La vaca nos salva

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario

Por Lautaro Pérez Rocha (*), especial para El Observador

Uruguay debería aumentar y hasta duplicar su stock de ganado y producción a pasto de carne vacuna. Lo mismo los otros países de la región, el Cono Sur, con sus casi 300 millones de cabezas de ganado. "Es lo único que pueden realmente hacer para combatir el cambio climático".

Esta sentencia, con su estilo provocador y que chocaba contra el entendimiento predominante de que producir más va en dirección contraria al desarrollo sostenible, me la comentó Allan Savory mientras recorríamos unos campos de un grupo de productores en Maldonado, el día antes de su exposición en el Congreso Mundial de la Carne.

Mis pasos siguientes en el potrero fueron un vano intento para atajar el derrumbe de la estantería neuronal. Dos días después, asistí a un taller sobre el Manejo Holístico que promueve Savory, organizado por Tierra Regenerativa Uruguay (un pequeño y vital grupo de la zona), para entender cómo la ganadería puede regenerar los ecosistemas, lograr aumentos económicos, y contribuir al desarrollo social y ambiental. Los resultados son asombrosos.

Ver para creer, cierto. La primera pregunta que me hice fue: ¿y si esta gente tiene razón? Luego, las interrogantes molestas: ¿ha sido acertado el sistema ganadero que hemos desarrollado en Uruguay en las últimas décadas? ¿Acaso no le erramos en el conocimiento e investigación que generamos? Esta forma de producir, ¿es la mejor para los próximos años? Tomo una rápida posición: el Uruguay ganadero que forjamos no ha dado resultados ni productivos ni económicos, ni ambientales ni sociales, que sean de avanzada ni ejemplo mundial. Puedo tomar cualquier indicador de esos y no evidencian que hayamos tomado el camino correcto. Quizás no queramos aceptarlo y le endilguemos a los mercados, a los precios, al clima, al gobierno, a las tecnologías, a los extensionistas.

¿Por qué la vaca nos salva y por qué Uruguay tiene una oportunidad inmensa? El Manejo Holístico (un marco conceptual para la toma de decisiones en un determinado contexto y siguiendo ciertos principios) utiliza algunas herramientas, y entre ellas está el pastoreo planificado y la vaca (el impacto animal con el mantenimiento y enriquecimiento de la biodiversidad, y el incremento de la materia orgánica del suelo, con los bosteos en forma concentrada, pisoteo, etc). Nada de esto es desconocido, desde luego. Pero ambas, utilizadas correctamente, tienen la potencia de apalancar y sinergizar los recursos naturales, esto es producir mucho más con mucho menos. Y sobre todo ser sumideros de carbono.

La misión del agro en Uruguay no es producir alimentos ni para 25 ni para 100 millones de personas. Al mundo no le faltarán alimentos y cada vez serán menos costosos. La misión del agro es regenerar, enriquecer y preservar sus ecosistemas, empezando por el suelo y el agua. Nada de esto se puede comprar, no hay tecnología que pueda sustituir la riqueza de la biodiversidad ni que pueda realmente hacerle frente al cambio climático. Le hemos dado la espalda a nuestros recursos más importantes, no los entendimos, no comprendimos su poder. Desde los años de 1950 ya se planteó este debate, pero la opción asumida por el Plan Agropecuario y la investigación nacional, basada en el enfoque predominante en Nueva Zelanda y Australia, fue determinante. Otra orientación, la del francés André Voisin, más emparentada con el sistema futuro, fue generalmente despreciada.

Tenemos la enorme oportunidad de un salto productivo estribado en la infinita capacidad de las transferencias mágicas que ocurren arriba y debajo del suelo y regenerar así un activo cuyo flujo de valor sea muchísimo más alto (no se sorprenda, dentro de poco la venta de bonos de carbono podrá ser un rubro primordial en sus ingresos).

Uruguay cuenta con activos ideales: a) 12 millones de vacunos; b) más de 20 mil productores ganaderos y muchos familiares de pequeña escala (son a los que más rápido el Manejo Holístico podría beneficiar, que por cierto es de bajísimo costo); c) 70% de la superficie son pasturas nativas que aún mantienen una gran biodiversidad vegetal y animal. El impacto de todos quienes viven en el campo y hacen de la ganadería una forma de vida, puede ser tremendo. Tenemos cuatro vacas por habitante; lleguemos a ocho y usémosla para que nos ayuden a poner este país a la vanguardia mundial, como un ejemplo productivo, social y ambiental, y que nos ayude en la adaptación al cambio climático, la mayor amenaza que enfrenta la humanidad.

La vaca nos salva: esta es una máxima que cualquier ciudadano y hasta el presidente mismo de este país debería recordar cada mañana. Y lo hará, si nuestras decisiones son las acertadas.

(*) lautaro@adinet.com.uy