La niña que inspiró a la ciencia

Carolina Albojer venció al cáncer gracias a la colaboración entre médicos locales y extranjeros; en su caso se basó la creación de las Jornadas Latinoamericanas Israelíes de Hemato Oncología Pediátrica

Carolina Albojer tenía 13 años cuando una mañana se despertó con un fuerte dolor en la parte derecha del abdomen. “No te preocupes, debe ser que no habrás ido al baño”, le dijo su madre para tranquilizarla. Casualmente, esa misma tarde la joven tenía que ir al Sanatorio Impasa para realizarse una operación de obstrucción en los cornetes nasales. Como el dolor persistía, decidieron aprovechar la visita al centro de salud para hacerle una ecografía. Esperaban encontrar una apendicitis, pero en su lugar hallaron un tumor que le recubría el ovario derecho, tan grande que no entraba en la pantalla del ecógrafo. Cáncer, dijeron los médicos, pero Albojer estaba lejos de vislumbrar el significado de aquella palabra maldita. Ese mismo día la abrieron del ombligo a la pelvis y le extirparon el ovario.

El paso siguiente, sostuvieron los galenos, era hacerle radiación, lo que iba a implicar que la joven no pudiera tener hijos. Su madre se negó de raíz a dejar sin esa posibilidad a su hija si tenía a mano la chance de encontrar otra solución. Ella y su marido pertenecían a la Filial Massada de la organización judía B’nait B’rith, cuyo fundador –y director de Punta Carretas Shopping– Jacobo Wolkowicz los puso en contacto con el oncólogo Luis Alberto Ney Castillo, actual regente del Servicio de Hemato Oncología Pediátrica del Hospital Pereira Rossell. “El salvador Castillo’ como le llamábamos, nos recomendó una clínica en Minneapolis (EEUU) donde se hizo el contacto y nos fuimos para allá”, comentó Albojer, hoy una elegante escribana de 37 años que reside en Pocitos.

Con los fondos reunidos por la B’nait B’rith, en EEUU le hicieron estudios más completos y posteriormente se decidió realizarle quimioterapia en Uruguay, con el asesoramiento del equipo médico del país norteamericano. “Cuando entramos a la parte oncológica del hospital de Minneapolis había nenes sin pelo de todas las edades y ahí fue cuando le dije a mi mamá ‘si me pasa esto me muero’”. Pero, aunque se le cayó el pelo, Albojer no solo le ganó a la enfermedad sino que su caso sirvió como inspiración para la creación de las Jornadas Latinoamericanas Israelíes de Hemato Oncología Pediátrica, que del 13 al 15 de marzo van a celebrar su tercera edición en el hotel NH Columbia.

Declaradas de Interés Nacional por la Presidencia de la República, luego de su primera edición en 2001 y la segunda en 2008, este evento es el único de sus características en América Latina. Su fin es el intercambio de experiencias entre profesionales especialistas en cáncer infantil, el repaso a los últimos avances médicos y de enfermería en el tratamiento contra esta enfermedad, la adecuación de conocimientos y la transferencia de avances tecnológicos. En estas jornadas participarán unos 50 médicos y 120 profesionales de enfermería de América Latina y asistirán tres expertos americanos y cinco especialistas de Israel, país que cuenta con gran desarrollo en la materia.

En el origen de este congreso, sostuvo Wolkowics, estuvo Castillo, quien había hecho amistad con su homólogo en el hospital Schneider, en Israel, y sugirió que crearan una jornada de intercambio de tecnología no solo de Uruguay sino de toda América Latina para quienes no tuvieran los medios de asistir a los congresos internacionales. El director de la B’nait B’rith destacó que gracias al apoyo de organismos y empresas estas jornadas son totalmente gratuitas para los profesionales que asisten a ellas.

Castillo destacó la relevancia del intercambio científico y del compromiso de trabajar en forma conjunta. En la actualidad, destacó el galeno, se está realizando esta labor con equipos médicos de EEUU, Argentina, Brasil y Chile, países con los que se viene trabajando desde hace siete años. “Esto no solo ayuda o colabora en el diseño de tratamientos para nuestros pacientes, que son unos 500 o 600, sino para los miles de niños de la región. Permite diseñar los mejores tratamientos posibles, porque no siempre los que se diseñan en otras partes del mundo son apropiados para poblaciones diferentes”, señaló.

