La política hecha caricatura

Cinco artistas que hoy trabajan con su propio y original estilo en medios escritos reflexionan sobre su rol y su longevidad más allá de los cambios en la industria
Por Cecilia Presa, especial para El Observador

A comienzos de los años de 1930 en Uruguay las tiras cómicas de Peloduro (del caricaturista y periodista Julio Emilio Suárez) irrumpieron en prestigiosos medios de comunicación de aquella época como el diario El País, el diario La Mañana, el semanario Marcha, entre otros, con un particular sentido del humor de actualidad.

Ochenta años después del comienzo del mítico Peloduro, la caricatura política perdura como parte orgánica, en mayor o menor medida, de la mayoría de los medios escritos en Uruguay.

Cada uno con un estilo propio –tanto en el humor como en lo técnico–, cinco dibujantes que trabajan en diarios reflexionaron sobre el rol que ocupa la sátira política a través de la caricatura en Uruguay hoy.
Una "expresión artística atada a la actualidad que no ilustra una nota sino que le da una mirada distinta, abierta a la interpretación del espectador y propia de cada artista". Así se puede resumir de manera breve –quizá demasiado– qué es la sátira política a través del dibujo.

Destacar el poder de una imagen por sobre las palabras es un cliché habitual, pero no es solo eso lo que le da valor a este tipo de arte.

"Para los medios de comunicación la caricatura perdura como contenido original, en un tiempo en el que abunda el contenido gratis y levantado", dijo Gustavo "Pancho" Perrier, el responsable de la sección Uruguayos a mucha honra de El Observador. A esta idea también suscribió Rolando Salvatore, que trabaja hace más de 20 años para El Observador y añadió: "La caricatura en el diario atrae al lector hacia el dibujo y, de inmediato, hacia el texto que ilustra". Fermín Hontou –alias Ombú– quien dibuja para el semanario Brecha y comenzó su carrera como caricaturista político exiliado en México, a comienzos de la década de 1980, destacó que "algunas publicaciones, y en esto soy afortunado, le otorgan un rol importante a la caricatura política".

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Una toma de partido

Pero no todo es color de rosa en el universo creativo y comunicacional del dibujo político. Ombú opinó que son pocos los espacios que se les da a este tipo de expresión. "Cada vez somos menos y las generaciones más jóvenes parecen más interesadas en dibujar a Marcelo Tinelli, al Gucci o al Reja o, si tienen suerte, dibujar para editoriales extranjeras –que obviamente les pagan más que aquí– a Naruto, Dragon Ball, o las últimas versiones de Batman", expresó Ombú.

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Con este punto también está de acuerdo Ramiro Alonso, responsable del arte del nuevo suplemento Dínamo y de la revista Lento, ambas publicaciones editadas por La Diaria, quien se siente un heredero de la oleada de artistas políticos que surgió de la década de 1970 y del famoso Club del Grabado de Montevideo. Para Alonso, la sátira política ha perdido terreno frente a las ilustraciones infantiles "en las cuales predomina la apuesta a un mundo tierno, sin confrontaciones, sin riesgos, estable y adormecedor".

En el caso de la caricatura que genera humor a partir del complejo mundo de la política, la visión del artista es particularmente importante. "Siempre hay una toma de posición. Como cualquier actividad ética y estética está signada por la ideología; esta aparece desde el partido formal, o sea desde el estilo de dibujo. El estilo es la ventana de la ideología y la primera condición del estilo es tener algo para decir", sentenció Alonso.

"Mi trabajo es siempre el mismo; lo que cambia es la temperatura de los hechos que le imprimen los políticos a la administración de turno. Algunos se exponen más y otros menos, eso ayuda a la hora de afilar los lápices", explicó Rodolfo Arotxarena –mejor conocido como Arotxa– en referencia a la profesión que comenzó a ejercer con apenas 16 años y desde hace más de 40 en el diario El País.
"Me gusta desafiar a quien observa a que encuentre su propia historia en el dibujo", añadió Perrier.

La libertad está en las posibilidades de interpretación para el lector, pero también es un valor que destacan como esencial los cinco artistas. La Diaria, El Observador, El País o Brecha; no importa para qué medio se trabaje o su línea editorial siempre y cuando se le permita al artista expresar su pensamiento en dibujos. "Luego de trabajar casi 40 años en esta profesión tengo la honra y la fortuna de no estar atado a los criterios editoriales de ningún medio y soy respetado por mis compañeros. Más allá de coincidir en cosas básicas, dibujo lo que me parece, aunque mi madre crea que Brecha es un medio u órgano periodístico afín a un sector específico del Frente Amplio", dijo con humor Ombú, quien antes del semanario trabajó para el suplemento El País Cultural.

Salvatore opinó que "una caricatura política debe ser objetiva. Caricaturizar a un personaje o un suceso más allá de la ideología que uno tenga."

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El soporte

El avance de la tecnología y la incursión de nuevos medios digitales no han matado a la caricatura sino todo el contrario.

Hasta hace no tantos años la única forma imaginable de compartir una imagen con otra persona era a través de un papel. En ese entonces el dibujo en un medio masivo de comunicación era uno de los pocos formatos en los que se podía llegar al mayor número de personas posible. Hoy las caricaturas pueden trascender el diario papel y difundirse en distintas plataformas online.

El cambio en el soporte no deslegitima el mensaje sino que, por el contrario, lo revaloriza.
Arotxarena, quien no utiliza a nivel personal las redes sociales, da cuenta de este fenómeno: "Hoy me consta que en las redes mi trabajo circula muchísimo. Las imágenes día a día tienen más vigencia en los medios. El hecho de que una caricatura sea algo estático e inmediato, hace que uno pueda detenerse frente a la imagen y la disfrute todo el tiempo que quiera". En los últimos días, una de sus últimas obras, que satirizaba el famoso retrato de los senadores José Mujica y Lucía Topolansky desnudos, se tornó casi tan popular en redes como la obra original que generó la polémica.

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Perrier, quien comparte a través de Facebook las caricaturas que realiza, comentó que "en general la caricatura de actualidad de hoy, con la fuerza de las redes sociales y la transformación de los medios de prensa en multimedios, adquiere una fuerza extra y además logra lecturas diferentes".

"La caricatura política en prensa fue siempre y sigue siendo un oasis, una guiñada de humor y complicidad para el lector", dijo Arotxa antes de sentenciar: "No morirá nunca".

La polémica como motor

Hacer humor mediante personajes que encarnan personas reales también tiene sus riesgos. El ejemplo más sonado a nivel mundial por lo trágico del suceso fue el asesinato de 12 trabajadores del medio satírico francés Charlie Hebdo, a manos de yihadistas radicales enfurecidos por las caricaturas sobre el profeta Mahoma publicadas en enero de 2015. En Uruguay un episodio similar no es siquiera imaginable, sin embargo sí hay

algunos ejemplos recientes de la repercusión que tienen este tipo de dibujos en los retratados. El mes pasado, una columna del diario El País venía acompañada de un dibujo de la ministra María Julia Muñoz con cuerpo de araña. La jerarca se quejó del estigma que, a su entender, le generó esa imagen. "En 40 años de esas he tenido tantas que es una más", comentó Arotxa, restándole importancia al asunto.

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