desde que la expresidenta, Dilma Rousseff -contaminada por una corrupción sistémica- fuera obligada a abandonar la presidencia a través de un impeachment, mecanismo previsto en la constitución de ese país.

Pero la crisis política brasileña va mucho más allá de Rousseff y el juicio al que hoy se enfrenta el presidente Michel Temer es prueba irrefutable de ello.

Violencia política en Paraguay

Una mayoría de 25 senadores, de un total de 45, aprobó el viernes un proyecto de enmienda constitucional en Paraguay para habilitar la reelección en ese país.

La votación de los senadores del Partido Colorado se llevó a cabo en una oficina privada del Senado porque el plenario estaba ocupado por opositores.

La votación generó el enojo popular que se expresó con protestas violentas en las calles. Hubo un muerto, 30 heridos y 200 detenidos.


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