La suerte del gobierno está echada

Ejecutivo proyecta un 2017 de recuperación económica y obras; pero antes, en los últimos días de este año, se juega una parada importante
Como Julio César al frente de sus legiones, el gobierno espera cruzar el Rubicón con tres bolillas que están viajando en el aire y cuyo lugar de caída puede decir algo acerca de la suerte futura del gobierno de Tabaré Vázquez.

Luego de dos años complicados para la tercera administración frenteamplista –en 2015 brotó la conflictividad puertas adentro y en 2016 tuvo que enfrentarse a turbulencias naturales inesperadas–-, el gobierno entiende que ahora es el momento de soltar el peso pasado y hacer un cambio que permita avanzar en otras direcciones.

"Venimos de unos años que se han hecho complicados porque se frenó el proceso económico y eso coincidió con un cambio de gobierno. Y la verdad es que cuando debía realmente arrancar este último período de gobierno nos encontramos con un 2016 que tuvo características muy especiales", dijo a El Observador el ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi. El jerarca entiende que este año el país pasó por situaciones nunca antes vividas y que afectaron los planes del gobierno.

"Tuvimos de todo: tornados, inundaciones y hasta un terremoto. Hay obras que existían desde siempre que fueron afectadas. Perdimos dos puentes de los nuevos o de los que en mejores condiciones estaban y que estamos procurando sustituir. Perdimos 100 días en materia de obras. Es todo un récord en esa materia. Ha sido muy difícil arrancar por dificultades propias y por las condiciones que se dieron en el país", comentó el ministro.

Sin embargo, el 2017 promete otra cosa en los ojos del gobierno. La perspectiva y los signos de recuperación económica que Vázquez y su equipo han anticipado fundamenta ese optimismo que alguno de los integrantes del gobierno transmiten por lo alto."Uruguay ya está recorriendo un camino de reactivación que se va a expresar con el comienzo mismo del año 2017", aseguró Rossi.

Además de las proyecciones de crecimiento económico, el 2017 será clave para concretar un conjunto de obras de infraestructura, algunas de las que ya están en marcha, otras que están planificadas y otras que piden cancha.

Pero el destino se empezará a digitar a partir de esta semana, cuando el gobierno tome decisiones importantes que comprometen a tres proyectos que el Ejecutivo defiende a ultranza. La posible instalación de una nueva planta procesadora de pasta de celulosa en el centro del país, la construcción de una regasificadora en Montevideo y la posibilidad de avanzar en un tratado de libre comercio con China son las grandes apuestas del gobierno.

Tres casos diferentes pero que, a su modo, tienen al menos un elemento en común: el gobierno debe trabajar para su concreción pero su factibilidad no está enteramente en las manos del Ejecutivo, sino que depende de variables externas que afectan y moldean cada una de esas situaciones.

UPM

La construcción de la tercera planta de celulosa en el país –segunda de la empresa UPM– generará la inversión extranjera más importante que haya recibido Uruguay. Sin embargo, cuando el presidente Vázquez hizo el anuncio, aseguró que la concreción de esa oportunidad dependía en gran medida de la capacidad del gobierno de dar respuestas a un conjunto de exigencias que la empresa antepuso a su desembarco. En su mayoría esas demandas referían al mejoramiento sustancial de la infraestructura del país, lo que compromete mejoras portuarias, viales y férreas.

Para tales efectos, Vázquez aprovechó algunos viajes que tenía programados –como a China– e incorporó otros en su agenda –España y Brasil– para intentar captar la atención de inversores que estuvieran interesados en hacer obras de infraestructura en Uruguay.
Cuatro meses después del anuncio presidencial existe la convicción en el gobierno de que la bolilla de UPM caerá sobre la palma de la mano; el país estará a la altura de las circunstancias y podrá hacer frente a las exigencias de la empresa.

Regasificadora

Mientras que en el caso de UPM la porción mayoritaria de la inversión (US$ 4.000 millones) correrá a riesgo de la empresa, para la construcción de la regasificadora es el Estado el que hace una apuesta fuerte (de al menos US$ 600 millones). Por esta razón es que el gobierno estudia si esa inversión será redituable, en función de los posibles socios que aparecen.

En principio el gobierno miró para el otro lado del río, pero las negociaciones entre el gobierno uruguayo y su par argentino para que empresas estatales de la vecina orilla aseguraran la compra de excedentes de gas natural que se originen en una futura regasificadora no prosperaron.

Ahora la concreción del proyecto depende fuertemente de un eventual acuerdo que pueda cerrarse con la multinacional Shell, que fue la única que se presentó al llamado vinculante que culminó hace un par de semanas."Todo va a depender mucho de lo que vamos a conversar con Shell, afirmó el presidente Tabaré Vázquez en conferencia de prensa durante su gira por España.

A fin de octubre, Vázquez y el presidente argentino Mauricio Macri mantuvieron la última negociación en Buenos Aires y no hubo acuerdo. Uruguay había planteado que Argentina se comprometiera, mediante la firma de un contrato, a comprar la totalidad de los excedentes de gas por un plazo no menor a 10 años. Pero esa propuesta no sintonizó con los planes de política energética de futuro que tiene Argentina.

El gobierno argentino ofreció comprar gas en momentos de pico de demanda que no pueda cubrir y por un período no mayor a cinco años. Pero esa posibilidad no convenció al gobierno uruguayo.
"En esa condición de vender solamente por los picos que ellos necesiten (por Argentina) y por cinco años, los números, así en esas condiciones a Uruguay no le cierran. Este gobierno no está dispuesto a transitar aventuras que pongan en riesgo los equilibrios macroeconómicos que el país tiene", dijo Vázquez, según el sitio web de Presidencia. En este caso, el destino de la bolilla trae incertidumbre.

TLC con China

El signo de interrogación también se reitera ante la posibilidad de firmar un acuerdo de libre comercio con China, con el que ambos gobiernos se comprometieron en octubre. En este caso, Macri mostró flexibilidad para que Uruguay pueda negociar un acuerdo por fuera del bloque. Sin embargo, la diplomacia uruguaya deberá convencer al resto de los socios del bloque y, fundamentalmente, tendrá que tener la luz verde de Brasil. Entre tanto, la bolilla sigue en el aire y los chinos, por ahora, esperan.

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