La verdad esquiva del Liberaij

Haberkorn reconstruyó la historia de los criminales porteños que sacudieron Montevideo en un tiroteo violento del que, casi medio siglo después, se sigue hablando

Julio Herrera y Obes 1182. Un día caluroso de principios de noviembre de 1965. En la radio suenan los Beatles, o quizás Los Shakers.
Frente al edificio Liberaij, donde tres criminales argentinos están parapetados desde hace horas y resisten una tremenda balacera de cientos de policías montevideanos, hay un grupo variopinto de periodistas, vecinos, curiosos, jerarcas y futuros artistas.

Entre otros, allí estaban un chiquilín de 12 años llamado Jaime Roos, que vivía a la vuelta, los periodistas Antonio Mercader (futuro ministro) y Luis Hierro López (futuro vicepresidente), así como Eduardo Galeano, un joven escritor en sus inicios, que luego publicará un libro sobre ese hecho, titulado Los fantasmas del día del león. También estaba un misterioso policía argentino de apellido Verdum, mezcla de inspector Maigret y Elliot Ness porteño, que una década después tendrá un papel siniestro durante la dictadura argentina. Como si fuera la tapa del disco Sgt.Pepper’s. 

La policía arremete y finalmente luego de 16 horas de asalto, acaba con los asaltantes, en un baño de sangre. 

Lo que sucedió en esa cuadra del barrio Sur montevideano se amplificó entonces a través de los medios, luego a través de libros y letras de canciones (Roos incluyó el hecho en la letra de Brindis por Pierrot) y quedó por décadas en el recuerdo de mucha gente.

En 1997, el escritor argentino Ricardo Piglia publica su novela Plata quemada, que cuatro años después se lleva al cine con las actuaciones de Leonardo Sbaraglia y Pablo Echarri, entre otros, y dirigida por Marcelo Piñeyro.

En 1997, Leonardo Haberkorn trabajaba en la extinta revista Tres. “Cuando se publicó Plata quemada, mi primera sensación fue: ‘¡Qué bobos todos los periodistas uruguayos, que vino un argentino a contar una historia que teníamos ahí! Cómo nos comimos esa!’ Esa fue la primera reacción”, cuenta Haberkorn en una mesa del Bar Arocena, donde accedió a hablar con El Observador.

Su compañero de redacción, Gustavo Escanlar, le dijo que había leído la novela de Piglia, y que estaba llena de inexactitudes y datos ficticios. “Me di cuenta de que Piglia no contaba la verdadera historia e hice un largo reportaje para Tres”, agrega Haberkorn.

La historia quedó rondando en la cabeza del periodista. Quince años después, con más experiencia y la ayuda del tiempo, que ablanda a algunos protagonistas para que den un testimonio, Haberkorn publica Liberaij, de Sudamericana, que se presenta hoy en la sede de Agadu.

“En este nuevo libro lo que me obsesionaba era saber quiénes eran estos argentinos, por qué decidieron morir ahí adentro, qué los llevó a actuar de un modo que todavía seguimos hablando de ellos, quiénes eran de verdad”, explica el autor.

El libro no solo descubre y devela las licencias poéticas de Piglia (por ejemplo, hay dudas si quemaron o no el dinero de su botín), sino que es más generoso y va más allá del mero rebatimiento. Bucea en una época concreta de Uruguay, a un estado de la Policía, en un momento previo a la irrupción de los movimientos guerrilleros en la vida pública del país.
La historia es sabida: tres mueren en el apartamento, uno sale herido y fallece en Buenos Aires. También mueren varios agentes. Las autoridades ensalzan el valor de los agentes, pero la opinión pública respeta la actitud de los porteños, que murieron en su ley. Pero el libro, gracias a buenas fuentes, como la hija de uno de los asaltantes y varios policías de aquella época, explora lados menos conocidos bajo la superficie.

Reivindicación
En diferentes ocasiones, desde su blog o desde sus cuentas en redes sociales, Haberkorn ha sido crítico con el periodismo vernáculo y su forma de trabajar. También lo ha sido consigo mismo.
En este libro se plantea el mayor grado de acercamiento a la verdad posible sobre un hecho que marcó una época a ambas orillas del Plata.
“Sí es una reivindicación del periodismo fuerte y militante en cuanto contar la verdad de los hechos”, dice Haberkorn.

Acercarse a la verdad también tiene sus desafíos y sus problemas. La crónica de los hechos está intercalada con capítulos en primera persona con la narración de su propia investigación, de cómo llegó a callejones sin salida, y hasta dónde un periodista, como si fuera un fantasma del pasado, puede llegar a importunar a parientes de los muertos. Así, hubo gente que se negó a hablar y quedan muchas lagunas donde se diluye la verdad.  

“¿Valdrá la pena volver a un hecho viejo, después de tanto material existente? Me preguntaba eso. Pero leí el libro HHhH, del francés Laurent Binet, donde investiga sobre la verdadera historia del nazi Heydrich y ahí me decidí, porque iba a los hechos”, dice el autor.

Hoy el edificio Liberaij está intacto, igual que en 1965. Haberkorn estuvo en la puerta del apartamento donde se parapetaron los porteños. Allí vive un hombre, que no sabía lo que había sucedido hace 49 años. Estaba parado donde murieron acurrucados, detrás de la puerta, en el único lugar donde las balas no les hacían impacto. Las puertas originales durante mucho tiempo estuvieron en el Museo Policial.  Ahora están en la Escuela Nacional de Policía. Pero están escondidas, no están a la vista del público. “El tipo no tenía ni idea del asunto”, dice Haberkorn. Quizás podría empezar, como muchos otros, por leer este libro.


Fuente: Valentín Trujillo

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