La magia de Vázquez, los conejos de Mujica

El presidente está en una encrucijada y en la oposición se percibe euforia ante la ausencia de resultados del gobierno
El ex presidente José Mujica le gana al actual mandatario, Tabaré Vázquez, en un aspecto que hoy se revela crucial. Se trata del aspecto mediático, la capacidad de comunicar y seducir a propios y ajenos, sobre todo cuando las cosas no salen como deberían. Esa cualidad, unida a una destreza superior en el plano de la táctica política le permitió transitar cómodo los cinco años en que estuvo al frente del gobierno sin logros de mayor porte.

No se trata de despreciar la agenda de derechos ciudadanos, muy importante en su contenido, sino de señalar que era fácil. Mano de yeso en el Parlamento y chau, algo que ahora Vázquez ha perdido. La educación fue en bajada, la regasificadora se trancó, igual que el puerto de aguas profundas diseñado en la primera presidencia del actual mandatario, Pluna explotó, el programa del Fondes a la postre también reventó, las carreteras se deterioraron y el gasto se disparó.

Mientras tanto, todas las semanas Mujica sacaba un conejo de la galera y se superaba a sí mismo como maestro de la ilusión. Así aparecieron los refugiados de Guantánamo, los inmigrantes sirios y la marihuana estatal todavía en veremos. Y lo más importante es que pudo vivir la fiesta de la economía rampante hasta el final de su mandato.

El asunto era que la gestión de Mujica nunca fue un determinante para la suerte política del Frente Amplio porque su personalidad y liderazgo la superó y la desplazó a un segundo plano. Y esa es una virtud política que sus adversarios deberían tomar en cuenta ahora y en los tiempos por venir, antes de la creencia fácil de que "ahora la gente se está dando cuenta de lo que fue el gobierno de Mujica".

Ojo. Vázquez entró al segundo gobierno sin aquellas condiciones externas favorables y sin una agenda política seductora. Tampoco tiene la chance de apelar a la herencia anterior porque eso está fuera de códigos entre compañeros de partido, aunque hoy entre ambos hay silencio. Lo mismo le pasa al intendente Daniel Martínez, que recibió un agujero en el gobierno de Montevideo y tampoco lo puede invocar.

Las restricciones fiscales y económicas lo complican mucho a Vázquez. El sector privado no ve muy clara la asociación para las imprescindibles obras de infraestructura, y todo apunta a que la empresa UPM deberá hacerse cargo de las obras para la instalación de su segunda planta. Con la educación en manos de la corporación no hay mucha esperanza de cambio y los avances en seguridad están contaminados por la figura de un ministro cuya imagen pública ha sido minada con éxito por la oposición.

En el tercer año, la galera está vacía de conejos.
Para peor, las cacerolas que sonaron durante la cadena presidencial del 1° de marzo muestran que hay personas con enojo activo, aunque no fue nada feliz la imitación de un tipo de manifestación característica de la resistencia a la dictadura militar. Este sentimiento en las golpeadas capas medias tiene poderosa velocidad de expansión y con facilidad se transmite a otras capas de la sociedad. Ojo acá, también.

Y mientras Edgardo Novick patinaba y Pedro Bordaberry se veía obligado a exigir mano dura partidaria ante el affaire Sanabria, el blanco Luis Lacalle Pou empezó a cosechar su rivalidad con Vázquez. El 2 de marzo, en un discurso preparado para contrastar otra vez con el presidente, el líder de Todos apuntó a la gestión, una vara de medida de lo que no puede escapar.

Hasta ahora el presidente no ha generado sorpresas y en sus adversarios hay cierta euforia. Creen que a Vázquez se le terminó la magia del primer gobierno. No llegó a la mitad y el segundo tiempo es largo.

Y ya que los magos fueron invocados recordemos que Panoramix, el druida de Asterix, siempre guardaba una bota de poción milagrosa para casos de emergencia.

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