La voz de una tierra

Heredero de una tradición mítica, el cantaor flamenco llega el jueves al Auditorio del Sodre
El cante flamenco es un género en el que por lo general hay más variables en juego que la propia calidad musical. Es que ese concepto habitualmente va de la mano de una épica y de una cercanía con la emotividad y la vulnerabilidad del cantaor, que en otros géneros suele ser peor recibida. Pero en el cante, el arte y el coraje de exponerse se prueban cada noche.

Y Miguel Poveda, hoy uno de los referentes más grandes de la disciplina, supo aprender esto de las leyendas, entre otros del propio Enrique Morente. Perfeccionista y cultor de una serie de valores que en su linaje se respetan y se portan como un código de honor, Morente era un hombre tan talentoso como reverenciado por fuera de las fronteras de su propio género.

Un camino similar recorre todavía Poveda, nacido en Barcelona en 1973 y crecido en Badalona, pero irremediablemente vinculado a Sevilla y a Andalucía, la tierra prometida de esta variante musical de la cual hoy es uno de sus exponentes con más convocatoria, en el marco de una carrera ascendente que comenzó en 1993 y ya lleva doce discos e incluso un documental sobre uno de sus conciertos. El próximo jueves 15 volcará en la sala Fabini del Auditorio Adela Reta una voz que lo ha llevado por el mundo, desde la plaza de Las Ventas al Carnegie Hall, y que ha empujado a medios como El País de Madrid a señalarlo como ya no más un simple cantaor famoso, sino como "un fenómeno social".

¿Por qué el cante es algo tan singular y a la vez tan resistente a las modas?
Imagino que es porque es una música auténtica, de raíz y una expresión artística única a través del baile, el cante o la guitarra.

Su último disco de estudio se concentra en los sonetos. ¿Cómo se conjugan estos en un estilo como el suyo? ¿Por qué su búsqueda fue por este lado?
Fue una propuesta de (el compositor) Pedro Guerra y me enamoró la música que él le puso a esos textos. Finalmente conseguimos hacer una obra en la que me dio libertad para aportar alguna música mía y con los arreglos de Joan Albert Amargós que conoce bien mi forma de cantar y de afrontar este tipo de proyectos .

Ya supo cantar también a Mario Benedetti con el uruguayo José Reinoso...
Claro, y me encantaría conocer y seguir aprendiendo de poetas latinoamericanos donde hay una cantidad de talento y valor artístico en torno a la palabra.

¿Qué tanto lo ha marcado la obra de Morente? ¿Se podría decir que es su maestro más importante?
Como en la mayoría de los cantaores de mi generación hemos aprendido a valorar el arte por encima de nosotros mismos y conseguir convivir con la tradición y la libertad de afrontar otros sonidos. Él fue un artista único con el que tuve ocasión de compartir en dos de sus espectáculos y eso te marca para siempre.

¿Por qué dice que el cante es para usted una terapia?
Porque me permite comunicarme con las personas, ahondar en mi mundo interior y volcarlo en un escenario, ahí donde ocurren momentos mágicos. Es una descarga y me hace sentir que es lo que mejor sé hacer.

¿Y la idea es que al espectador le suceda lo mismo al escucharlo? ¿Se logra siempre?
Por supuesto, en definitiva canto historias que nos ocurren y preocupan a la gente sensible y eso crea una complicidad y conexión maravillosa.

¿Es entonces la catarsis el efecto que busca el cante? ¿La conexión es siempre esa?
Son muchas cosas las que yo busco con el cante: dibujar belleza, crear emoción, verdad y sobre todo entrar en un viaje en el que compartes con quien ha decidido reunirse en un teatro contigo.
¿Qué es lo mejor que logra hacer a esta altura sobre un escenario?
Sentirme realizado, disfrutar y vivir una de las experiencias más hermosas que jamás soñé.

¿Hay algo de su reciente experiencia de ser padre que se refleje sobre el escenario? La paternidad es algo de lo que ha hablado mucho en entrevistas recientes.
Se refleja otro sentido de la vida, otra sensibilidad y compromiso con todos los niños del mundo a los que deberíamos proteger de tanto sufrimiento e injusticia.

Detalles: A la hora 21. Entradas entre $ 1.000 y $ 3.000 en Tickantel y boletería del Auditorio.

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