La últimas páginas de Frederick Forsyth

El escritor inglés cuelga los botines con El intruso, un libro de memorias donde narra su vida como piloto, periodista y espía del MI6
Aunque inglés de pies a cabeza, Frederick Forsyth pertenece a esa estirpe de británicos que se han pasado más tiempo fuera de Inglaterra que dentro de ella. De niño vivió en Francia y Alemania, de joven estudió en España y de adulto visitó los más diversos países, como periodista primero y luego como espía al servicio del MI6.

Esa sed insaciable de ver mundo es la que lo llevó durante décadas a visitar puntualmente cada uno de los lugares en donde se desarrollaban sus novelas. A los 78 años, por pedido expreso de su mujer, Forsyth ha decidido no viajar más, y para no romper con la tradición, también ha dicho que no escribirá más libros.

El intruso es, por tanto, el final de un camino. Títulos como El día del Chacal, El archivo de Odessa o Los perros de la guerra lo convirtieron en un fenómeno de ventas y las posteriores adaptaciones cinematográficas cimentaron definitivamente su fama.

Meticulosas, detalladas, llenas de circunstancias, estas memorias encuadran perfectamente en el estilo literario de Forsyth, poco propenso a la metáfora en sus novelas, generalmente didácticas y llenas de datos útiles. Un estilo algo frío pero muy efectivo que, él mismo dice, heredó de su época de periodista.

Y es que todo en la vida de Forsyth parece fruto del binomio causa y efecto. Sus días de infancia en el extranjero hicieron que desarrollara el gusto por los idiomas, lo que luego le abriría varias puertas. El tener un padre comprensivo le permitió transformarse en piloto de avión de la fuerza aérea británica cuando solo tenía 17 años. Ser periodista lo empujó hacia la escritura y los temas de sus novelas lo llevaron directamente al MI6.

El libro cuenta cada una de estas etapas y los lazos que las unen, mientras como telón de fondo se desarrolla en cámara lenta la guerra fría y comienza a ser obvio para el mundo el calvario africano, con sus niños escuálidos de barrigas hinchadas y ojos famélicos.

Al no poder combatir como piloto pues había terminado ya la segunda guerra mundial, Forsyth se hizo periodista y fue corresponsal de la agencia Reuters en la Alemania comunista. Leer esos capítulos resulta emocionante, tanto por la peripecia vital del autor como por el fantástico fresco de época que traza. Hay una anécdota genial, donde cuenta de que forma los servicios del régimen trucaban los televisores para que los ciudadanos no pudieran sintonizar los canales que llegaban del otro lado del muro, de occidente.

De vez en cuando, también hay que decirlo, Forsyth muestra la hilacha. Se revela como un ferviente anticomunista durante todo el libro, ataca sistemáticamente al partido laborista inglés, critica la figura de Salvador Allende y se muestra bastante sobrador con sus vecinos franceses. Nada raro en un hombre que cree que Snowden es un traidor con mayúsculas y que opina sin reparos que el fin justifica los medios.

Más allá de estas confesiones políticas, el libro se lee con agrado de principio a fin gracias al enorme poder descriptivo de la prosa de Forsyth, que traslada al lector al escenario donde ocurren los hechos. Si en Alemania todo es hielo, disimulo e intriga, en África los protagonistas son el calor, la sangre y el horror de la miseria extrema.

Pero también hay escenas de amor con mujeres exóticas, borracheras memorables, diálogos magistrales, cabriolas increíbles del destino y un sinfín de anécdotas jocosas.

De los más agradable del libro son los pasajes donde Forsyth revela su pasión por los aviones y su lucha por llegar a pilotar uno. Aviones con motores Rolls Royce, pájaros diseñados para la libertad antes que para la guerra.

El intruso es, además de un buen libro, un final digno para un autor que marcó época.

El intruso - Frederick Forsyth

Editorial: Penguin Random House
Páginas: 349.
Precio: $ 490


Acerca del autor

Andrés Ricciardulli