La inversión internacional

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

Hasta la izquierda más recalcitrante está a favor de recibir inversiones extranjeras; el propio Frente Amplio puso la alfombra roja a la compra de campos, frigoríficos, plantas lácteas, y una larga serie de otros negocios por parte de capitales del exterior.

El caso de la tercera planta pulpera es en sí mismo muy representativo; a mí me da un poco de vergüenza que nuestro gobierno se tenga que plegar a pedidos (¿exigencias?) de los inversores del tipo: hagan un ferrocarril, arreglen un puerto, etcétera.

A todo eso se requiere agregar una zona franca para siempre alrededor de la planta para que pueda trabajar a costos internacionales y de paso libre de impuestos. Que levanten la mano los empresarios uruguayos que quisieran idéntico tratamiento.

O sea que al discriminar a favor de la inversión extranjera estamos discriminando en contra de las pequeñas y medianas empresas uruguayas que sin duda son las que generan un porcentaje muy mayoritario del empleo nacional. Algo no está bien.

Dirán las autoridades que estos privilegios son solo para quienes invierten más de tanto. Bueno, ¿cuánto? ¿Y quién lo dice? ¿Qué ley establece que se podrá operar para siempre sin impuestos si se invierte más de cuánto? La discrecionalidad total para el Poder Ejecutivo no es buena para nadie, ni siquiera para el Poder Ejecutivo en cuanto uno levanta la mira.

Hay muchas, muchísimas inversiones que sumadas generan más exportaciones, más empleo y aportan más impuestos a la sociedad, y que en vez de ser premiadas generosamente son castigadas con pesados trámites, impuestos y contribuciones de todo tipo, tarifas y precios estatales que son impuestos encubiertos y, para colmo de males, agresividad sindical amadrinada en vez de controlada por el gobierno.

¿Tiene sentido funcionar así? ¿Es justo? A mí me parece que no, algo está mal pensado. Yo tuve oportunidad de estudiar los sistemas de promoción de inversiones de Uruguay, Argentina, Brasil, Paraguay y Chile. Todos dan beneficios a los inversores y dar incentivos es obligatorio por dos razones: primero porque los demás dan y competimos por las inversiones con la desventaja del mercado chico; segundo porque el propio gobierno compite por los capitales. Si tengo 10 millones de dólares y compro bonos, no pago renta, ni patrimonio, ni IVA, ni Imesi, ni Contribución. Nada. Y no me presiona ningún sindicalista fuera de tono mientras gano tranquilo un 5%.

Por eso, para al menos ayudar al corajudo a tirarse a la piscina de invertir en Uruguay hay que dar fuertes incentivos. Por eso, para al menos ayudar al corajudo a tirarse a la piscina de invertir en Uruguay hay que dar fuertes incentivos.

Ahora si decido invertir esos 10 millones en una industria en Uruguay y generar 500 puestos de trabajo... bueno, pobre gil. Una vez invertidos no parará la DGI de reclamar, los sindicatos de presionar y el gobierno de mirar para otro lado, todos serán problemas míos. Por eso, para al menos ayudar al corajudo a tirarse a la piscina de invertir en Uruguay hay que dar fuertes incentivos. Pero no de cualquier manera y no discriminando a favor de los grandes contra los chicos, como está haciendo el gobierno de izquierda que tenemos.

Bienvenidas las inversiones extranjeras que no serán tratadas peor en ningún aspecto que las inversiones locales (y eso es lo que los extranjeros piden en todos los países), pero tampoco serán beneficiadas mientras que nuestros empresarios son castigados. Así debería ser y podría perfectamente ser si nuestro gobierno durante una larga década no hubiese despilfarrado tanto dinero. Ahora no tiene más remedio que apretar a los empresarios locales y mendigar a los extranjeros ofreciendo lo que sea para que vengan.