La pata keynesiana del macrismo

Cambios en el equipo económico argentino confunden a analistas y empresarios

Mauricio Macri está demostrando que, a su modo, comparte con el kirchnerismo una motivación política, el famoso "vamos por todo". En sus últimos movimientos de funcionarios en el gabinete está dejando en claro que rechaza la antinomia entre focalizar su esfuerzo en reducir el déficit fiscal y dominar la inflación o priorizar el crecimiento para mejorar sus chances electorales.

Quiere las dos cosas a la vez. Está convencido de que puede ubicarse en un punto equidistante de la ortodoxia que pide un shock en el ajuste del gasto y también de los que le piden una reedición del "modelo K" que implique estimular la economía por la vía de fogonear el consumo con políticas expansivas en lo monetario y fiscal.

Esa creencia es lo que explica la aparente contradicción de haber sumado como titular del Banco Nación a Javier González Fraga, uno de los más connotados exponentes del ideario keynesiano en Argentina, apenas un mes después de haber echado al exministro Alfonso Prat Gay, otro keynesiano y partidario del gradualismo en lo fiscal.

La de Macri es una postura que todavía no termina de interpretarse del todo en los ámbitos político y empresarial. De hecho, la sustitución de González Fraga en lugar de un ortodoxo como Carlos Melconian provocó, como primer efecto, una gran confusión.

A fin de cuentas, la pareja de Melconian con Dujovne (nuevo ministro de Hacienda) parecía mucho más coherente y con afinidad ideológica que Dujovne-González Fraga.

La confusión creada por la decisión de Macri se hizo evidente cuando los mismos economistas de tendencia liberal que hace un mes habían aplaudido la entrada de Dujovne, se horrorizaron por la llegada de González Fraga, a quien consideran un verdadero peligro.

"Se va un economista serio, profesional y de amplia trayectoria para que ingrese un keynesiano modelo Ford T con medallas oscuras", fustigó el economista Javier Milei, que opina en varios medios de comunicación. Mientras que el controversial pero siempre escuchado Domingo Cavallo se declaró "preocupado por el consejo que González Fraga pueda darle a Macri", a quien podría "hacerlo equivocar más de lo que ya se ha equivocado".

Según el exministro, la raíz de los problemas actuales de Macri residen en la falta de decisión para adoptar medidas de shock que estabilicen la economía, y González Fraga es, precisamente, uno de los adalides del gradualismo en oposición a los ajustes drásticos.

Y el analista José Luis Espert, un duro crítico de González Fraga, a quien no solo fustiga por sus ideas keynesianas sino por su actuación como presidente del Banco Central en el inicio del menemismo, dejó flotando su sospecha sobre cuál será la función del nuevo funcionario.

"Fue un mal presidente del BCRA en los años 90. Dejó un atraso cambiario fenomenal para la convertibilidad. Pero como es 'progre', cae bien. Para repartir crédito subsidiado desde el Banco Nación, capaz que es bárbaro", opinó.

La "pata keynesiana"

Las declaraciones del propio González Fraga parecen confirmar estas presunciones. Ya durante la campaña electoral, defendió la necesidad de que Argentina pusiera en práctica una banca de desarrollo, pero no con la creación de un nuevo banco, sino echando mano a la estructura del Nación, que tiene 800 sucursales en todas las provincias y lidera por lejos todos los rankings de clientes, depósitos y préstamos.

A modo de explicación política sobre su nombramiento, el nuevo funcionario reivindicó su condición de defensor de las pymes y las economías regionales. E insinuó que, bajo su mandato, el Nación promoverá un boom de créditos hipotecarios.

¿Cómo se explica la llegada de un economista "high profile", que habla como si fuera ministro y que, para colmo, mete miedo en aquellos que se habían ilusionado con el inicio de una fase de responsabilidad fiscal? La respuesta la dio el propio González Fraga, al señalar cuál es, a su entender la principal debilidad del país: "Nadie quiere invertir en el país porque no saben si no vuelve el populismo dentro de dos años".

Ese es el gran punto de coincidencia con Macri: el diagnóstico de que la gran exigencia que el mercado le hace al gobierno es consolidar el apoyo político para garantizar la continuidad de las reformas.

En otras palabras, que los inversores pueden perdonarle al gobierno que se pase algunos puntos en su meta inflacionaria o que, en esta etapa, se "endulce" con el crédito externo, pero que no le perdonarán una derrota electoral en las legislativas de octubre próximo.

Macri había entendido esto en encuentros con empresarios del exterior, que no le preguntaban por el dólar ni el déficit fiscal, sino por su margen de gobernabilidad y su situación de minoría en el Congreso.

Por si fuera necesario, otra tanda de planteos en ese sentido recibió el ministro Dujovne en su reciente participación en el foro de Davos.

Subir tarifas y ganar elecciones

La consigna de Macri empieza a quedar clara: no está dispuesto a tener que elegir entre la responsabilidad fiscal o atender el frente electoral. Lo ve como una falsa oposición. Quiere "ir por todo".

Pero su método diferirá del kirchnerista, que típicamente hacía un ajuste en los años pares –en los que no hay elecciones– y luego hacía una expansión fiscal en los impares, donde el gasto público y la inflación quedaban "justificados" por un aumento del consumo.

Macri, en cambio, cree que es posible hacer políticas activas sin tocar la caja fiscal, sino aprovechando la estructura y capacidad genuina del mayor banco del país. En definitiva, la fórmula implica que mientras González Fraga gasta, Dujovne recorta y el Banco Central se aboca a bajar la inflación a su meta del 17%.

La gran duda, naturalmente, es si la consecución de todas estas metas en forma simultánea es posible o si, por el contrario, terminará por ser un híbrido que no logre ni una reactivación de la actividad ni una mejora ostensible en la estabilidad macro.

Por lo pronto, el gremio de los economistas es escéptico. Las predicciones sobre crecimiento del Producto Interno Bruto han sido revisadas a la baja, incluyendo pronósticos de apenas 1% de recuperación. Pocos creen que se cumpla la reducción fiscal, y muchos ponen en duda que se alcance la reducción inflacionaria esperada si se aplica la suba de tarifas programada.

Lo que queda en claro es que la apuesta de Macri tiene sus riesgos, pero que el presidente cree que no puede resignar un objetivo en aras de cumplir los otros. Quiere subir las tarifas y, además, ganar las elecciones.

A primera vista, es una estrategia que contradice los manuales de estrategia política. Pero Macri apuesta a imponer su estilo propio, forjado entre el grupo Socma, Boca Juniors y el Gobierno de la Ciudad. Un estilo en el cual se combinan sus convicciones doctrinarias liberales con un pragmatismo típico de los hombres de empresa.


Populares de la sección

Acerca del autor