La ventana discreta

Gay Talese reconstruye en El motel del voyeur la vida de un mirón que dedicó cuatro décadas a observar –en secreto– las costumbres sexuales de su país
Cuando Gay Talese se encontró con la historia del voyeur de Denver, jamás pudo imaginar que entablaría una correspondencia con el hombre por más de tres décadas, ni que sería partícipe de sus prácticas observatorias, ni que, de alguna manera, este encubriría un homicidio, ni tampoco que esa historia tan jugosa, al final, le haría pasar uno de los tragos más amargos de su carrera periodística. La investigación, la correspondencia y todo lo concerniente a esta extraña relación se cuentan en El motel del voyeur, libro que llegó hace pocas semanas a las librerías uruguayas, último producto del autor.

El motel del voyeur es, sin lugar a dudas, un libro polémico. Desde el tema tratado, pasando por su abundante contenido sexual explícito –y presuntamente real– y terminando por la crisis periodística que le supuso a Talese al final, todas las páginas remiten a una obra clave en la bibliografía del autor.

El involucramiento de Talese con esta historia comenzó en 1980, cuando recibió una carta anónima en la que un hombre explicaba cómo sus tendencias de voyeur (una persona que obtiene placer al observar a los demás en situaciones sexuales) lo llevaron a comprar un motel en la ciudad de Aurora, en el estado de Colorado (EEUU), y a construir todo un aparato observatorio encubierto sobre las habitaciones que regenteaba. Explicaba además que poseía un diario donde estaba documentado todo lo que vio durante los años en los que fue propietario del inmueble, así como su interés de que el periodista se reuniera con él para evaluar la posibilidad de escribir su historia.

Talese se sintió intrigado de inmediato, y luego de un tiempo se reunió con el hombre y vio con sus propios ojos la plataforma escondida en el techo a dos aguas del motel Manor House. A partir de allí, Talese pudo acceder al diario del hombre y adentrarse completamente en su vida, aunque se mantuvo firme: no publicaría nunca la historia si el voyeur, cuyo nombre era Gerald Foos, no quería revelar su identidad. Los años de correspondencia pasaron, Talese escribió muchos libros más y la historia del voyeur quedó olvidada, hasta que el autor recibió una nueva carta de Foos tiempo después. Allí, el hombre aceptaba ser mencionado por su nombre verdadero, por lo que el engranaje del libro que ahora llegó a Uruguay se puso en marcha.

Espectador incógnito

En El motel del voyeur, Talese hace gala de su clase a la hora de escribir y proporciona al lector un ejercicio de periodismo narrativo muy interesante y atrapante. Las páginas del libro se pasan tan rápidamente que el lector se sorprenderá cuando note que la vida entera de Gerald Foos transcurrió ante sus ojos en muy poco tiempo, y eso es gracias a la prosa del autor y lo particular de la vida del hombre.

También puede llegar a sorprenderse –e incomodarse– cuando se encuentre con los fragmentos del diario de Foos. Si bien las escenas sexuales de los "sujetos de investigación" –como los llama el voyeur– son explícitas y ocupan gran parte del contenido del libro, llaman la atención las reflexiones sociológicas y antropológicas de Foos. El hombre tuvo ante sus ojos a cientos de personas que, desde su intimidad, le permitieron acceder a una radiografía de la identidad sexual de su país.

Por ejemplo, Foos fue testigo de las nuevas prácticas sexuales que comenzaban a despuntar en la década de los sesenta y, pese a que deja en evidencia que le parecen extrañas, las acepta y las valora, algo que en los cánones de la época podría parecer muy extraño.

También vio como aparecían nuevas drogas y presenció los estragos de la guerra de Vietnam en la vida de su país. "No hay nada más perturbador que oír como un sujeto confiesa que ha sido traicionado por su país", dice en uno de los pasajes referidos al conflicto. Foos tenía, además, un ego impresionante, al punto de que más que un mero observador se consideraba un verdadero estudioso de la sexualidad humana, a la par de los famosos investigadores sexuales del instituto Masters & Johnson (los de la serie de HBO Masters of Sex).

La polémica posterior

Gran parte del entusiasmo que se generó por este libro surgió mientras que Talese estaba en giras de prensa, como bien deja constancia el autor en una nota al final. The Washington Post puso en tela de juicio la veracidad de lo que Foos cuenta en el libro dado que, luego de una investigación, constató que el hombre había vendido el motel tan solo un año después de haberse puesto en contacto con Talese. Las críticas cayeron como flechas sobre el veterano periodista, que se reunió nuevamente con Foos y le preguntó sobre la investigación. Este admitió que eso era cierto, pero aseguró que el siguiente propietario siempre le había permitido acceder a la plataforma de investigación y que más tarde había vuelto a adquirir el inmueble.

Además, en las páginas de su diario Foos describe que presenció un asesinato y no lo denunció, ya que esto le complicaría su vida encubierta como voyeur. Cuando Talese se enteró de esto, investigó sobre el caso, aunque no encontró ningún registro oficial del hecho.

Estas situaciones suponen que Foos no era una fuente del todo confiable, y que muchas de sus apreciaciones fueron bastante inexactas. Talese lo especifica reiteradas veces, más aún luego de una reedición que lanzó con posterioridad a la investigación del Post.

Si bien el lector puede llegar a poner en tela de juicio cada una de las vivencias relatadas en el libro luego de conocer estos hechos, El motel del voyeur no deja de ser un material atrapante, que se mete sin escrúpulos en una mente alternativa al común denominador y que muestra la cara más íntima de la sociedad estadounidense. Quizá, la mayor polémica se dé dentro del propio lector porque, ¿cómo juzgar lo que se está leyendo cuando el lector es, a fin de cuentas, otro voyeur?


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