La más grande historia jamás contada

La vida de Jesús representa, además de todo, un relato que ni el más inspirado de los escritores de ficción pudo haber imaginado.

La historia de Jesús, de la circunstancia y de los personajes que lo rodearon, tal vez sea la historia más fabulosa que hayan podido vivir, recordar e interpretar los hombres. Para saberlo no es necesario creer en ningún dios y ni siquiera es preciso darle crédito de verdad revelada a lo que está escrito en el Nuevo Testamento. Para disfrutar la narración alcanza con un poco de gusto por todo aquello que, ya sea real o imaginario, tiene el sabor de las mejores ficciones.

En el pesebre que muchos remedan en estos días, no solo nació el niño que sentó las bases de una nueva religión, también se cocinó una joya literaria que no solo parece destinada a los libros de historia sino también a la biblioteca de la mejor literatura.

Los panes y los peces multiplicados en un pase mágico, milagroso o imaginado, las treinta monedas con las que compraron a Judas, la duda insalvable de Pilatos que lo llevó a lavarse las manos, Pedro negando tres veces antes de que cante el gallo, el misterio de la madre María o los pecados santos de la Magdalena parecen interpretaciones dedicadas a ser valoradas por su genialidad más que por su moral ajuste de cuentas.

No por nada el periplo cristiano ha dado paso a múltiples sagas en el mundo de los libros y de las películas en donde se ha ensayado, con mayor, y con mucha menor suerte, remedar la fascinación de aquellas andanzas que nos legaron parábolas perfectas y palabras de sonido precioso, lejano y a la vez cotidiano como Nochebuena, Belén, Galilea y Nazaret.

Metidos a contar la historia del hijo de María y de José, a los que escribieron los evangelios ni siquiera les tembló la mano para meter al principal personaje en situaciones tal vez incómodas para su prédica pero fundamentales para la belleza dramática del relato. Sin aquel memorable y agónico “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” o sin el silencio repentino ante la pregunta “¿qué es la verdad?” que le enrostró Pilatos, el drama cristiano hubiera perdido dos de sus mejores escenas.

Incluso las versiones apócrifas de la historia son fascinantes. Como la que sostiene que Judas no fue un traidor cualquiera sino que, a sabiendas, cumplió el rol fundamental para que Jesús fuera crucificado y pudiera resucitar para cumplir lo profetizado. Uno de los refutadores de la historia oficial dice: "Dios se hizo hombre pero hombre hasta la infamia, hombre hasta reprobación y el abismo. Para salvarnos pudo elegir cualquiera de los destinos que traman la perpleja red de la historia; pudo ser Alejandro o Pitágoras o Jesús; eligió un ínfimo destino: fue Judas.

Las versiones alternativas también postulan que Barrabás nunca existió, que frente a Pilatos el pueblo de Israel en realidad gritó “Bar Abba” - en arameo "hijo del padre"-  y que el gobernador romano no les hizo caso. ¿Qué sentido tiene que las multitudes que horas antes lo veneraban luego mudaran a la reprobación?

Como sea, la lectura de la vida de Jesús nos depara, sin necesidad de rezar ningún Padre Nuestro, esa felicidad con que son bendecidos los mejores libros.
Y, en una de esas, a lo mejor uno sale de esas páginas un poco más bueno. Propiedad milagrosa que solo le es dada a las personas más santas y a la más alta literatura.


Comentarios

Acerca del autor