La versión uruguaya del ciudadano Kane

Natalio Botana, nacido en Sarandí del Yi y magnate de la prensa argentina, fue pionero en el uso de los diarios como factor de poder político
El Uruguay actual tiene una especie de trauma con la épica. Varios hechos de su historia y de su literatura la ponen en primer plano, pero a partir de entrado el siglo XX el valor y la dimensión de las acciones épicas comienza de desparecer: el Uruguay moderno y civilizado, el Uruguay urbano conformado desde su capital –forjadora de una multitudinaria clase media homogénea, de donde surge la mayor camada de artistas y escritores– parece empequeñecerse.

El intelectual del existencialismo pone el foco en otro lado. La realidad que lo circunda posee una cotidianeidad que se conecta con su situación vital: si es oficinista, escribe poemas de la oficina, y busca las cualidades estéticas en la grisura burocrática de la capital. Desconoce la historia y, por tanto, la desprecia: mira hacia un pasado que no comprende y solo puede contar "un gaucho, dos gauchos, treinta y tres gauchos...".

Lo cierto es que la épica no solo está presente en hechos históricos del país, sino también en la celebración de algunos destinos individuales. Hay vidas de compatriotas que bien merecen libros y películas. Una de ellas es la de Natalio Botana. Roberto Tálice escribió en 1977 una semblanza de Botana, pero fue el libro El tábano, del narrador y periodista Álvaro Abós publicado en 2001, el que se ganó mi atención entre las lecturas del pasado verano.

Nacido en Sarandí del Yi en el seno de una familia blanca con estancia, el joven Botana estaba en Montevideo en 1904 cuando comenzó la revolución de Saravia. Una noche se escapó del colegio jesuita donde estudiaba: un caballo y un fiel escudero, el pardo Cipriano Arrué, lo esperaban para la fuga. Tenía 16 años.

Hizo toda la revolución hasta el final en Masoller y la guerra fundió su carácter adolescente. Regresó a Montevideo, comenzó a escribir en prensa y a vincularse con intelectuales y bohemios en el Café Polo Bamba. Luego de una descocada aventura guerrillera en Paraguay, Botana recaló en Buenos Aires, una ciudad que estaba creciendo a un ritmo descomunal, al nivel de las grandes urbes europeas y norteamericanas, y en la que la prensa tenía un rol cada vez más influyente en la opinión pública. El muchacho que se había hecho hombre en las últimas patriadas rurales sería una pieza fundamental en la conformación de la vida cultural de Buenos Aires, de la Argentina y del Río de la Plata, en pleno desarrollo de la sociedad de masas.

De manera hábil, el periodista comenzó a trabar relación de cercanía con las figuras más importantes del ámbito político argentino. Con solo 25 años, la osadía de Botana lo llevó a fundar Crítica, un diario fundamental para entender el tiempo que venía.

A pesar de años complicados y crisis diversas, Crítica fue el gran impulso que le otorgó a Botana un poder inconmensurable. Con un estilo que incluía amarillismo policial, que se regodeaba en las tragedias anónimas de la ciudad, pero que a la vez se mezclaba con una plantilla que tenía algunas de las firmas más destacadas de la época (como Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Ulises Petit de Murat y Raúl González Tuñón, entre otros), Crítica llegó a vender más de 800 mil ejemplares en un solo día, hacia 1939. También aprovechó la presencia de varios literatos uruguayos exiliados en Buenos Aires, como Javier de Viana, para darle todavía más relevancia a sus páginas.

Las similitudes de Botana con el Kane de Orson Welles (basada en el magnate real William Randolph Hearst) son muy notorias: el poder de la prensa lo llevó a codearse con el poder político de turno, apoyar o ayudar a derrocar gobiernos, tener amantes famosas, vivir con lujos excéntricos en mansiones descomunales, construir un imperio de papel que lo elevó a los rascacielos más altos de la escala social de su tiempo. Los vaivenes de los presidentes no siempre lo dejaron bien parado y la cárcel fue en alguna circunstancia la consecuencia de sus titulares avasallantes.

En 1943, en la cumbre de su poder, como un héroe griego, Botana falleció a consecuencia de las heridas luego de un accidente de tránsito en una ruta de Jujuy. Tenía 52 años. Su historia, surgida desde la pequeñez de un pueblito, conquistó el mito de la gran ciudad. Su vida está atravesada por la pasión, el éxito, el fracaso y la muerte de toda gran historia.

Populares de la sección

Acerca del autor