La inseguridad en un cuarto de siglo

Ocho ministros vencidos por las rapiñas y un pasado no valorado

En 1991, el año en que El Observador comenzó a circular, los medios publicaban información sobre la preocupación ciudadana por los niveles de inseguridad. Hoy hay unas 20 mil rapiñas por año. Por aquel entonces se registraban unos 2.500 asaltos por año. Y los uruguayos estaban preocupados por la inseguridad. ¿Somos más temerosos? ¿Nos tendremos que dar cuenta de lo ingratos que fuimos con nosotros mismos? ¿O no hay cifra de delitos que nos termine de convencer?

A poco más de un lustro de recuperada la democracia, la se-guridad pública era una de tres grandes áreas que debía aten-der el Ministerio del Interior; las otras dos eran el orden público (alterado por actos y manifestaciones no siempre pacíficas) y la violencia política a través de atentados con bombas y tiros.

Uno de los mayores eventos que debió enfrentar el gobierno blanco en el terreno del orden público fue la marcha del Filtro. Un muerto, cientos de heridos y –posteriormente– tres policías procesados por graves delitos fueron un golpe para la gestión del ministro Ángel Gianola.

En los siguientes dos años se registraron una serie de atentados cuyas pistas, según se publicó en su momento, llevaban a la Policía hacia reparticiones de las Fuerzas Armadas, pero no existía voluntad política para avanzar más allá y esos actos –algunos de los cuales fueron reivindicados por la Guardia de Artigas– quedaron impunes. Estos son algunos lugares donde se colocaron bombas de distinto poder: en el auto del diputado frenteamplista Hugo Cores; en el estudio jurídico del expresidente Julio María Sanguinetti; en un puente ferroviario de Minas; en la casa del almirante James Coates; en una repartición donde habían estado reunidos generales del Ejército; cerca de la embajada de Estados Unidos; en las inmediaciones de la casa presidencial del Prado; en el monumento de la Armada en Punta Gorda; cerca del Palacio Legislativo; en el domicilio del fiscal penal José Luis Barbagelata. Además, hubo disparos contra el despacho del juez Rolando Vomero, la casa de Cores y el hogar de un capitán del Ejército en el Prado.

Para completar el panorama durante su gestión Juan Andrés Ramírez debió enfrentar dos huelgas policiales y el escándalo del secuestro del científico chileno Eugenio Berríos (luego asesinado), con la participación por inacción del jefe de Policía de Canelones.

Con todo este panorama, aun así había tiempo para que la ciudadanía expresara su inquietud por la seguridad vinculada a los delitos comunes. El presidente Luis Alberto Lacalle recibió el gobierno en 1990 con 2.560 rapiñas y lo entregó a Sanguinetti con 4.524 asaltos.

Rapiñas vencen a colorados

Con el inicio del segundo mandato de Sanguinetti las cues-tiones vinculadas a la violencia política prácticamente desaparecieron y el Ministerio del Interior se dedicó al delito común. Uno de los ministros que actuó durante ese período, Didier Opertti, declaró en su momento que él no era "el primer policía", sino que ejercía una conducción política y que lo policial lo cumplían los oficiales. No obstante, la oficialidad se quejaba entonces de que la política sometía a la fuerza a una serie de vaivenes en su estrategia y organización. Tras un breve período de gestión de Luis Hierro, que sustituyó a Opertti, en 1998 asumió como ministro del Interior Guillermo Stirling, y se mantendría en el cargo incluso hasta el final del siguiente gobierno de Jorge Batlle, en 2004.

Stirling fue cuestionado por casos de "gatillo fácil" en la Po-licía, por carencias en la organización ("tenemos mal puestos los efectivos en el terreno, están mal distribuidos", llegó a decir en un seminario el entonces director de la Escuela Nacional de Policía, Celso Rodríguez) y por la construcción de "las latas" del Penal de Libertad, unas celdas que merecieron serias críticas de organizaciones de derechos humanos. "Las latas", que costaron casi US$ 3 millones, se concedieron sin licitación, y lo que parecía ser acero terminó siendo un material que los presos rompían con facilidad.

