La Trampa y su público, de nuevo frente a frente

El regreso de la banda, con cuatro funciones agotadas, se transformó en un fenómeno popular; luego de ocho años, en marzo convocará a 14.000 fanáticos
El regreso de La Trampa parece haber despertado a una población durmiente. Una que estaba en silencio o dedicada a otras bandas. Una que seguía los proyectos solistas de cada miembro de la banda, con la esperanza de que el tiempo volviera a poner a sus miembros nuevamente en el mismo escenario, interpretando las canciones que marcaron su vida.

El 8 de setiembre la banda confirmó su vuelta a los escenarios con dos shows en el Teatro de Verano, el 24 y 25 de marzo. Se trata de un escenario importante para la banda, que los supo recibir desde los comienzos, en festivales como Rock de acá, organizado por X FM. Pero también fue el lugar que congregó a sus mayores audiencias: en marzo de 2006, presentando el disco Laberinto, agotaron tres funciones consecutivas.

Ese fue un hito que lograron superar en este regreso. Solo fueron necesarios cinco días para que los fanáticos agotaran los primeros dos shows programados por la banda. Lo mismo pasó con la tercera fecha –en cuatro días– y de nuevo con la cuarta –en cinco días–.

Este ritmo de venta de entradas sin precedente habla de la importancia que tuvo La Trampa para el público uruguayo. Habla de una banda cuya ausencia no hizo más que resaltar su falta y –tal vez– amplificar su mensaje hacia las nuevas generaciones. Pero habla con más fuerza de un grupo de miles de personas que se sienten identificadas con la banda, que la llevan aún, ocho años después de su separación, en sus camisetas, en sus trapos y en su corazón. Fueron ellos los que consolidaron a este regreso como un fenómeno contundentemente popular.

Los fanáticos

"La Trampa no es solo una banda de cuatro personas. También está la gente", así define este furor Marcelo Melgar, fanático y desde 2013 guitarrista de Toco y Obligo, banda tributo a La Trampa. "Hay gente que vive por La Trampa. Su motor en su peor momento fue la banda y lo sigue siendo. Y está de más que vuelvan también para esa gente. Esa gente es parte de eso. Viven a través de las canciones, de todas las letras".

Lo que siguen son testimonios de tres de esos fanáticos, que mantuvieron la llama viva y revivirán parte de su historia en el Teatro de Verano.

"Eran cuatro tipos detonándote la cabeza y dándole de bomba"

Marcelo Melgar La Trampa

Lo que conquistó a Marcelo Melgar (30 años) fue el sonido de la guitarra. Su padre, consciente de su fanatismo por el Cuarteto de Nos, le presentó la otra banda del baterista Álvaro Pintos con la canción –grabada de la radio en casete– Ahuyentando el miedo, una versión de Zero que aparece en el disco Resurrección. "Fue el arranque de la guitarra, que es como una cabalgata. Y después la voz, que es insuperable en Uruguay", cuenta Melgar. "Yo siempre digo que la guitarra es como una piña en la cara. No te la esperás y te sacude. Eso fue lo que me pasó con esa canción".

Desde entonces La Trampa se transformó en su banda de cabecera y le debe tanto a Garo Arakelian como a Riki Musso su interés por la música en general y la guitarra en particular. "A raíz de ellos dos yo agarro la guitarra. Pero creo que antes de guitarrista soy fan", afirma.

Comenzó a seguir a la banda cuando todavía era menor, y entraba a boliches acompañado por su padre. La primera vez que los vio fue en el desaparecido escenario La Comisaría, donde tocaron temas del disco Caída libre. "Recuerdo cómo sonaba. Me pasó lo mismo que escuchar ese casete: me gustaba que tuviera la fuerza y la suciedad del metal, con la estructura del rock and roll. Y la voz de Ale (Spuntone). Eran cuatro tipos detonándote la cabeza y dándole de bomba. Eso era lo principal".

