La volatilidad de Brasil

En medio de una crisis que no termina y con un gobierno que se sostiene con dificultad, el escenario político brasileño es difuso
Sobornos comprobados, ruptura de alianzas, una presidenta apartada del poder, enormes problemas para aprobar medidas, decisiones polémicas resistidas con disturbios masivos, manifestaciones, y un presidente no electo por el pueblo que intenta hacer equilibrio en sus apoyos mientras la sombra de las acusaciones planea sobre él.

Brasil, una de las historias sísmicas del panorama internacional en 2016, termina uno de los años más nefastos de su historia con la misma falta de certezas sobre su futuro que al momento de la implosión del gobierno de Dilma Rousseff.

La semana pasada trascendió que Michel Temer, exvicepresidente y devenido en jefe de Estado tras la salida forzada de ex aliada, fue incriminado por uno de los arrepentidos del caso Odebrecht, el principal núcleo junto a Petrobras de la indignación del pueblo brasileño, que acabó con una larga lista de funcionarios públicos y privados en la cárcel. La nómina sigue creciendo, y ahora el nombre de Temer también aparece.

En medio de eso, los políticos brasileños (una gran cantidad de ellos también salpicados por escándalos como el de Petrobras) le aprobaron su proyecto más ambicioso: un ajuste fiscal que limita el gasto público para los próximos diez años, renovable por otros diez más, lo que en un país en el que la asistencia social es clave y no había un techo de gastos sino un piso mínimo para estos, desató enardecidas protestas en varias ciudades.

Las imágenes de personas prendiendo fuego a vehículos de transporte público, o enfrentándose a la represión policial, ya volvieron a ser una constante.

En medio de ese panorama, las opciones políticas a futuro no arrojan demasiadas pistas concretas. Un sondeo de la semana pasada realizado por Datafolha señala a la ecologista Marina Silva y al expresidente Lula Da Silva como los favoritos para ganar una eventual elección si esta fuera hoy.

El sondeo reveló que, en un eventual balotaje –instancia clásica de definición de las elecciones en el gigante regional– Silva sería la ganadora ante Lula, sobre quien aún pesan varias acusaciones de corrupción e incluso está latente la posibilidad de ser encarcelado. El panorama es, cuando menos, borroso.

El regreso más complejo

La posibilidad de que Lula sea presidente es "incierta" para Marcelo Falak, editor jefe de internacionales en el diario argentino Ámbito Financiero y experto en temas vinculados a Brasil. "Es evidente que Lula mantiene niveles de popularidad relativamente elevados para un contexto político brasileño de total descrédito con el sistema político.

Sin embargo, el descrédito que tiene su figura lo puede complicar en un eventual balotaje", explicó. De todos modos, añadió que "es muy temprano hoy" para hacer proyecciones de ese tipo.

Para Falak, además, el ascenso de Marina Silva en la intención de voto –según Datafolha hoy sería la única capaz de ganar en balotaje– puede ser tan efímero "como sucedió en 2014", cuando ni siquiera llegó al balotaje. Con todo, su imagen no salpicada por el escándalo la dejan en el extraño lugar de ser la única dirigente de primera línea no manchada por la corrupción, una capaz de atraer electorados de diferentes procedencias. ¿Cuál es el problema de Silva?

Para Falak, "da cierta imagen de endeblez política, personal y hasta física", factores que todavía pueden ir contra esa intención de voto fuerte que tiene hoy. En un país como Brasil, sostiene Falak, "dos años son una eternidad" y es difícil hablar de un escenario electoral concreto hacia 2018.

"Las elecciones brasileñas se deciden en los últimos meses, porque la campaña altera sistemáticamente las intenciones de voto. Los candidatos actualmente en la palestra muestran que, a pesar de la crisis, la renovación política aparece muy lejana", explicó a El Observador Andrés Malamud, Investigador Principal en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa.

Es difícil pensar hoy que un partido de izquierdas como el Partido de lo s Trabajadotes (PT), con todos los escándalos que lo han salpicado, pueda tener opciones de volver a ser gobierno.

Del mismo modo, tampoco parece tener muchas opciones una propuesta más cercana a la política tradicional o de inclinación hacia la derecha.

Y quizás en medio de esas dos vertientes, Marina Silva pueda proponer un camino intermedio y desmarcado, una tercera vía a la que habría que ver si apoya el empresariado y/o los sindicatos y convence a un electorado en un momento especial. "Brasil no está polarizado. Ninguna elección y ninguna encuesta lo muestran así. Está fragmentado. La polarización es superficial y abarca a parte de la clase política y una minoría de la población", explicó Malamud.

