La tormenta perfecta

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

La caída de los precios de las commodities desde sus altos niveles de lo que algunos llamaron el superciclo, es un tema crucial para el Uruguay. Es importante entender qué pasó para poder vislumbrar lo que va a pasar.

El despegue de estos precios en la última década obedeció al doble efecto del ciclo natural (bíblico, diríamos) más el impacto de cuatro eventos de influencia global: Deng Xiaoping, en 1978, dejó a Mao y puso a China en la senda del capitalismo; en 1991, Singh en India abandonó a Nehru y orientó su país hacia el libre mercado; en 1994, en Marrakesh, terminó la Ronda Uruguay y Europa cambió su Política Agrícola Común; y en los años 2000 aparecieron los biocombustibles.

Con esto, de 2003 a 2013 los precios de nuestros productos volaron. Naturalmente debía llegar el ajuste cíclico normal: si empezamos el análisis con precios altos y stocks bajos, la producción se acelera porque los productores de zonas núcleo (buenos suelos cerca de puertos o mercados) aumentan su potencia tecnológica y entran productores marginales (peores suelos o mayores distancias al mercado).

Este crecimiento de la producción en forma acelerada sobrepasa el crecimiento de la demanda, suben los stocks, bajan los precios, salen de la oferta los marginales, caen los stocks y vuelven a subir los precios, y así sucesivamente.

En esta ocasión se dio la tormenta perfecta y el ajuste suave del ciclo se transformó en caída abrupta. Los factores especiales que se combinaron fueron: el clima fue excelente en todos los principales centros de producción durante cuatro zafras seguidas, lo que es rarísimo; el petróleo se desmoronó por el ciclo natural como toda commodity pero además por la nueva oferta del fracking de EEUU y porque Arabia Saudita por primera vez desde la formación de la OPEP en 1973 no redujo su oferta para defender los precios (prefirió usar sus bajos costos de producción para castigar a sus oponentes como los chiitas iraníes que se aprestan a volver al mercado con un millón de barriles diarios).

La caída brutal del precio del petróleo, que en casi todo el mundo llegó a los productores rurales, ayudó a que muchos marginales consiguieran seguir produciendo aun a precios más bajos gracias a la fuerte caída de sus costos por petróleo y derivados (fertilizantes, agroquímicos, fletes) más baratos.

A esto se suma un dólar más fuerte que se rebalancea en precios de commodities más bajos para que los valores en otras monedas se mantengan.

Por último se agregan las turbulencias financieras en China que sacudieron las bolsas e hicieron caer muchos precios como los de los bonos soberanos.

Lamentablemente, en nuestro país recibimos de lleno la caída de los precios y no vemos para nada la caída de los costos, que a nivel mundial es de similar magnitud. Además de eso, aquí los impuestos siguen altísimos y subiendo de una forma o de otra.

Incluso la suba del tipo de cambio, que es una ayuda indiscutible a la producción, es la mitad que en Brasil debido a las intervenciones de nuestro BCU, preocupado por una inflación en el límite aceptable. Y para colmo de males, nuestro clima golpeó con seca en el segundo trimestre de 2015 y exceso de agua en el cuarto.

Con esta situación, nos espera un 2016 peligroso. Pero levantando la vista, las perspectivas son brillantes. Los precios aun en medio de esta tormenta perfecta encontraron piso a valores más de 50% superiores a los históricos.

China en su nueva orientación hacia el crecimiento interno, demandará más alimentos que antes (aunque menos hierro o petróleo) porque una persona clase media urbana consume el doble de proteínas que un pobre rural; así China creciendo al 12% o al 7% consume 4 millones de toneladas más de soja cada ejercicio.

Además, al abandonar la política del hijo único, a los 16 millones de nacimientos anuales se sumarán 4 millones más y eso se va a sentir pronto.

¡Qué pena que nos gastamos el boom en agrandar el Estado, hacer malas inversiones y darle plata gratis a quienes no quieren trabajar y solo saben pedir derechos sin cumplir obligaciones! Ahora habrá que apretarse el cinturón, pensar y actuar como se debe y no como los progresistas imaginan que el mundo debería funcionar.