La prioridad es arreglar el presente

La queja gubernamental por la escasa difusión del Diálogo Social soslaya que la urgencia pública es enderezar el presente

La queja gubernamental por la escasa difusión del Diálogo Social en los medios soslaya que si bien es inobjetable programar el futuro lejano, la urgencia pública es enderezar un presente plagado por dificultades de todo tipo. Los debates son siempre provechosos, aunque su utilidad se diluye cuando grupos numerosos se embarcan en ideas y argumentaciones conflictivas. Y antes que dispersar tiempo y esfuerzos en tratar de armar el Uruguay de las próximas décadas en reuniones multitudinarias, apremia ejercer ejecutividad eficiente y productiva para el corto y el mediano plazo. El ejemplo que más rompe los ojos es la educación.

Uno de los 10 grupos que tratan otros tantos temas tiene previsto iniciar a mediados de setiembre la discusión sobre la educación del futuro en Uruguay. Parece casi una broma de mal gusto proyectar cómo se educará a los niños y los jóvenes dentro de 20 o 30 años cuando la enseñanza pública naufraga hoy en forma creciente por desidia e incompetencia oficial. Si no se ataca de inmediato el problema más crítico del país, que año a año nos hunde en el atraso, poco quedará para tratar de recomponerlo en décadas venideras. Desde que el Frente Amplio llegó al poder hace 11 años, han fracasado estrepitosamente todas las promesas de sus gobiernos de reformar el sistema para modernizarlo. Van desde el acuerdo reformista del entonces presidente José Mujica con todos los partidos políticos en la década pasada hasta el fiasco de los cambios razonables que anunció el presidente Tabaré Vázquez al comienzo de su segunda administración. La unificación de primaria y secundaria y otras reformas quedaron en la nada cuando aceptó inexplicablemente desmantelar la estructura que él mismo había armado en el Ministerio de Educación y Cultura para implementarlas.

Vázquez mandó a buena parte de su gabinete a plantear, en una conferencia de prensa, las molestias oficiales por lo que considera desatención de los medios al Diálogo Social. Sin embargo, dos comentarios del director de la OPP, Álvaro García, reconocieron de hecho la realidad. Admitió que los temas de esta iniciativa presidencial “son importantes pero no urgentes”, y censuró que “pecamos un poco de inmediatistas”. Por un lado, lo urgente siempre toma precedencia natural sobre lo importante. Y por otro, el inmediatismo que señaló García está más que justificado cuando el país atraviesa un estancamiento económico, la producción y el trabajo son sometidos a reiterados aumentos de impuestos y otras medidas restrictivas, con el resultado de menor competitividad externa y caída de las condiciones de vida de la gran mayoría de los uruguayos.

Lo mismo se aplica a otros temas del Diálogo Social. La atención a la salud se tambalea, especialmente para más del tercio de la población que depende de los servicios gratuitos del Estado. La protección social, bandera de los gobiernos del Frente Amplio, está fragmentada por el gasto sin controles adecuados y la actual escasez de recursos fiscales. Y mal se puede trabajar en el sistema de seguridad del futuro cuando la realidad actual de delitos de todo tipo ahoga a una población indefensa ante los cotidianos asesinatos, robos y asaltos a personas y comercios. Pensar en el Uruguay del futuro es un objetivo razonable, pero lo que a la gente más le interesa y necesita prioritariamente es arreglar el Uruguay de hoy.


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El Observador

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