Para el experto, Silva y Lula no son los únicos a tener en cuenta en una contienda electoral. Desde la izquierda también se debería apuntar el nombre de Ciro Gomes junto a tres figuras del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), Geraldo Alckmin, Aecio Neves y José Serra, que también, según sostuvo el experto, pueden ser jugadores clave. "Del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) no asoma nadie aún, aunque Serra podría presentarse cambiando de partido", precisó Malamud.

Salida de emergencia

¿Y Temer? De salir de la presidencia, desde el primero de enero no habría obligación de elegir presidente nuevo mediante elecciones, con lo cual el congreso brasileño podrá elegir un presidente para completar el mandato. En ese caso, habría que esperar dos años, una eternidad para un escenario político tan maleable en Brasil, donde los candidatos parecen pulverizar su potencial en poco tiempo.

Según el plan aprobado por el congreso, a partir de 2017 las inversiones públicas quedarán limitadas durante cinco legislaturas: solo se podrán aumentar los gastos en función del aumento de la inflación. La administración brasileña no podrá subir el sueldo a sus trabajadores, contratar funcionarios nuevos o conceder incentivos fiscales si no se ciñe a sus objetivos.

En dos sectores complejos como la salud y la educación, el techo comenzará en 2018, pero sin dudas el movimiento marca un cambio de actitud en la administración pública, que nunca antes contempló una medida similar.

"Cuando asumió como presidente interino, Michel Temer anunció un gobierno de "salvación nacional", escribió el miércoles pasado el columnista del diario Folha, Bernardo Mello Franco. "Siete meses más tarde, su administración parece reducida a 'sálvate a ti mismo si puedes'", añadió. Habrá que ver si un gobierno sin apoyo popular puede sobrellevar un ajuste tan controvertido, lo que definirá las chances de Temer de aquí al final del mandato.
Pero el contexto no es fácil para ninguno.

"Hay que entender que estamos ante una implosión grave del sistema político brasileño. Muchos pensaron que lo más agudo que podía ocurrir era el juicio político a Dilma Rousseff; pero para mí eso solo era un episodio en una caída de larga duración del sistema político brasileño que se sigue viendo. Dicho por un argentino que vivió el 2001 y llevando a Brasil el paralelo, realmente hoy sería muy aventurado hacer proyecciones", concluyó Falak.

Qué esperar

Según la óptica de Malamud, en algún momento Brasil se recuperará. "En América Latina los países no desaparecen (...) El resquebrajamiento va a continuar, y podría agravarse si el Poder Judicial declara inválida la última elección presidencial o si Temer se ve obligado a renunciar por la presión social y política. Sólo un repentino y pronunciado crecimiento económico, muy improbable, podría evitar el agravamiento de la situación".

Malamud presenta la siguiente posibilidad: "Según el politólogo brasileño Octavio Amorim Neto, Temer puede terminar como (los expresidentes) José Sarney (con el país descalabrado), Itamar Franco (que empezó mal y terminó bien) o como Rousseff (cuyo segundo mandato no terminó). El mejor escenario, pero más improbable, es el de Franco".

Ante tanta indefinición, se impone la pregunta de a quién finalmente beneficiará la crisis institucional.

Falak opinó que "hay un sector del empresariado brasileño que está de acuerdo con algunas reformas estructurales como la que se acaba de aprobar del techo y la reforma jubilatoria, que implica tocar intereses muy fuertes y derechos adquiridos. Si estas reformas se sostienen, se podría decir que esos sectores ganaron. Si no, uno dirá que no es prudente realizar una reforma tan fuerte sin apoyo popular y sin haber sido legitimado en las urnas".

Malamud ofrece otra mirada: "De esta inestabilidad sólo se benefician los jueces, ya que su prestigio social es elevado en un país donde todos los demás sectores se incendiaron".
Pero es improbable que de este prestigio momentáneo surja rédito a largo plazo. Lo que ocurre en Brasil no es una conspiración sino un conjunto de eventos encadenados, ramificados e imprevisibles".

Los principales jugadores hoy

Marina Silva. Según Datafolha, es la única que hoy ganaría en balotaje. Es de las pocas figuras no salpicadas por acusaciones.

Lula Da Silva. El expresidente tiene una intención de voto alta, pero también unos niveles elevados de impopularidad.

Aécio Neves. Un competidor natural, pero señalado también por acusaciones de corrupción.

Michel Temer. El presidente en funciones tras el desplazamiento de Rousseff no tiene apoyo popular y encaró una reforma que provocó indignación en el país.

Populares de la sección

Acerca del autor