La mujer que no usa champú, el hombre sin pene y el oso amoroso

La búsqueda de lectores está transformando al periodismo en una feria de freaks: pasen y vean

 Uno de los grandes desafíos del periodismo moderno consiste en lograr que la gente siga leyendo en un mundo donde la lectura es, cada vez más, una práctica de minorías. Para alcanzar esa hazaña no basta con escribir crónicas contundentes e informativas, ingeniosas o formativas. Hay que lograr que el potencial lector entre a la nota empujado a como dé lugar. Y, en estos casos, el fin puede justificar los medios.

Es decir, si usted titula una crónica con el llamativo nombre de “la cabra de dos cabezas y el enano rojo” y luego le ofrece al desprevenido lector un sustancioso y entretenido análisis sobre las dualidades humanas, el engaño habrá valido la pena.

Pero si usted titula una nota con el llamativo nombre de “la cabra de dos cabezas y el enano rojo” y luego escribe sobre una cabra de dos cabezas y un enano que se pinta de rojo y que es éxito en Youtube, usted habrá dicho la verdad pero será una verdad de porquería.

Lo mismo ocurre con cualquier otro acto de seducción. Conviene mostrar algo menos atractivo de lo que se tiene para que, una vez develada la verdad, sea mejor que lo sugerido. Si esto no es posible, hay que mostrar todo lo que se tiene de una vez. Y, la tercera opción, la peor y la más transitada, consiste en mostrarse mejor de lo que uno es para que el encanto sea inmediato y el desencanto llegue más temprano que tarde.

Lo mismo ocurre en el periodismo. En varios sitios de noticias de Uruguay y del mundo, es común encontrarse todos los días con verdades de porquería que solo buscan generar tráfico de lectores y que, se sospecha, tal vez logren su cometido.

Es así que por estas horas algunos titulares han informado acerca de “la historia de Lucy Aitken, la joven que hace tres años no usa champú” y se le obsequió a los lectores exactamente lo prometido. “Lucy ahora se lava el pelo con agua una vez por semana o cada 15 días y se aplica un huevo cada 11 días. Dice que no tiene problemas de olor, que su pelo rojo huele natural, a humano”, sorprende la crónica.

Otro portal nos mostró la foto de un brazo con picaduras y de un gusano asqueroso. Se trataba de la historia del “hombre que tiene una sanguijuela como mascota y la alimenta con su propia sangre”.

En estos días también fue posible leer que el británico Andrew Wardle, de 40 años de edad, tiene una vida sexual intensa pese a que nació sin pene. Según informan, Wardle se considera un cortejador implacable y asegura haber tenido relaciones con unas cien mujeres.

Entre la polémica sobre si un gato sube o baja una escalera, el seguimiento de la modelo Sarah Stage que parió un bebe “y nunca tuvo pancita”, y el “beso de lengua entre un bebé y un pez que causa polémica en las redes”, se cuela el gato Taffarel que ataja pelotitas de papel, y  “el adiós a un pececito que conmueve las redes” y que se trata de un niño que arroja a su pez de colores a un water y tira de la cadena.

En esa web en la que usted se informa de las cosas del mundo también habrá visto el video del oso panda que estuvo más de 18 minutos teniendo sexo con una osa. El record quedó establecido, más exactamente, en 18 minutos y tres segundos.

También es común que sean presentadas, como si fueran recientes, grabaciones de Youtube –el gol más insólito, el choque más espectacular, los lugares más sombríos de Europa- que tienen una antigüedad de tres años o más.

En definitiva, la red de redes está llena de crónicas intrascendentes que, desde el mismo título, ya advierten sobre la guarangada que se viene. Igual que esta crónica que usted acaba de leer.


Comentarios

Acerca del autor