La mano de Dios

Una cosa es la investigación periodística del Boston Globe que resultó en curas encarcelados por abuso de menores, y otra es Spotlight, la película que retrata lo que sucede en dicha investigación
Como periodista es difícil argumentar en contra de una película que resalta las virtudes ontológicas de la prensa, los gajes más clásicos de la profesión, el sentir romántico de trabajar en un diario e incidir en la realidad con la información dada. Y más aún, con esa información proviene de los resortes más sensibles y por eso más poderosos de determinada comunidad.

Spotlight, titulada en español como En primera plana, candidata al Óscar a Mejor Película (entre otras cinco nominaciones), presente en estas semanas en carteleras uruguayas y también en páginas web, narra la historia de un equipo de periodistas del diario Boston Globe, que entre los años 2001 y 2002 investigaron varios casos de abuso de menores por parte de curas católicos en la ciudad de Boston. En 2003, cuatro periodistas de ese diario vinculados a la investigación ganaron el prestigioso premio Pulitzer de su país a la investigación periodística.

La película, dirigida por Tom McCarthy, posee detalles reconocibles por cualquier persona que haya pasado, por lo menos, más de un mes dentro de una redacción: reuniones, discusiones, testimonios, situaciones, entrevistas, trato con fuentes, complicidades y errores, insistencias y formas de convencer, llamadas de teléfono interminables y peleas entre cronistas y editores.

Además, la historia de los periodistas del Boston Globe se inserta como marco en el de tantos diarios alrededor del mundo, con el trasfondo de la prensa en crisis, los problemas de la independencia del periodismo y por ende, de la calidad de la democracia, los desafíos de hacer periodismo de investigación y a quiénes eventualmente puede afectar. Todos estos elementos, tomados de la realidad, confluirían para que la película ganara en realismo y en crudeza y describiera la complejidad de una situación límite.

Pero en vez de eso, Spotlight es un film plano, bastante soso. Las fórmulas tienden a repetirse. La realidad se pinta en blanco o en negro, con pocos matices. Los periodistas del equipo de investigación son los buenos, los curas son el bando malo. Hay una fuente que al principio se niega a hablar y luego suelta todo.

La película se concentra en la investigación pero es "poco periodística" al momento de mostrar todas las voces del escándalo. Un sociólogo deduce en una investigación que cita uno de los periodistas que aproximadamente el 6% de los curas han abusado de menores. Casi no aparecen esos curas en el filme. Tampoco hay ni una palabra sobre el 94% restante, no abusador, que queda bajo un manto de silencio cómplice, no sabemos si real o ficticio. En todo caso esto fue decisión del director, que también es uno de los guionistas.

Mark Ruffalo hace una actuación exagerada y molesta. Es como un muchachito pero más viejo que corre y corre y corre tras un dato. Luego aparece un Michael Keaton sin alas ni capa, ya fuera de Batman o de Birdman, quien se desempeña como editor del suplemento pero no rinde como en su anterior aparición en el mundo de la prensa (en la pesadillesca El diario, de 1994 dirigida por Ron Howard). Y como en mucha película yanqui aparece la culpa como elemento de redención.

Es una lástima que una película con un tema tan cercano para nosotros y basada en una investigación de agallas y contundencia que provocó incuso la remoción del arzobispo de Boston, quede en su versión fílmica como una historia unidimensional, casi ignorando el elemento religioso.

En manos de un cineasta con visión católica (se me ocurren Abel Ferrara, Martin Scorsese, Francis F. Coppola, o incluso el William Friedkin de El exorcista), quizás la historia hubiera tenido una profundidad y una carga emocional y trágica en los personajes que la esterilidad protestante de Spotlight decidió omitir.


Populares de la sección

Acerca del autor