La paz que demoró medio siglo

En el mismo lugar desde donde Fidel Castro impulsó guerrillas armadas en América Latina se formalizó la extinción de las FARC

En el mismo lugar desde donde Fidel Castro impulsó guerrillas armadas de inspiración marxista en gran parte de América Latina en el siglo pasado, se formalizó la extinción de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), después de subvertir la paz durante 52 años de guerra. Fue la culminación de dos años de trabajosas negociaciones en La Habana para dejar atrás medio siglo de violencia, que costó más de 300 mil muertos y desaparecidos y 7 millones de personas desplazadas de sus hogares. El presidente colombiano Juan Manuel Santos y el jefe de las FARC, Rodrigo Londoño, suscribieron un acuerdo para el cese definitivo de las hostilidades, el desarme total de la guerrilla y la reincorporación de sus efectivos a la vida civil y política del país, entre una extensa lista minuciosa de otras muchas acciones a seguir en los próximos seis meses para restablecer la convivencia pacífica. Durante ese período y bajo control de ambas partes y de una misión internacional liderada por Naciones Unidas, se implementará lo acordado. Recién cuando se cumpla con todos los puntos se firmará el acuerdo definitivo de paz, que deberá ser refrendado por los colombianos en una consulta popular.

A menos que surjan inconvenientes imprevistos, el documento suscrito en La Habana marca el fin de la fuerza guerrillera más perdurable en el continente y que llegó a controlar cerca de un tercio del territorio colombiano. Las FARC nacieron como una rebelión de izquierda contra la estructura política tradicional, con aliento del castrismo. Llegaron a tener unos 20 mil efectivos bien armados que tuvieron en jaque a sucesivos gobiernos constitucionales. Pero su raíz ideológica se deformó con el paso de los años, junto con el fracaso de todos los movimientos revolucionarios inspirados por Fidel Castro. Del sueño marxista pasaron al tráfico masivo de cocaína, los secuestros extorsivos, los robos y la intimidación como fuentes de financiamiento.

El expresidente Álvaro Uribe quebrantó a sangre y fuego el poderío militar de la guerrilla con asistencia de Estados Unidos, potencia preocupada por ser el destino final del tráfico de drogas. Santos, que como ministro de Defensa de Uribe tuvo decisiva participación en debilitar a las FARC, aprovechó la declinación de una guerrilla desgastada para lanzar la iniciativa de paz que acaba de concretarse en La Habana. Enfatizó la trascendencia del acto la asistencia del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon y de varios presidentes latinoamericanos.

La significación principal de la firma del acuerdo, sin embargo, es haber cerrado un capítulo aciago de la historia continental. El estallido de las insurrecciones de izquierda luego del triunfo de Fidel Castro en Cuba y en épocas de auge mundial del hoy desaparecido comunismo soviético, se explica por una mezcla de idealismo y de reacción a las claudicaciones de muchos gobiernos ineptos, corruptos o autoritarios. Pero el remedio fue peor que la enfermedad, porque la represión de la insurrección armada terminó en el surgimiento de terribles dictaduras militares en la región y postergó el desarrollo de los países. Se necesitaron varias décadas para que se aplacara la violencia engendrada por la violencia y se extendiera el reconocimiento de que los extremismos son un pobre sucedáneo de la vida en democracia y en paz, condiciones a las que Colombia finalmente parece haberse encaminado.


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