La soledad: sus efectos sobre el organismo

Estudios confirman que podría ser peor para la salud que la obesidad o la polución
La soledad no solo puede resultar desagradable: también genera depresión, altera el sueño, e incluso puede matar. Sin embargo, los científicos creen que se generó durante la evolución humana porque era algo bueno. Y a veces lo sigue siendo.

Pero hay evidencia abundante de que estar solo arruina la salud. En un estudio reciente, el riesgo de morir en un período de dos décadas era un 50% más alto para los hombres solitarios y un 49% para las mujeres en comparación con aquellos que no se sentían solitarios. Según investigaciones, la soledad puede ser peor para la longevidad que la obesidad o la polución.

Según el neurocientífico John Cacioppo, de la Universidad de Chicago, la soledad evolucionó para protegernos. Él la compara con el hambre: "cuando estás hambriento, tu atención se centra en buscar comida. Pensamos que la soledad es un estado aversivo que nos motiva a prestar atención a las relaciones sociales".

El dolor de la soledad, considera Cacioppo, puede haber motivado a nuestros antepasados a buscar el contacto con otros miembros de sus tribus – y por lo tanto mejorar sus opciones de supervivencia y transmitir sus genes.

Los estudios sugieren que el hecho de qué tan solitaria se sienta una persona puede tener un componente genético; tales hallazgos implican que la soledad tiene orígenes genéticos y puede ser hereditaria.
La soledad tiene orígenes genéticos y puede ser hereditaria.

Un componente genético explicaría por qué no tener amigos no provoca el mismo malestar a algunas personas que a otras. Uno de los genes responsables es el receptor de la oxitocina. Generalmente llamada la hormona del amor, la oxitocina incrementa los sentimientos maternales, ayuda a la gente a relacionarse con otros e incrementa la confianza en el resto.

Según Cacioppo, la existencia de diferentes genotipos tiene sentido desde un punto de vista evolutivo.
Para nuestros ancestros, la seguridad estaba en los números, así que la evolución favoreció a aquellos que buscaban el contacto con otros –y por eso predominan genotipos como el GG, que posee el receptor de oxitocina más habitual. Por otra parte, el grupo también necesitaba gente que no se sintiera tan mal por quedar sola, aquellos que estaban disponibles para explorar y aventurarse en lo desconocido– que acarrean el genotipo AA, actualmente poseído por un 15% de la población mundial.

Pero incluso aunque la soledad haya sido adaptativa en el pasado, es perjudicial en el siglo XXI.
Los estudios demuestran que las personas solitarias tienen dificultades para dormir. Hace miles de años, ese comportamiento podía ser útil para enfrentar la aparición repentina de un depredador; hoy en día, simplemente nos vuelve somnolientos durante el día.