La reina de la crónica

Leila Guerriero es referente de un estilo, pero terminó allí por no saber cómo hacer otra cosa
Leila Guerriero empezó a escribir perfiles y crónicas porque fue lo primero que supo hacer. Sin formación académica en el oficio, la hoy reconocida escritora descubrió un método que le permitía salvar aquellas carencias periodísticas que ella consideraba que tenía y que suponía insondables. "Era la única forma en la que me sentía con derecho a decir alguna cosa: investigar mucho del tema que estaba hablando". Según ella, sus comienzos en este tipo de artículos son el reflejo de "una completa inhabilidad".

"Imaginate: una chica de 22 años que no es periodista, que no tiene ni grabador, que no sabe hacer una llamada a un encargado de prensa, que tiene que pedir una entrevista pero que nunca hizo una, y que se tiene que inventar una manera de hacer las cosas. ¿Qué hacía yo? Leía las notas de los tipos que me encantaban. Caparrós, Fresán. Uno escribe como le gusta leer y a mí me gustaba leerlos a ellos, por lo que busqué la forma de hacer un texto que se pareciese a eso", explica la periodista, mientras se acomoda un mechón de sus característicos rulos.

Hoy muchos la consideran la reina del periodismo narrativo latinoamericano, de las crónicas y de los perfiles y junto a otros periodistas y escritores –como su amigo y compatriota Martín Caparrós- construyeron un estilo que es imitado, enseñado e incluso venerado en varias academias de periodismo. Sin embargo, Guerriero supo que su estilo tenía un nombre determinado antes de que la etiqueta desembarcara oficialmente en el Río de la Plata y gracias a uno de sus tantos "objetos de estudio": Fito Páez.

"La primera vez que descubrí la palabra 'perfil' fue cuando llame a Fito Páez para hacerle una nota. Le expliqué que quería hacer una cosa más extensa, le hablaba de un texto orgánico. El pibe, que siempre fue muy cool y seguramente leía el New Yoker desde la cuna, me dice: "ah, vos querés hacer un perfil". Son esas cosas que no sabés que sabés, pero cuando dijo perfil yo dije: eso".

Así como el músico argentino, muchos personajes han pasado por la pluma de Guerriero, pero también varias historias de personas ignotas, aquellas a quienes muchas veces la vida no les ha dado una voz. La forma en la que elige qué contar es sencilla: va detrás de aquello que la obsesiona, allí donde siente que hay una historia para contar, pero también acepta encargos y de ellos han aparecido los más extraños. Por ejemplo, la posición sexual del "misionero".

"Te juro, cuando me llamó el editor le dije: ¿Pero por qué te pensás que voy a escribir elogios de una cosa tan aburrida? ¿Tengo cara de que me aburro? Pero nada, me interesó investigar y descubrí que, en efecto, tenía algo que decir sobre 'El misionero'".

De todos modos siempre hay un freno, y el de Guerriero está en el acceso, en cuán cerca podrá acercarse a la persona que quiere perfilar. "Muchas veces me pidieron hacer un perfil de Cristina Kirchner y es una persona que me resulta muy interesante, así como cualquier persona que haya tenido o tenga mucho poder. Pero como cualquier persona con poder, es muy inaccesible (...) Me resulta muy incomodo estar haciendo un perfil de una persona que se que no quiere ser perfilada".

Leila Guerriero ya es un nombre dentro del periodismo, y son varios los que la colocan en un lugar preponderante junto a otros históricos dentro del género. El mencionado Caparrós es uno de ellos, alguien a quién la escritora, además de apreciar mucho, admira profundamente. "Cada vez que voy a Madrid me hace ilusión encontrarlo. Es culto, refinado, educado, alguien que te puede abrir un punto de vista que no tenías. Pero también es insolente, me encanta. (...)Es un tipo que no ha parado nunca de hacer periodismo, de viajar y producir y me parece maravilloso poder vivir la profesión de esa manera".
A pesar de los años de trayectoria, del alcance de sus textos –publicados en medios internacionales como El País de Madrid y publicaciones especializadas como Revista Gatopardo- Guerriero todavía tiene miedos. Más aún: aprecia esos temores y espera que duren mucho más. "Cuando se acaban creo que es el final. Cuando ya no me ponga nerviosa por entrevistar a alguien, ya está".

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