La última mohicana de Europa

El establishment occidental cifra sus esperanzas en un cuarto mandato de Angela Merkel
Con Angela Merkel una vez más en carrera para las elecciones del año que viene en Alemania (las que de ganar, le sumarían un cuarto mandato a su ya longeva estadía en el poder), medios de toda Europa y Estados Unidos la han señalado como "el último bastión del liberalismo en Occidente", ante la embestida de los populismos y los nacionalismos en todo el mundo desarrollado.

Desde The New York Times hasta el B.Z. de Berlín, pasando por El País de Madrid y varios rotativos italianos, los principales periódicos del mundo han hecho esa lectura de la canciller alemana como garantía de ciertas certezas en el orden global, hoy amenazado por la revuelta populista y las incertidumbres que ha dejado su expresión en las urnas.
Es cierto que ante la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, la del brexit en el Reino Unido y el ascenso del nacional-populismo y de los populismos de izquierda en países como Francia, Holanda, Austria, Italia y España, Merkel aparece como un paladín de la sensatez y la mesura.
Pero no deja de ser curioso que los mismos columnistas (incluso, editorialistas) que antes la criticaban por inflexible en temas fiscales y cuestionaban duramente sus dictámenes a Bruselas en materia de austeridad, ahora la vean como la salvadora de un statu quo que ya no parece tan desastroso ante la perspectiva de lo que podría remplazarlo.

Lo que está en juego con las amenazas de candidatos y movimientos populistas que han capturado el sentimiento anti-establishment es precisamente eso: como señaló el historiador holandés Ian Buruma, se trata de una lucha entre los beneficiarios del mundo globalizado (podría decirse, las élites, en su sentido más amplio) y las masas postergadas que se sienten dejadas de lado en el proceso de globalización y en el orden internacional que en el mundo se dio desde la posguerra.

Desde luego, en esos países los medios forman parte de ese establishment y también tienden a sobrerreaccionar, más allá de los temores lógicos que estos políticos pueden suscitar.
Todo podría resumirse en el viejo adagio de "más vale malo conocido que bueno por conocer".
Y, al parecer, todo vale en pos de esa consigna: mentir, descalificar, exagerar, inventar.

Por momentos, todo parece haberse desvirtuado. La política es una riña de gallos, los ánimos se crispan entre la opinión pública, las divisiones se profundizan y los medios desinforman.

Es demasiada distorsión para encomendarle su enmienda a un cuarto mandato de Angela Merkel en Berlín. Más bien harían bien las élites en reconocer el problema y atacarlo, en lugar de atacar a los mensajeros que a modo de señal parecen enviar los electorados.

Contra la inmigración

En Estados Unidos, Trump ha rasgado en el sentimiento antiglobalización y en el rechazo a los tratados de libre comercio. En el Reino Unido, los líderes del brexit hicieron lo propio, además de poner el acento en la resistencia de las mayorías a la burocracia internacional.

En los demás países europeos donde el populismo asoma con fuerza inusitada es como un juego de espejos de esa situación. Y todos sin excepción, desde Estados Unidos hasta Hungría, abrevan en el sentimiento antimigratorio.

No son temas sencillos de abordar. El mundo vive una etapa de transición, en la que la globalización, los avances tecnológicos, la robotización, la llamada "uberización" de la economía y todos estos fenómenos de la revolución tecnológica, hacen que se pierdan millones de empleos. Eso se traduce en demasiada gente que pasa de las capas medias a la postergación social sin más trámite.

Al mismo tiempo, la globalización, como todos estos fenómenos, son procesos irreversibles. Hay una anécdota famosa de cuando Steve Jobs visitó a Obama en la Casa Blanca. El presidente le expresó su admiración por lo que el célebre innovador había logrado con Apple; pero le preguntó por qué todos sus dispositivos se producían fuera de Estados Unidos. ¿No había alguna manera de que esos empleos volvieran a suelo estadounidense?
Jobs se le acercó un poco más y le dijo: "Señor presidente, esos trabajos no vuelven más".
Sin duda, la globalización es algo que no tiene marcha atrás. El caso es que el mundo no ha generado las protecciones sociales para esa gente que se queda sin trabajo y en la ruina. En algún momento, tal vez en el último cuarto de este siglo, ya no va a ser necesaria la mano de obra humana. Pero eso no quiere decir que quienes desempeñaron esas tareas se conviertan en parias de la sociedad.