Desde entonces siguió a La Trampa por distintos escenarios, pero con la salida de El mísero espiral del encanto (2008) le perdió la pisada a la banda y dejó de ser un asiduo.

Luego de la separación, en 2013, Melgar y su amigo Maximiliano Aguiar –sobrino de Álvaro Pintos– decidieron revivir el fanatismo y formaron la banda tributo Toco y Obligo, con la cual se comprometieron a sonar a la par de sus ídolos. Y en seguida (en su segundo show realizado en Bluzz Live) recibieron el sello de aprobación de Arakelian y Spuntone. "Me acuerdo que para el segundo tema ya estaba Garo prendido de la baranda donde yo estaba tocando. Y me dijo: 'Muchas gracias por lo que están haciendo, cómo están sonando'. Fue algo impresionante", cuenta el guitarrista. "Haber podido conocerlos refuerza lo que yo sentía con las canciones".

Para su siguiente toque se apersonó toda la banda, incluyendo los dos bateristas, Pintos e Irvin Carballo, y su stage, Rafael Trabal. "Hicimos temas que ellos te decían que no se acordaban cómo tocarlos. Y la gente explotaba", recuerda Melgar. Incluso, más adelante, llegaron a trabajar con el sonidista originar de La Trampa, Javier Bulba.

Toco y Obligo (junto a Ale Spuntone y Alvin Pintos) - Caída Libre & Mar de Fondo

Subirse al escenario para tocar las canciones de la banda que lo inspiró a aprender guitarra le hizo ver que el mismo sentimiento que le generaba revivir este repertorio tenía eco en el público. "Creo que La Trampa habló de muchas cosas que muchos pensamos y las dijeron de cierta manera y acompañados de una música que movilizaba. La gente se identificaba con eso. No los perdimos porque los discos estaban, pero sí se perdió la costumbre de juntarse con la barra de amigos, hacer la previa antes del toque, ir, charlar con ellos porque son muy accesibles. Ver dónde tocan y seguirlos. Yo creo que esas cosas forman la personalidad y los mejores momentos de uno". La banda, según afirma, mantuvo viva la llama para toda la comunidad de seguidores de la banda.

Pero Melgar no solo tuvo la oportunidad de invitar a sus ídolos a subirse al escenario junto con Toco y Obligo, sino también pudo cerrar círculo del fanatismo cuando Spuntone convocó a Melgar para tocar en su banda, El Resto de Nosotros. Actualmente forma parte de la banda como segunda guitarra. "Fue como un premio a todo el trabajo, dice el músico.

El regreso de La Trampa fue algo que podía imaginar, pero de cualquier manera lo tomó por sorpresa, sobre todo si se considera que ensayaba casi todas las semanas con Spuntone, quien no había dado ninguna pista de sus planes. "Yo me enteré como todo el mundo: estaba en España y mi hermano me mando la noticia por Whatsapp. Pensé que era una joda".

Luego de conocer la novedad, Toco y Obligo –como banda tributo– dio por finalizada su actividad. Sin embargo, no descartan continuar tocando, esta vez con música original. "Implicó terminar el ciclo de una banda porque volvieron los que querías que volvieran", dice Melgar. "En definitiva Toco y Obligo era eso: citar a que vuelvan. Miren todo lo que la gente los quiere. Vuelvan".

"Para mí jamás se fue"

Adriana Machado La Trampa

Para Adriana Machado (47 años), La Trampa representa un refugio y una salvación. Es, también, la banda con la que creció.

Conocía a Álvaro Pintos y comenzó a seguir a sus dos bandas, pero terminó quedándose con La Trampa. "La música me gusta toda, pero fueron las letras, su postura a la hora de hacer una canción o hacer un toque. Tienen su estilo y eso no ha cambiado", afirma.

