La lechería en una encrucijada

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
No hay nada que reprocharle a la lechería uruguaya. Al contrario, debería recibir elogios si nos atenemos a las estadísticas. Sin embargo, es uno de los sectores productivos del agro que está más comprometido por la adversidad que enfrenta.

Una serie estadística de ochos años –hasta el año agrícola 2013/14– de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA) muestra un crecimiento de la producción de leche comercial.

Al cierre de 2015, si bien el Instituto Nacional de la Leche (Inale) no publicó las remisiones de leche a plantas industriales de diciembre, el crecimiento de la producción fue de 2,1% respecto a 2014. Con dos años anteriores que establecieron récords, al superar los 2.000 millones de litros cada uno.

Todo ello se ha dado en una superficie que no ha crecido –casi 800 mil hectáreas están dedicadas a la lechería en el país, la mitad de ellas bajo arriendo– y un número similar de vacas en ordeñe.

Lo que aumentó fue la productividad por hectárea, con el respaldo de una inversión importante en pasturas y otros alimentos, lo que también ha permitido mantener y mejorar la calidad de la leche que, como se sabe, depende también de la calidad de la comida.

Según DIEA, la superficie de praderas nuevas alcanzó a 86 mil hectáreas y las pasturas mejoradas fueron 58% del total del área lechera

Por otra parte, la lechería se ubicó como el cuarto mejor rubro de exportación en 2014, cuando aportó divisas por alrededor de US$ 810 millones, siendo la leche en polvo entera el principal producto.

A comienzos de 2015 los vientos comenzaron a soplar de frente. Una superproducción de leche fue bajando el precio internacional de los productos lácteos. Fue tal la abundancia que China pudo acumular un buen stock y casi se retiró de los mercados.

Por si eso fuera poco, los dos principales destinos de los lácteos uruguayos entraron en problemas: Venezuela, por el derrumbe del precio del petróleo, y Brasil, que entró en recesión.

Además de la caída de precios y las dificultades para colocar los productos, la adversidad climática se ensañó con la lechería. La sequía que obligó a declarar la emergencia agropecuaria en el primer semestre de 2015 abarcó buena parte de la cuenca lechera.

Fue la frutilla en la torta, pues obligó a comerse primero las reservas de forrajes y luego a comprar más para poder pasar el invierno, ya que la leche que saca el tambero es la comida que ingiere la vaca. Para hacer frente al imprevisto, el tambero tuvo que endeudarse.

Precio en caída, mercados en dificultades, sequía y endeudamiento ponen al sector lechero en una encrucijada.

Las gremiales lecheras plantearon al ministro de Ganadería, Tabaré Aguerre, en una reunión el martes en el Inale, algunas medidas para mitigar la situación mientras se atraviesa la tormenta: la creación de un fondo con devolución de impuestos a las exportaciones para los productores; rebajar y hasta exonerar el IRPF a los propietarios de tierra que arrienden a los tamberos.

Además, exonerar el pago de UTE por los primeros 500 KW en los tambos; aumentar de 1,1% a 2% la rebaja del IVA al gasoil; bajar el Imeba que se paga por las ventas.

Y también que el gobierno adelante el pago de la deuda de Venezuela por la venta de quesos y leche en polvo, que ronda los US$ 100 millones. En paralelo, se alertó que los tamberos perderán US$ 80 millones en los próximos seis meses –con un dólar a $ 33– si la industria baja a $ 6 –hoy está a $ 7,80– el precio del litro de leche al productor.

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