En algún momento deberá surgir la corrección. Y no hay mucho tiempo para pensarla y ponerla en práctica. Mientras tanto, las élites deberían pensar en ello. En lugar de atacar a las expresiones que surgen de esas angustias. O cifrar todas sus esperanzas en un cuarto mandato de Angela Merkel.

El frente interno

Por lo demás, a pesar de que la canciller alemana mantiene altos índices de popularidad, su victoria no se puede dar por descontada.

La sociedad alemana está profundamente polarizada. Su partido, la conservadora Unión Demócrata Cristiana (CDU) sufrió varios reveses electorales en el último año; mientras que la derecha populista antiinmigración del partido Alternativa para Alemania (AfD) continúa en ascenso desde la crisis de los refugiados el año pasado, cuando cerca de 900 mil asilados entraron a Alemania lo que hizo saltar las alarmas entre la población más reacia a los flujos migratorios.
Justamente lo que le ha dado un renovado aire de popularidad a la figura de Merkel en Alemania han sido los temores que despierta Donald Trump en la Casa Blanca, por la misma polarización que se registra entre los alemanes.
Merkel transmite esa imagen de seriedad, moderación y aplomo que la mayoría de los germanos todavía esperan de sus gobernantes. Pero la puerta de salida de votos de la CDU sigue estando a la derecha, y van hacia el AfD.

Por su parte, la izquierda de Die Linke también se ha fortalecido.

Y así, Merkel no la tendrá tan fácil para renovar el mandato de quien indudablemente es hoy la líder más influyente de toda Europa y la mujer más poderosa del mundo.

Acumulación de poder sin alternancia

Lleva 11 años en el poder y ahora aspira a permanecer cinco más en la cúspide de la política alemana. Angela Merkel, la nueva 'dama de hierro' de Europa, "la muchacha" que en 1990 llegó de Alemania Oriental para integrar el gabinete de Helmut Kohl, se propone emular a su mentor, el canciller alemán que más años estuvo en el poder (16) en la Alemania de posguerra, e incluso superarlo al estar 17 años.

De ser reelecta, Merkel consolidará un poder enorme por un período muy prolongado, algo que en otros países como Venezuela, Nicaragua, Ecuador o Bolivia muchas veces es ampliamente cuestionado.

Parece demasiado tiempo para una líder que ha dicho que "la democracia vive de la alternancia".
Sin embargo, entre los alemanes conserva elevados índices de popularidad, en torno al 50%, y sin dudas será un hueso duro de roer para cualquiera que salga a disputar su liderazgo.
Habrá de enfrentar, no obstante, los embates de la derecha y de la izquierda.
Su política de refugiados la hará blanco de la prédica más radical de la derecha antiinmigrante, al tiempo que su nulo reconocimiento del sentimiento de postergación social que ha propiciado el ascenso de los movimientos populistas en Europa será un filón para los ataques de la izquierda que crece en ese descontento.

Pero es precisamente por la amenaza populista en el Viejo Mundo y por la victoria de Donald Trump en Estados Unidos que Merkel concita ahora el mayor apoyo a nivel internacional.

El propio Barack Obama le dio hace unos días un importante espaldarazo a domicilio, Bruselas la respalda a ultranza y quienes antes la criticaban por su manejo austero de la economía europea ahora la ven como la última esperanza ante la avalancha de movimientos y líderes radicales en todo Occidente.
De ganar, Merkel habrá de hacer frente a un mundo que se perfila de momento muy diferente para los intereses de una Europa en la que ella ha podido con algunas luces pilotear la crisis.
En cualquier caso, todo parece indicar hoy que Merkel se alzaría cómodamente con ese cuarto mandato. Aunque el apoyo del establishment europeo y todo el respaldo internacional que ahora recibe podría, llegado el caso, jugarle en contra.

Se vio en el Reino Unido, con el triunfo del brexit; en Estados Unidos con Trump y en Colombia, con la derrota en plebiscito de los acuerdos de paz.

Y así, todo está hoy en el aire, para Alemania y para toda Europa.

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