La "sintonía fina" de Macri para frenar pérdida de competitividad

El gobierno argentino empieza a evidenciar cierta continuidad con el kirchnerismo

El macrismo está evidenciando más puntos en común con el kirchnerismo que lo que le gustaría reconocer. Aunque su discurso y buena parte de la fundamentación de sus políticas se basan en arreglar lo que el kirchnerismo dejó dañado, empieza a mostrar cierta continuidad tanto en políticas como en métodos.

La lista es larga e incluye el atraso cambiario, una política de tasas altas que promueve la "bicicleta financiera", el señalamiento a los empresarios como responsables de la inflación, la vocación por interferir en las negociaciones salariales del sector privado y el mantenimiento de una elevada presión impositiva. También la reticencia a bajar el gasto y la convicción de que la obra pública debe ser la locomotora de la economía, para compensar la falta de inversión porque –como decía Cristina Fernández deKirchner– los privados "no la quieren poner".

Pero acaso uno de los mayores parecidos sea una política que empezó a aplicarse en las últimas semanas, y que hace recordar al momento en que Fernández habló sobre una etapa de "sintonía fina" en su modelo.

Ocurrió al inicio de su segundo mandato, y no resultaba fácil de entender, porque esa política mezclaba herramientas ortodoxas junto a medidas intervencionistas.

Fue de aquella época el intento de recortar los subsidios a la energía (un plan ambicioso en el cual se aspiraba a recortar gastos por US$ 16.000 millones, luego dejado sin efecto por temor a un rechazo popular). Había cierta intención de morigerar el frente fiscal, pero al mismo tiempo medidas distorsivas como los primeros controles al dólar y una intromisión en las empresas privadas, forzando a reinversiones compulsivas y con intentos de imponer criterios de ajuste salarial.

Fernández justificaba esa política con el argumento de que el modelo –que había recibido el espaldarazo de la reelección– estaba acertado en sus grandes líneas, pero que necesitaba ajustes en algunos detalles sectoriales, donde se requeriría el ojo experto del gobierno para gestionar problemas o ineficiencias.

En definitiva, no muy diferente del diagnóstico que el macrismo hace del momento actual.

Una sintonía fina PRO

Las últimas medidas del gobierno de Mauricio Macri han dejado en claro que el gobierno no percibe la necesidad de correcciones en las grandes líneas, y que, a lo sumo, procurará resolver con intervenciones sectoriales los problemas de competitividad derivados de la situación macro.

Es clara esa postura en el tema cambiario. Mientras la cotización del dólar se desploma por debajo de 16 pesos argentinos y ya, en términos reales, el tipo de cambio no difiere mucho del que había dejado el kirchnerismo, el gobierno rechaza cualquier acusación de "retraso cambiario".

Pero esto no significa que se desconozca el problema de la pérdida de competitividad, algo sobre lo cual los industriales machacan en cada foro de negocios. Las muestras sobran. Argentina cae en todos los rankings sobre este punto.

Para botón de muestra, el Indec infoma que la industria metálica básica siguió cayendo a un ritmo de 12,6% anual en diciembre. Y se siguen perdiendo empleos en ese sector, motivo por el cual la central sindical CGT convocó a un calendario de protestas que arranca con una manifestación frente al Ministerio de Industria.

Y mientras tanto, crecen las filas de argentinos yendo a comprar electrodomésticos baratos a Chile, donde los precios pueden ser menos de la mitad de lo que se cobra en el mercado local.

El diagnóstico oficial también incluye la necesidad de un recorte en el déficit fiscal, algo que nadie discute. Pero no se ve por ningún lado la posibilidad de un alivio en la presión impositiva, una de las medidas reclamada a gritos por las gremiales empresariales.

Y, mientras los funcionarios se congratulan de que se crearon las condiciones para que el país vuelva a crecer, por lo bajo se quejan de la escasa predisposición de los empresarios a hundir capital y aumentar su nivel de inversiones.

Los remedios sectoriales

Es entonces que, para mejorar la rentabilidad de sectores agobiados por la pérdida de competitividad, no se habilita ni una rebaja impositiva, ni un cierre comercial ni mucho menos una devaluación, pero sí se busca generar mesas de diálogo en las cuales se analicen medidas específicas de apoyo.

Se trata de un mix de medidas administrativas, promesas de mejora en infraestructura, contención de costos salariales, alguna eventual medida que privilegie la compra de producción local.

El caso piloto fue el acuerdo de flexibilización laboral en el yacimiento petrolero de Vaca Muerta, y actualmente se intenta aplicar la receta a la industria automotriz.

En el listado oficial se quiere seguir con los sectores textil, electrónico, metalúrgico y aeronáutico.

Además, en el consumo masivo, medidas de índole comercial. Se empezó con las medidas para "transparentar" las promociones con crédito. Y hay versiones sobre intentos de bajar el costo de intermediación en los shopping centers, donde el porcentaje que los comerciantes deben resignar para el centro comercial está en el entorno de 15%, el triple del promedio regional.

Efectos colaterales

Pero hasta ahora, esa etapa de ir por la "sintonía fina", mientras persisten problemas de fondo en el plano fiscal y cambiario, está revelándose difícil.

El acuerdo en el sector automotor está complicado. El gobierno quiere promover la mejora de la competitividad mediante una baja en las cargas sociales patronales, así como una flexibilización de las condiciones de trabajo, lo cual encuentra resistencia sindical.

El objetivo de integrar mayores autopartes nacionales es más difícil de lo que parecía en los papeles. Y el propio mercado internacional conspira contra la producción local, en un momento en el cual en el exterior cae la demanda por autos argentinos y en el mercado local aumenta la oferta de importados.

Lo cierto es que los primeros contactos tripartitos no dejaron ver gran entusiasmo.

También, como le ocurrió en su momento a Fernández, está mostrando dificultades la política de combatir la inflación por la vía de la contención salarial. Hay un clima de creciente conflictividad y, por otra parte, el propio Poder Judicial está trabando esa política, al dictaminar que es ilegal la interferencia oficial en el acuerdo salarial de los bancarios.

La compensación a estos problemas es que, con un semestre de retraso, están apareciendo los primeros "brotes verdes". Pero el gobierno sabe que ese tímido rebote debe ser apuntalado, sobre todo si aspira a que la economía juegue a favor en un año electoral.


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