"La invasión tecnológica es evidente"

El director de la única fábrica de juguetes de plástico en Uruguay habló del negocio y de los cambios en los hábitos de los consumidores
Por Aníbal Falco

Corría el año 1959 cuando dos amigos vinculados a la venta de utensilios de plástico decidieron fundar su propia empresa. Enrique Okret y Enrique Fassbender iniciaron Plastolit, que es hoy la única fábrica de juguetes de plástico en Uruguay. En 1985 ingresa a la compañía Gabriel Kaniewicz, yerno de Okret. De profesión arquitecto, Kaniewicz se desempeñaba en esa época como carpintero pero luego de que se retiraran los dos socios fundadores de la empresa, Okret y Fassbender(en 1993), tomó las riendas absolutas de la organización. En el presente Plastolit cuenta con una plantilla de 18 empleados y llega con sus productos a todo el país. Está dirigida por Gabriel Kaniewicz y su hijo Sebastián, circunstancia que padre e hijo destacan con orgullo por ser la tercera generación.

¿Cómo es que la empresa se consolida como una fábrica de juguetes de plástico?
En los años 50 había comenzado el furor en la industria del plástico. En sus comienzos se mandaban a hacer artículos de plástico de uso doméstico: posamates, jaboneras, tarros, etc. Al año se trajeron las máquinas y se comenzó con la fabricación propia. De a poco se empezó a incorporar la parte de juguetería que se fue desarrollando con los años. Si bien no es lo único que hacemos, es la parte central de la empresa.

¿Cómo se ha desarrollado la industria en los últimos años?
Hace 30 años traer algún producto de Argentina o Brasil era toda una novedad. A partir de la apertura que se dio en los 90, eso ha cambiado.

¿Eso generó un desafío para la empresa?
En 2005 comenzamos a importar. Hoy tenemos aproximadamente 1.000 variedades de productos importados y 400 de fabricación propia. Aunque en ventas el 65% corresponde a lo nacional y el resto a lo que viene del exterior.
Hoy en día hay productos terminados de China que salen lo m ismo que comprar solo la materia prima para producirlo. Nuestro desafío, como industria, es analizar los costos de lo que te conviene traer y lo que no.
Lo mínimo es recuperar el costo del molde. En teoría es eso; después puede ser un fracaso total. Son los riesgos de la inversión.

Después de 59 años en el mercado uruguayo han pasado varias crisis económicas, situaciones que implican complicaciones para la industria nacional.
Yo puedo hablar de la de 2002. Nuestra estrategia y sobrevivencia se dio sobre todo porque antes de la crisis empezamos a perfilarnos de otra forma. Nos enfocamos en producir artículos grandes ( como buggies, carretillas, estaciones de servicio) dejando de lado los chicos, porque se hace difícil competir con los productos chinos en ese rubro. Entonces cuando llegó la crisis y el dólar se disparó, los artículos grandes que incluían costos de fletes más importantes dejaron de venir. Es cierto que muchas empresas endeudadas en dólares quebraron, pero aquellas que estaban en una situación más o menos prolija perdieron competencia de afuera. En nuestro caso empezamos a entrar a más cadenas de supermercados e incluso a trabajar con empresas importadoras que dejaron de traer tantos productos. Lo que fue una crisis para los importadores, para nuestra industria fue una expansión.

¿Es complicado este 2016?

Creo que lo está siendo para todos. Pero, a pesar de eso, nuestra idea es seguir creciendo. Estamos ampliando oficinas para mejorar nuestro showroom y, ante la nueva coyuntura argentina, apostamos a volver a entrar a ese mercado.

¿Existe zafra en el negocio de los juguetes de plástico?
Sí, claro. Aunque ha cambiado la relación. Antes Reyes implicaba dos tercios de las ventas en ese período, mientras que Navidad se llevaba el otro tercio. Capaz pueda ser por un tema publicitario, o de globalización, ya que Navidad tiene mucho más dimensión internacional que Reyes, pero la relación se ha invertido gradualmente.

¿Las nuevas tecnologías han cambiado el hábito de consumo de los juguetes de plástico?
La invasión tecnológica es evidente. Lo que ha ocurrido es que de pronto hace 30 años una niña jugaba con el jueguito de té hasta los 10 años; hoy lo hace hasta los 5. En el caso del niño mantiene la pelota y el camión hasta los 6 o 7. Si bien el producto es el mismo, el período de uso se ha reducido. A partir de los 7 años nuestros consumidores empiezan a optar por otros entretenimientos. l

Populares de la sección