Cambio abismal
El cáncer representó una etapa muy dura de su vida, recuerda Albojer, con los ojos conteniendo las lágrimas al hablar de su experiencia. Durante cuatro meses recibió quimioterapia y padeció los vómitos y la debilidad que este método suele implicar. El pelo cayó y aquella muchacha seria y tímida acrecentó su retraimiento y durante un tiempo no se permitió verse ni un día sin una peluca o un gorro.

La adolescencia pasó con el fantasma del cáncer siempre a la vuelta, pero al llegar a los 19 años, tras una revisación exhaustiva en la Clínica Mayo, en EEUU, los médicos determinaron que la enfermedad había desaparecido. Poco antes Carolina había conocido al hombre que se convertiría en su marido y con el que hoy tiene tres hijos. Al mayor, de 11 años, lo llamaron Natham: ‘regalo de Dios’, en hebreo.

La posibilidad de dar a luz, algo que antes había parecido impensable, comentó Albojer, le fue viable gracias al tratamiento que se realizó en EEUU, donde 24 años atrás la diferencia con Uruguay en la cura del cáncer infantil era “abismal”, señaló. No obstante, durante ese lapso el país ha registrado un cambio exponencial en la materia. De acuerdo a Castillo, en la actualidad alrededor del 76% de los niños con esta enfermedad se curan en Uruguay, cifra que se encuentra a la cabeza de América Latina y es similar a la de naciones europeas como España e Italia. En el país se registran unos 150 casos nuevos por año. Como en el resto del mundo, se trata de la primera causa de muerte por enfermedad en los niños escolares y adolescentes.

“En el 2008 mejoramos en 20% la tasa de sobrevida que teníamos en el 2000, el que es probablemente el mayor de los progresos que ha tenido la región”, sostuvo el oncólogo. Las razones de este gran avance, explicó, se encuentran en que Uruguay dispone de todas las técnicas terapéuticas, de la centralización de la atención en el Pereira Rossell, y de las ventajas que tiene ser un país pequeño, en el que no hay grandes desequilibrios sociales y económicos. “Hoy tenemos un centro de atención que es del primer mundo, señaló”.

Logros y necesidades
Uno de los muchos logros de Jornadas Latinoamericanas Israelíes de Hemato Oncología Pediátrica, destacó Wolkowics, fue la donación –tras la segunda edición del evento– de un equipo de irradiación corporal total, que la B’nai B’rith proporcionó al Pereira Rossell. Este equipo se usa para los pacientes que van a ser trasplantados de médula ósea, con el objetivo de reducir las posibilidades de rechazo y eliminar las células cancerígenas remanentes. Como los aparatos de radiación en el país son muy antiguos, explicó el director de la filial judía, en Israel se diseñó un dosificador para agregar al aparato. “Eso implica que con este tratamiento unos 10 niños se pueden salvar al año en Uruguay”, agregó. El equipo se usa no solo para el cáncer infantil sino también para el de personas adultas.

No obstante, agregó Castillo, los avances tecnológicos son avasallantes y hace falta una renovación tecnológica en el país. “Conseguir la actualización de los equipos de radioterapia que poseemos en el Pereira Rossell es una prioridad. La inversión que tendría que haber hecho la fundación en la radioterapia era muy importante no solo para los niños sino para patologías oncólogicas de la mujer. Alrededor del 30% a 35% de los pacientes reciben radioterapia y casi todos los tumores del sistema nervioso central requieren este tratamiento. El tener una fuente de radioterapia que pueda minimizar la irradiación al tejido sano es muy importante”, agregó.

Castillo estimó, además, como prioritaria la implementación de un laboratorio de biología molecular que permita hacer estudios más sofisticados. Afortunadamente, añadió, se incorporó de forma reciente un clitómetro, un aparato de última generación para el diagnóstico y seguimiento de la leucemia, a través de la donación de la casa Ronald McDonald.

Pese a que todavía quedan cosas para mejorar, las Jornadas Latinoamericanas Israelíes de Hemato Oncología Pediátrica representan un hito en la historia nacional y regional en la lucha contra esta enfermedad. Aunque la gente relacione la palabra cáncer con la muerte, sostuvo Albojer, ella es un vivo ejemplo de cómo la colaboración médica consigue salvar vidas. “Yo pude salir y tengo un marido al que quiero cada vez más y tres hijos maravillosos”. Aunque suene cliché, concluyó, el mensaje no es otro que no bajar los brazos y valorar más la vida.


Fuente: Fernanda Muslera

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