La victoria de la lucidez

Lisa Block de Behar, una de las intelectuales más importantes del Uruguay, publicó Derroteros literarios, una antología de ensayos

Extrañas acepciones tiene la palabra "derrota". Un ala de su significado apunta al fracaso, a la pérdida. Quizás ese sea el sentido más común del término. Pero hay otra ala que refiere a un camino, a un sendero, a un trazar sobre determinado sitio; por eso comparte etimología con "ruta". De esa rama brota "derrotero": el camino que se anda por la vida.

Para un escritor, ese camino por supuesto se compone de su anécdota y sus circunstancias y, a la vez, de las rutas que tomó en el papel al momento de hacer su obra.

Ese carácter doble, dual tanto en el libro como en la realidad exterior al mismo es al que apunta Lisa Block de Behar en su último trabajo, Derroteros literarios, una antología de ensayos que publicó a fin de 2015 la Universidad de la República a través de su Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC).

El volumen integra una colección que la Universidad denominó como "Biblioteca Plural".

Se trata de veintidós capítulos que son en el fondo veintidós ensayos escritos con la fineza y la aguda percepción académica e intuitiva de Lisa Block, uno de los nombres de mayor peso –si no el mayor– en el panorama intelectual uruguayo actual.

Un impresionante currículum profesional, forjado por décadas en Uruguay y en el mundo con docentes de primera línea, avala la carrera de Block. Por eso que no es sorpresa que estos ensayos signifiquen un aporte sustantivo a los estudios literarios en el país.

A modo de subtítulo, la autora agrega "Temas y autores que se cruzan en tierras del Uruguay". Lo espacial, lo territorial, lo físico, tienen un peso fuerte en cada uno de los ensayos.

Allí se despliega en armonía la mezcla perfecta entre rigor y pasión, entre reflexión y conclusión de las mecánicas literarias como la porción de anécdota vivencial, de conocimiento directo, de sensación transmitida por el estar con el objeto del ensayo. Varios de los capítulos se refieren a autores que Block no conoció, que no pudo conocer por cuestiones del tiempo y el destino. William Hudson, autor de La tierra purpúrea, es uno de ellos. José Enrique Rodó es otro.

La tríada de poetas francouruguayos (Lautreamont, Laforgue, Supervielle) puede ser un caso similar. El solo conocimiento de su vida en papel ya basta para que Block abra el abanico de lo posible, en análisis que arrojan luz sobre los bordes, sobre los márgenes más oscuros de una interpretación. También discurren por Derroteros literarios las figuras de Felisberto Hernández y Carlos Real de Azúa, entre muchos otros autores citados.

Pero quizás donde raye más alto el talento de Lisa Block sea en el ensayo más extenso del volumen, sobre Emir Rodríguez Monegal, hijo dilecto de la llamada Generación del '45 y uno de los mayores críticos literarios uruguayos e internacionales del siglo XX.

Si bien desde el principio Block explicita que el ensayo versará sobre la vida literaria de Rodríguez Monegal, todo el relato se entrama en un doble "derrotero", entre el último viaje del crítico a Uruguay –en noviembre de 1985, con la democracia recién reinstaurada–, y los 64 años de su vida y su obra, desde su nacimiento en Melo a su muerte en New Haven, Estados Unidos, unos días después de su visita. ¿Otra derrota, al fin y al cabo? No.

Block, amiga de Rodríguez Monegal, recuerda un recorrido (recordar y recorrer tienen más de una coincidencia) en auto por una recuperada Montevideo por la que el crítico sentía cariños y reproches en cada esquina. De nuevo, lo territorial y lo sentimental, la ficción, el análisis literario y el segmento que se encuentra entre ellos. Como una saeta de papel, Rodríguez Monegal se envuelve a través de Block en un cuento de su admirado y retratado Jorge Luis Borges como personaje.

El crítico se desdobla y queda encerrado para siempre en el juego del autor. Es el momento más brillante de los varios que tiene el volumen.

Al cerrar el libro, la derrota se transformó en sutil victoria. Porque los derroteros se transformaron en senderos dignos de recorrer con la mirada una y otra vez.


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