La rutina en Venezuela: filas de horas y escasez de alimentos

Según un estudio, el 47% de la población no puede cumplir con las tres comidas diarias por la inflación y la escasez
Venezuela enfrenta una profunda recesión y las manifestaciones espontáneas y saqueos se han vuelto cada vez más comunes en medio del empeoramiento de la escasez de alimentos, frecuentes cortes de luz y la inflación más alta del mundo que para este año se espera en 720%, según Alejandro Werner, director del Fondo Monetario Internacional para el Hemisferio Occidental.

Alimentos, medicinas, autopartes, metales, productos químicos, papel o artes gráficas son algunos de los sectores productivos en crisis por carencia de insumos, aseguró la semana pasada a la AFP Juan Pablo Olalquiaga, presidente de Conindustria, el gremio industrial más importante de este país petrolero.

La escasez se trasluce en problemas diarios para los venezolanos de a pie. El País de Madrid informó el 22 de mayo en base a un estudio del Instituto Venezolano de Análisis de Datos que el 13,4% de los ciudadanos de ese país come una vez al día y solo el 53% puede realizar tres comidas.

En Venezuela el salario mínimo es de 15.051 bolívares y con un subsidio del gobierno para casi todos los trabajadores se eleva a casi 18.600 bolívares. Pero sin importar como se gaste, difícilmente alcanza para vivir, según asegura la agencia AFP.

Además los saqueos son cada vez más frecuentes. Aunque en la puerta de cada lugar donde se entregan alimentos suele haber militares armados, la publicación española aseguró que en Semana Santa hubo tres saqueos diarios en el país caribeño.

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AFP / FEDERICO PARRA
AFP / FEDERICO PARRA


El reportaje también relató el caso de Belkys Márquez, que trabaja de cajera en un banco y tiene 4 hijos, todos menores, los cuales no pueden comer tres veces al día por la inflación. Su salario mensual son 33.636 bolívares cuando la canasta básica de 58 productos para una familia de cinco integrantes ascendía a 142.853 bolívares.

El diario español asegura que el salario diario de un docente universitario con una doctorado en la universidad estadounidense de Columbia equivale al precio de tres cervezas.

La nota también relata que en Venezuela hay personas que sobornan militares y distribuidores para que les entreguen alimentos y luego los venden 40 veces más caros.

Cierran comercios

En Chacao, un barrio de clase media de Caracas, un grupo de oficinistas hace fila frente a una tienda de víveres para comprar el almuerzo más barato posible. A su alrededor, los restaurantes están vacíos.

Vista por encima, Caracas se parece a cualquier otra ciudad de América Latina, con rascacielos, autopistas de tráfico intenso y peatones que caminan de prisa. Pero una mirada un poco más atenta descubre un profundo malestar económico. Muchas tiendas, especialmente de productos electrónicos, bajaron sus cortinas.

Más filas

En el mismo barrio, un moderno y elegante centro comercial con varios restaurantes con terraza, un espacioso Hard Rock Café y negocios de cadenas internacionales como Zara, Swarovski o Armani Exchange luce desierto, salvo por la presencia de sus aburridos empleados. En contraste, cerca de 200 personas hacen fila pacientemente para entrar a una farmacia.

No saben exactamente qué van a comprar, pero es la rutina de estos tiempos, hacer fila para tratar de adquirir algún producto de higiene personal de precio regulado, como por ejemplo la crema dental, antes de que se agote, lo que ocurre usualmente en pocos minutos.

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"Hacemos esto todas las semanas. No sabemos qué vamos a poder comprar", dice Kevin Jaimes, vendedor de autopartes de 21 años que espera junto a su familia. "Lo difícil es cuando hay una cola gigante y todo está agotado antes de llegar", añade.

Para el hombre, cuando no logra adquirir los productos de precio regulado en los comercios la única alternativa también es acudir a los revendedores en el mercado negro a precios más caros.

Jaimes vive con su familia, integrada por siete personas, y trata de arreglárselas con un salario de 35.000 bolívares mensuales, en realidad unos 35 dólares. Demasiado poco como para que pueda siquiera plantearse ir una vez al cine del centro comercial, donde la entrada cuesta 8.800 bolívares.

Industrias paradas

De acuerdo a los datos más recientes de la gremial Coindustria, hacia finales del año pasado 56% de la capacidad industrial estaba sin operar. Y durante 2016 el cuadro ha empeorado, asegura Olalquiaga.

"La manufactura sigue disminuyendo operaciones", indica, y pone como ejemplo la caída en la producción de azúcar, un sector que ha reducido su cosecha por expropiaciones de tierras productivas y de ingenios azucareros, elevando en simultáneo su dependencia de la importación.


Ayer, la embotelladora de Coca Cola en Venezuela anunció ayer la detención de la producción de bebidas azucaradas, aunque continúa la de las dietéticas, como la Coca-Cola light y las de cero azúcar, escribió la portavoz Kerry Tressler en un correo electrónico.
En Venezuela también se reportan interrupciones en la fabricación de pan y pastas por falta de trigo.

Además escasea la harina de maíz. Sobre este rubro los trabajadores de Alimentos Polar -empresa que domina el mercado, y que es blanco político del chavismo- han advertido que solo hay maíz para producir hasta finales de mayo. Polar ya paralizó en abril sus seis plantas de cerveza, que cubren 80% del mercado y generan 10.000 empleos directos, por falta de divisas para importar la cebada requerida.
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Fuente: AFP Y REUTERS

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