La vaca les gana

Con libertad económica e innovación, se puede retomar el crecimiento
Uruguay se sigue quedando sin ovejas. Y ahora empieza a quedarse sin vacas. Es una ironía del destino que a una semana de aparecer los datos del censo anual de vacunos y ovejas que nos muestran que el sector principal de la economía uruguaya está atravesando un tiempo adverso sea el momento de homenajear a aquel de nosotros que en el momento más difícil de la historia de la ganadería uruguaya transmitiera con cuatro palabras la confianza que se necesitaba con urgencia. La vaca les gana.

Para muchos uruguayos de la ciudad puede que signifique poco. Pero en el último año Uruguay disminuyó su cantidad de vacas y ovejas. Es decir que disminuyó su capacidad de producción de terneros y corderos. Y es algo que a todos debería importar. Uruguay es por lejos el país del mundo con más vacunos por habitante. Es muy difícil que al país le vaya bien si a la ganadería le va mal. Y a la ganadería no le está yendo bien.

Pensaba desmenuzar los datos que permiten sostener sin ambigüedad que la ganadería está en problemas y necesitando con urgencia un shock de confianza. Planificaba un esfuerzo por convencer a gobierno e industria sobre la necesidad de darle certezas al productor sobre por qué es de enorme importancia construir un futuro más promisorio para la pecuaria. Al fin y al cabo, en el mundo nos conocen hoy por dos actividades: el fútbol y la ganadería. Y es posible que en 2018 tengamos una vez más a la celeste en un Mundial. Pero al mismo tiempo, la cantidad de vacas y terneros en caída, los precios cada vez más inciertos, la confianza entre quienes participan de la cadena cada vez más débil.

Prefiero homenajear al gran liberal que lucha por su vida. A aquel que tomó el gobierno en un contexto terriblemente adverso, recibió el sopapo de la aftosa y justamente en esos tiempos dificilísimos dio la señal más clara. Aquel que antes de ganar y ser presidente, perdió una elección por proponer vender el oro e invertirlo en "la educación de los muchachos".

En un país generalmente adverso al riesgo, siempre ha provocado intelectualmente. Heterodoxo, irreverente, fue el primer político de fuste en decir lo que en aquel momento era casi suicida: la prohibición de la marihuana no tenía sentido. Entre la ventaja política y la honestidad intelectual, siempre la verdad por delante. Pero sobre todo era el que en campaña electoral hacía soñar con un crecimiento de las exportaciones que nadie se atrevía a soñar y luego llegó.

Era el que le daba al agro la importancia que otros políticos no veían y el que schumpeterianamente llamaba a innovar, a quebrar paradigmas, a salir del Uruguay anodino que era democrático pero seguía estancado en tantos aspectos. Si hoy Uruguay tiene una oportunidad por delante como hace décadas no ha tenido es entre otras cosas porque Jorge Batlle puso a la ganadería en la pista de despegue luego de haber padecido el desastre de la aftosa.

Esperemos que la vida gane, esperemos que por muchos años podamos tener el privilegio de concordar o discrepar con una inteligencia brillante, chispeante y atrevida. Y de paso observemos que esa ganadería que al final de su gobierno era un cohete conquistando nuevos horizontes se está quedando sin combustible y apuntando en sus principales indicadores gradualmente hacia abajo. La vaca es el gran capital capaz de sacar a Uruguay de cualquier crisis. Pero los datos que están emergiendo requieren que le prestemos su debida atención.

Con libertad económica e innovación, aquello que Batlle siempre ha pregonado, innovación de la mucha que sigue ocurriendo en la ganadería uruguaya se puede retomar el crecimiento aún en un país que precisa acelerar la dada vuelta del ciclo económico y retomar tasas importantes que tuvo durante la mayor parte de este siglo.

Pero en la construcción de confianza hay problemas evidentes que deben ser saldados porque luego de construir la trazabilidad, el posicionamiento global, el reconocimiento generalizado, dejar caer a la ganadería es un lujo que Uruguay no puede darse.

Es nuestra obligación ética y económica sostener la frase que ya es parte de nuestra cultura. Larga vida a aquel que en el momento más difícil convenció al país entero de que la vaca nos hará ganar.

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