El director de Cárceles de entonces era Carlos De Ávila, que luego fue procesado con prisión por abuso de funciones por irregularidades en el desempeño de ese cargo.

Stirling argumentaba la celeridad en la construcción porque dos motines habían destruido el Penal de Libertad. En su transcurso hubo varios homicidios que algunos reclusos denuncian que fueron alentados por la Policía.

En el haber de Stirling, entre otras cosas, se cuenta el apoyo que dio a la Brigada Nacional Antidrogas –que terminaría siendo central en la seguridad pública– y el destinar los servicios de Inteligencia, hasta entonces involucrados en temas políticos, a la persecución del crimen organizado.

No obstante, Opertti, Hierro y Stirling no pudieron con el de-lito común. Sanguinetti recibió el gobierno con 4.542 rapiñas y se lo entregó a Batlle con 6.751. Tampoco pudo luego Stirling cuando gestionó la seguridad en la administración Batlle, que había recibido el gobierno con 6.751 rapiñas y se lo entregó a Tabaré Vázquez con 8.352 asaltos.

Pero la forma de gestión y actuación pública que tuvo Stirling le granjearon un generalizado consenso de aprobación incluso entre la oposición, que, a pesar del "gatillo fácil", los motines, "las latas" y las crecientes rapiñas, nunca pidió su renuncia. Cuando se le señalaba lo mal que estaba la seguridad, en vez de justificarse, Stirling decía que era más grave de lo que parecía y acuñó una frase que debería ser el santo y seña a la hora de considerar los resultados en el área de la seguridad pública: "Lo que se evita no se puede medir".

Con todos los aspectos negativos que debieron enfrentar con desigual suerte hombres que pasaron por Interior, como Ramírez, Opertti, Hierro y el propio Stirling, pudieron ser candidatos y precandidatos presidenciales por sus partidos.

La izquierda y Bonomi

Los dos primeros ministros del Interior del gobierno de Vázquez, José Díaz y Daisy Tourné, cometieron errores de manejo de la opinión pública, como insistir con que la inseguridad era una "sensación térmica" en momentos en que la población pedía resultados, o impulsar un proyecto de descompresión del sistema carcelario que, aunque bien intencionado, fue como sacar agua de una bañera con un dedal. Vázquez recibió el gobierno con 8.352 rapiñas y se lo entregó a José Mujica con 13.829.

Con Mujica asumió en Interior Eduardo Bonomi, quien se mantuvo en el cargo hasta hoy. Una parte de la oficialidad elogia los conocimientos en seguridad que –incluso con el aporte de asesores internacionales– le imprimió Bonomi a su gestión, durante la cual, gracias a los buenos tiempos económicos, se incorporó tecnología como nunca antes, desde helicópteros y cámaras de vigilancia hasta software que permite predecir el comportamiento del delito. Sin embargo, el gobierno de Mujica tampoco pudo con el ilícito: había recibido el ministerio con 13.829 rapiñas y cuando Vázquez volvió a asumir en su segundo mandato los asaltos eran 20 mil.

La oposición no ha dado tregua a Bonomi, pidiendo insistentemente su renuncia. Posiblemente el único reconocimiento, avalado también por expertos independientes, es el de la política carcelaria llevada adelante por Bonomi con la construcción de nuevas plazas y una cárcel en proceso de licitación.

En abril Bonomi dijo que la aplicación del llamado Progra-ma de Alta Dedicación Operativa –grupos de policías patru-llando en zonas complicadas de la ciudad– redujo por primera vez en décadas las rapiñas en la capital. Este gobierno se comprometió a bajar las rapiñas en un 30%. Si lo logra, cerraría el año con 14 mil rapiñas, 11 mil más que en aquella década de 1990, cuando con 2.500 asaltos anuales sentíamos que la delincuencia ganaba la batalla.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


Aclaración: esta nota fue corregida en un error cronológico entre las gestiones de Juan Andrés Rampirez y Ángel Gianola.

En la nota original aparecen referencias a aumentos de rapiñas que son erróneos por una falla metodológica en su valoración.


Populares de la sección

Acerca del autor