Machado se hizo fan de la banda y asistió a todo show que su maternidad le permitía (su hija nació en 1990, como La Trampa); es la primera función de presentación del disco Laberinto, en el Teatro de Verano, el espectáculo que más recuerda y valora. "Fue la primera vez que fui a un toque sola. Estaba sola, pero dejó de existir el mundo para mí. Era La Trampa y yo. El resto no contaba", recuerda. Ese show, además, se realizó en un momento difícil para ella. "Sentía que tenia que hacer algo para salir de eso. Y la música siempre es un refugio, es algo que sentís tuyo y te identifica. Fue una salvación", explica.

De aquel show también atesora la entrada y un recorte de prensa: una fotografía de Spuntone en el escenario cuya leyenda versa: "Alejandro Spuntone, vocalista de La Trampa e hincha de Peñarol". "Lo cuido como oro", cuenta Machado. "El papel ya está amarillo. Me he mudado y lo primero que guardo es ese recorte".

Durante su separación, Machado continuó siguiendo a las bandas de los integrantes, pero afirma que La Trampa siempre se extrañaba. "Para mí jamás se fue. Toda entrevista que salía de Garo la leía y la escuchaba, a ver si podía decir algo sobre La Trampa", cuenta. "Pero iba a ver a Spuntone y Mendaro y no había un show donde alguien no gritara 'Que vuelva La Trampa'. Eso me generaba vergüenza ajena, no me gusta eso".

Para el regreso, Machado tiene entradas para los tres primeros shows. Para el último no consiguió. "Vi a muchas bandas en vivo, pero lo que siento por La Trampa ninguna otra lo genera", concluyó.

"La gente que piensa que va a ver a la vieja Trampa va equivocada"

Daniel Núñez La Trampa

Daniel Nuñez (45) luce una remera de La Trampa y un tatuaje del logo de la banda en su antebrazo. Es de los fans que mantuvieron el cariño siguiéndola en sus proyectos, y concurriendo a toques de Toco y Obligo. También es de los que soñaban con el regreso de La Trampa. "En el fondo de mi corazón me la venía venir. ¿Por qué? Porque tus sueños te darán lo que la vida no te da", dice, citando el tema Muere con la sonrisa.

Nuñez escuchó por primera vez a la banda en el programa Rock de acá de Varo Coll en X FM, con las canciones Dulces tormentos y Arma de doble filo. Al poco tiempo se fue del país y para cuando volvió, en 1994, el primer disco de la banda ya estaba en la calle. "Cuando salió el disco Toca y obliga, como decía Lemmy de Mötorhead, fueron los mejores toques de mi vida, solo que recuerdo muy poco. Aparte de que era un gurí, bebía bastante", cuenta el fanático. En su recuerdo quedan shows en el Cine Teatro Plaza, una seguidilla de tres presentaciones en el Teatro Astral y en el Teatro Don Bosco. Como Machado, su mayor recuerdo es de 2006, en el Teatro de Verano, pero tiene en su memoria un evento particular en el Teatro Astral. "Me acuerdo que había dos pisos, y la gente que estaba en el de arriba empezó a cantar 'Los cumbieros son todos putos'. Y Garo Arakelian paró el toque y pidió que la gente no cantara más. 'Porque acá somos todos iguales y no hay que insultar a nadie para sentirse mejor'. Y la gente lo recibió con un gran aplauso. Garo es un arma de doble filo, te envenena, pero el veneno es un remedio, porque te hace pensar", cuenta.

En este sentido, para Núñez la banda es importante para él porque tiene algo algo para decir. "No creo que tengan compromiso de decir nada; el compromiso es con ellos mismos. Lo que pasa es que nosotros también tenemos la necesidad de escuchar lo que tienen para decir". Para Núñez la banda esperó el momento para volver cuando tuvieran cosas para decir. "Había que tener paciencia y esperar. Yo creo que La Trampa nos va a dar mucho más de lo que nos imaginamos", afirma. "La gente que piensa que va a ver la vieja Trampa va equivocada. No tienen ni idea de lo que van a ver. Yo tampoco".

Núñez compró entrada para las cuatro funciones, pero solo asistirá a la primera; el resto las repartió entre sus tres hijos.

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