La vida después del fin

El post apocalípsis es una de las tramas recurrentes retratadas por el cine
Por Eduardo Espina, especial para El Observador

Ya en la Biblia, en los pasajes del diluvio universal y del apocalipsis según San Juan, encontramos elementos suficientes como para concluir por anticipado que desde tiempos inmemoriales el ser humano ha tenido una imaginación post apocalíptica, la cual concibe realidades alternativas que vendrían a surgir después que desaparezca –por causas diferentes– la realidad donde la historia hasta el presente se ha construido.

Motivadas por el interés colectivo en las vidas luego de la vida, la pintura y la literatura han elaborado a lo largo del tiempo un imaginario visual acechante y deformador, en cuyo interior la existencia humana queda reducida a un mínimo horrendo. La obra de Hieronymus Bosch, el Bosco (1450-1516), es el primer gran ejemplo al respecto. Con su magnífico desorden de imágenes provenientes de lo más profundo del miedo, El jardín de las delicias, cuadro de principios del 1500, es una muestra sublime de la vida después del apocalipsis. Es la primera película muda de terror de la historia.

La estética post apocalíptica, más próxima a la religión que a la ciencia ficción, ha concebido futuros diversos en los que la resistencia humana a la muerte es la gran protagonista de un teatro de hecatombes, donde al unísono surge lo peor y lo mejor de la condición humana, en un escenario donde colapsan la moral, el amor y la dignidad, aunque no la belleza. El instinto de supervivencia prevalece, por lo que está prohibido sucumbir. Además, hay que aprender a vivir de nuevo. Entre medio de la catástrofe emergen comportamientos insólitos, concepciones de la realidad increíbles, y una nueva noción de lo bello. Lo horrendo no es la antítesis de la fealdad. Prevalece una belleza irreconocible, parte también de un nuevo orden social, en el cual el hombre está más solo que nunca y con lo poco que tiene debe reinventar la civilización.

En ese aspecto, el cine ha sido un manual de opciones. En tanto el siglo XX fue un álbum de catástrofes creadas por el hombre, no ha sido tan difícil imaginar realidades horrendas: las peores vienen de la realidad. Con dos brutales guerras mundiales, con grandes exterminios llevados a cabo en nombre de ideologías, la vida se convirtió en un lugar frágil. La literatura y el cine, inspirados por las circunstancias, se llenaron de realidades post apocalípticas con consecuencias formales diferentes, todas guiadas por el poder seductor de la bomba atómica. Con la guerra fría y todos los miedos colaterales asociados a Hiroshima y Nagasaki, apareció otro elemento protagónico: la posibilidad de un desastre instantáneo, y de las ruinas surgir una versión brutal y homicida de la raza humana que predica el todos contra todos.

Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba, obra maestra de Stanley Kubrick, remite a los preparativos de ese escenario sin vuelta de hoja. En un mundo post civilizatorio solo sobreviven los más fuertes. Dos películas hoy clásicas, El planeta de los simios (1968) y Mad Max (1979), ejemplifican esa realidad tan cercana al vaticinio formulado por Albert Einstein en 1948: "No sé con cuáles armas pelearán en la Tercera Guerra Mundial, pero en la Cuarta Guerra Mundial usarán palos y piedras". Hay varias películas en donde los palos y las piedras son las armas más sofisticadas de las que dispone el hombre en el mundo posterior al apocalipsis.

A lo largo de las últimas cinco décadas se han estrenado varias películas notables ambientadas en un mundo post-civilizatorio, como La última esperanza (1971); Glen and Randa (1971); Cuando el destino nos alcance (estrenada en 1973 y que presenta el mundo arruinado debido a la contaminación, la superpoblación y el recalentamiento global causado por el efecto invernadero en el ya no tan distante año 2022); la magistral y olvidada (inconseguible, además) Fase IV Destrucción (1974), de Saul Bass, que de tan visionario que fue solo pudo dirigir esa película; Mad Max, ya mencionada; Blade Runner (1982); La tierra inmóvil (1985); y Doce monos (1995). El nuevo siglo ha constatado una eclosión del cine post-apocalíptico, insólita por la cantidad de filmes sobre ese tema que se estrenan con regularidad.

Algunos de ellos califican para obras maestras del género: Exterminio (2002); El día después de mañana (2004); Soy leyenda (2005); La guerra de los mundos (2005); Niños del hombre (2006); 2012 (2009); La carretera, (2009); El libro de los secretos (2010); Aislados (2011); El último día en la Tierra (2011), película escalofriante de Abel Ferrara, que sucede la jornada previa al post apocalipsis, lo mismo que la notable Melancolía, de Lars von Trier, en la cual la Tierra es impactada por un planeta interestelar; Rompenieves (2013), una de las películas del género más originales que se han hecho y que presenta la visión surcoreana del fenómeno del fin colectivo y aterrador; y Avenida Cloverfield 10 (2016).

En todos estos filmes la desaparición de la civilización ya no se debe solo a una detonación nuclear, sino que al sesgo se informa que puede haber sido por radiación solar consecuencia de los grandes males que el ser humano le ha ocasionado al planeta, aunque en La carretera y El libro de los secretos nunca llegan a revelarse las causas.

La idealización gótica del fin sitúa a este en un lugar innombrado y contrario al presente y al pasado, tal cual los conocemos. Por lo tanto, el viaje hacia la utopía fracasada carece por anticipado de un tiempo cierto.

Los filmes post apocalípticos, con distinta envoltura nihilista, ilustran las consecuencias de las calamidades de la globalización y de los efectos causados por una economía capitalista predatoria.
Al mundo lo define un prefijo: post, después del cual viene todo: la historia, la civilización, la cultura, incluso el fin. Lo que vemos es lo que ya sucedió y que responde a una lógica catastrófica irreversible.

En lo que va de 2017, apenas cuatro meses, ya se han estrenado unas cuantas de ese tipo, entre las que destaco: la británica The Girl with All the Gifts, Pandemic; Patient Zero; Train to Busan; En el bosque; Here alone (muy buena); y la islandesa Bokeh, una de las mejores películas del año.

En camino vienen Planeta de los Simios: Guerra; Blade Runner 2049 (dirigida por Denis Villeneuve, el mismo de La llegada, uno de los directores más innovadores de la actualidad); la francesa Hostile; The Worthy (el post apocalipsis trasladado al mundo árabe luego de que la gente se queda sin agua), Last Broken Darkness; Scorched Earth; y la muy esperada Guerra mundial Z 2, con Brat Pitt, que se estrena en octubre, si el mundo no se acaba antes.

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