La paz depende de las FARC

Queremos la paz pero sin concesiones a la guerrilla. Ese fue el mensaje del rechazo popular al acuerdo entre Santos y las FARC

Queremos la paz pero sin tantas concesiones a la guerrilla. Ese fue el mensaje del rechazo popular al acuerdo firmado por el presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para pacificar el país, después de medio siglo de cruenta guerra civil que costó más de 200 mil vidas y desplazó de sus hogares a 6 millones de personas. La negativa de los votantes a ratificar en un plebiscito el acuerdo, trabajosamente tejido en cuatro años de negociaciones entre el gobierno y la guerrilla en La Habana, no supone necesariamente la reanudación de la lucha armada. Tanto Santos como el jefe de las FARC, Rodrigo “Timochenko” Londoño, anunciaron que seguirán negociando, mientras se mantiene el cese el fuego. Pero son inciertas las perspectivas de un pronto acuerdo más aceptable a una población que no olvida el alto precio en vidas y convulsiones sociales que le impuso la insurrección guerrillera.

Por un lado, las FARC tendrían que renunciar a privilegios que Santos fue aceptando para poder cerrar el acuerdo, lo cual dista de ser probable. Incluyen la entrega de una decena de bancas en el Parlamento sin esperar a elecciones y a la conversión formal de una fuerza guerrillera en un partido político, perdón sin cárcel por crímenes de lesa humanidad cometidos por los insurrectos y ventajas territoriales. Por otro, las FARC rehusarán ahora la prevista entrega inmediata de sus armas y la desmovilización de los 6.000 efectivos que le quedan, un tercio de los que tuvo años atrás, lo que mantendrá latente el riesgo de enfrentamientos si todo vuelve a fracasar. Y además de la renuencia de las FARC a perder lo que obtuvo de Santos, el presidente ha quedado debilitado en su autoridad negociadora por su derrota ante su antiguo jefe, el expresidente Álvaro Uribe.

Como ministro de Defensa del gobierno anterior, Santos ayudó a Uribe en su exitosa campaña para descabezar militarmente a las FARC. Pero ambos rompieron cuando Santos planteó las negociaciones de paz a pesar de las objeciones de Uribe. El expresidente, que mantiene alta popularidad, lideró exitosamente la campaña por el rechazo del acuerdo y representa la posición triunfante en el plebiscito de que la paz debe buscarse pero con menos blandura y mayor severidad hacia las FARC. Se le exige a la guerrilla pagar por su responsabilidad en haber despedazado al país cuando se levantó en armas, en una rebelión inspirada por la dictadura castrista de Cuba.

Santos anunció que convocará a todos los sectores políticos para buscar un nuevo acuerdo de paz, en reemplazo del que negoció por su cuenta. Pero en este cambiado horizonte chocan las posiciones de Uribe y de las FARC, obstáculos difíciles de superar. Uribe y su fuerte respaldo político insistirán contra lo que consideran impunidad otorgada por Santos. La salida queda ahora en manos de las FARC. Aunque quebradas militarmente por Uribe, siguen controlando vastas zonas del territorio colombiano y mantienen parte de su antigua capacidad bélica. Timochenko aseguró que, pese al revés en el plebiscito, la guerrilla no anticipa volver a la lucha armada y retomará negociaciones de paz. Pero todo depende de hasta donde está dispuesta a renunciar a parte de lo que había obtenido de Santos, incertidumbre que posterga la pacificación de Colombia porque puede llevar años en definirse, si es que alguna vez se logra.


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El Observador

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