La ruta industrial del "oro sangriento" de Colombia

Se abre camino en smartphones, autos y monedas
Por Andrew Willis - Bloomberg

En las profundidades de la selva colombiana, miles de pequeñas operaciones mineras ilegales, muchas bajo el control de guerrillas o traficantes de drogas, trabajan largas horas para sacar oro de la tierra. Los mineros extraen el metal precioso en lugares remotos como Timbiquí y Río Quito. Desde allí, el oro es llevado en embarcaciones, camiones o pequeñas aeronaves a fundiciones en Cali y Medellín.

Entran en juego, entonces, los refinadores internacionales de oro –armados con certificados de buenas prácticas empresariales–, que compran el oro y, a su vez, lo venden a corporaciones estadounidenses grandes y pequeñas. El oro se abre camino a productos que van desde smartphones a autos y monedas acuñadas por la United States Mint (la casa de la moneda de Estados Unidos), lo que pone de relieve cuán plagadas están las cadenas globales de abastecimiento.

Las empresas, que compran de buena fe, así como las compañías que usan oro para joyas, dependen de organizaciones cuya tarea es asegurar la legalidad del oro. Muchas, entre ellas Apple y General Motors, también realizan auditorías independientes de sus cadenas de abastecimiento, tanto para el oro como para otros metales. A pesar de esos esfuerzos, dicen los expertos, el oro ilegal se desliza a través del sistema. "Es poco práctico e inviable esperar que rastreen su oro a la mina de origen", dijo Tyler Gillard, asesor legal de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Aunque mucho se ha hablado sobre los esfuerzos para reprimir la minería ilegal en África, la extracción y venta ilícita de oro en Colombia, Perú y Venezuela sigue floreciendo silenciosamente. Cerca de 85% de las 59 toneladas de oro producidas el año pasado en Colombia proviene de operaciones sin licencia gubernamental o permisos ambientales, dijo Santiago Ángel, que encabeza la Asociación Colombiana de Minería. Las dos principales empresas extractoras de oro legales en territorio colombiano, Gran Colombia Gold Corp. y Mineros SA, produjeron juntas solo siete toneladas el año pasado.

Aunque Colombia puede ratificar un nuevo acuerdo de paz alcanzado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), muchos otros grupos seguirán beneficiándose de la producción ilegal de oro. Estas operaciones ilegales van desde minas de gran escala equipadas con máquinas de excavación masiva por cientos de miles de dólares, a mineros individuales que tamizan la tierra en arroyos selváticos y que entregan un porcentaje de su producción a guerrilleros locales.
Es lo que Jeremy McDermott, uno de los fundadores de la institución de investigaciones InSight Crime, llama "oro sangriento". Las ventas ilegales del metal precioso ya superan las de la cocaína como principal fuente de ingresos de los grupos ilegales, dice la Policía. Además de financiar las actividades rebeldes, la minería ilícita fomenta la prostitución, el trabajo infantil y una amplia destrucción ambiental, según comprobó la ONU.

En Colombia, la lucha entre grupos armados por los ricos depósitos de oro ha obligado a cientos de miles a huir de sus hogares, lo que contribuyó a aumentar la cifra de aproximadamente siete millones de personas desplazadas internamente en el país.
La industria minera ilegal está "contaminando nuestros ríos, no paga impuestos y maltrata a los trabajadores", dijo Ángel.

Asahi Refining USA Inc. y Metalor Technologies USA Corp. están entre las mayores refinerías con sede en Estados Unidos que compran oro a Colombia. Aunque estas compañías dicen cuidarse de comprar solo el oro extraído legalmente, el año pasado cada una de ellas compró a Colombia más oro del que se produjo legalmente, según datos de la agencia de estadísticas del país sudamericano. Eso hace que sea matemáticamente imposible que hayan adquirido tan solo el metal legítimo.
Otro comprador estadounidense, Elemetal LLC, no respondió a las solicitudes de comentarios.
"Usted puede preguntar cuánto oro está comprando una compañía y cuánto produce un país legalmente", dijo Quinn Kepes, director de programa de Verité, una organización estadounidense de trabajo justo. "Hemos visto un patrón de ciertas refinerías estadounidenses entrando en áreas" de las que otros se han retirado.

Asahi Refining está "muy orgullosa" de su "historial y de las prácticas comerciales de adquisición de oro responsable", dijo el portavoz David Dorris. La empresa "reconoce la oportunidad única que tiene de desempeñar un papel de liderazgo en el desarrollo e implementación de sistemas diseñados para detectar y prevenir actividades comerciales que contribuyan al financiamiento de grupos armados".
José Ramón Camino, consejero general del grupo de Metalor, dijo que su empresa "está muy preocupada por cualquier posible comercio de oro ilegal o cualquier tipo de metal precioso que tenga un origen dudoso".

Los importadores de oro estadounidenses poseen certificados de prácticas empresariales responsables de organizaciones como la London Bullion Market Association (LBMA) y el Responsible Jewellery Council. Ambos grupos dicen que sus miembros están sujetos a rigurosos procesos de aprobación. Asahi Refining, Metalor Technologies y Elemetal tienen todos estos certificados.
El dilema para los usuarios finales es que una vez que el oro llega a Estados Unidos, no hay manera de saber si alguno de ellos puede haber sido adquirido originalmente de minas ilegales, dejando el oro libre para entrar en el gran suministro destinado a la fabricación u otros fines comerciales.

Apple, GM, General Electric, Verizon y Johnson & Johnson son solo una muestra de las grandes empresas estadounidenses que compraron oro de estas refinerías de EEUU, de acuerdo con sus informes. Muchas otras empresas no informaron sus proveedores. "Nuestro equipo ha realizado miles de auditorías en todo el mundo y hemos tenido investigadores en el terreno en Colombia durante los últimos meses", dijo el portavoz de Apple, Ben Kobren. "Aunque no tenemos evidencia de oro ilegal entrando en nuestra cadena de suministro, seguiremos investigando", aseguró.
GM tiene "una política de tolerancia cero" para las prácticas comerciales corruptas y el tratamiento abusivo de los empleados por los proveedores, dijo el portavoz Patrick Morrissey.

Sin embargo, General Electric, Verizon y J & J afirman que si bien se esfuerzan por abastecerse éticamente, "es muy difícil contabilizar todos los minerales en las cadenas de suministro de la compañía", dijo Josef Skoldeberg, un portavoz de General Electric.

Además de comprar oro solo de las refinerías con certificados de buenas prácticas de negocios, muchas de estas corporaciones realizan auditorías independientes de la compra de sus componentes.

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