La "película de terror" del chofer del 405 incendiado en el Marconi

El conductor de la línea 405 contó lo sucedido en una publicación en Facebook

"Creo que solo Aldo Tardi, Ana Román, los 30 pasajeros y yo sabemos por lo que pasamos el viernes a eso de las 13 horas". Así comienza el relato de Gustavo Crusoff, el chofer del coche de la línea 405 de Coetc que fue incinerado durante los disturbios en el barrio Marconi el viernes pasado.

El hombre escribió en su cuenta de Facebook que cuando estaba por llegar a la esquina de Aparicio Saravia y Trapani, un pedazo de hormigón "del tamaño de una guía de teléfonos" golpeó el parabrisas de su lado y lo tapó de vidrios. El golpe y los vidrios, le hicieron cerrar instintivamente los ojos y poner el freno de manos.

"De la nada aparecieron unas 50 personas en una clara emboscada ya organizada, y en unos segundos el ómnibus fue terriblemente apedreado de todos lados y se quedó sin vidrios", escribió Crusoff que, como pudo, se tapó la cabeza con las manos, golpeadas por las piedras, y se arrastró por el piso hacia el fondo del ómnibus.

"En la locura que era dentro del ómnibus sentí que me caminaban por arriba y vi que ya habían arrancado la puerta delantera y había varios robando a todos los pasajeros, y seguían subiendo. También me revisaron y me robaron todo. Me quisieron cortar el dedo para sacarme la alianza, ya que al haber engordado no me salía", contó en Facebook.

Según el relato del conductor, una maestra de una de las escuelas de la zona que venía en el 405 reconoció a varios de los asaltantes e intercedió para frenar los golpes a los pasajeros y trabajadores. Crusoff destacó en su publicación que, de no ser por esa maestra, "otra hubiera sido la suerte".

Luego de los golpes y robos, le pidieron al chofer que les mostrara cómo se manejaba el ómnibus. "Les dije que es solo acelerador y freno porque es automático, pero no recordé decirles cómo sacar el freno de mano. Me obligaron a bajar junto con el resto de los pasajeros y ya abajo veo a uno revisando mi billetera y le pido por favor que me deje los documentos y me los tira en la cara. Cada uno (de nosotros) escapaba para donde podía. Como a dos cuadras, al darme vuelta a mirar, vi que el ómnibus estaba en llamas".

Un vecino ofreció llevar a los trabajadores del ómnibus y a la maestra a la policlínica de la zona, y luego fueron trasladados al Banco de Seguros del Estado. A pesar de que el chofer no corre peligro, no puede dejar de pensar en lo que pasó hace tres días. "Van 58 horas del hecho y no pude dormir más de cuatro ya que sigo viendo esa película de terror una y otra vez en mi cabeza".


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