La vuelta del 405 a Marconi: entre el miedo y el alivio

A diez días de los incidentes, la línea empezó a cruzar el barrio
El camino a Marconi y el miedo de volver a recorrerlo

A las 8.30 de la mañana el inspector de Coetc Aldo Tardi estaba parado en la calle esperando a que saliera el ómnibus de la línea 405 de la terminal de Peñarol. "Vos no vas, estás con chucho", le gritó el conductor del servicio, Gustavo Acosta, que ya estaba sentado pronto para arrancar. "No pasa nada", respondió Tardi y enseguida se rió, como aceptando la broma.

La imagen descontracturada de Tardi el lunes por la mañana era opuesta a la que había mostrado diez días atrás cuando terminó tirado abajo de los asientos del ómnibus, en un intento de evitar las piedras que llovían desde afuera en el barrio Marconi. Diez días atrás creyó que se moría, pero ahora su trabajo sigue como si nada.

"Vamo' arriba", dijo a los primeros seis pasajeros que se subieron al ómnibus, en Coronel Raíz y Aparicio Saravia. Esperó que subiera el último, pegó un cartel en la ventana anunciando la "ruta normal" del 405 y en esa misma parada se bajó.

La línea de Coetc -la única que atraviesa el barrio Marconi- dejó de pasar por ese tramo del bulevar Aparicio Saravia desde el viernes 27 de mayo, cuando un grupo de personas hizo estallar los vidrios de una unidad con pedradas, robó a los pasajeros y luego prendió fuego el ómnibus. Minutos antes, un joven había muerto al enfrentarse a los tiros con la Policía.

Desde ese día, las 5.000 personas que viven en la zona tuvieron que arreglárselas para salir del barrio y luego volver. Caminatas de varias cuadras, atravesar terrenos o pasajes y después tomar combinaciones de dos ómnibus fueron la primera opción. Si bien días más tarde el Ministerio del Interior puso un servicio gratuito de ómnibus dentro de Marconi para trasladar a los vecinos hasta las avenidas más cercanas, no hay nada como volver a la normalidad.

En la primera parte del recorrido, varios pasajeros llegaron a las corridas. En Instrucciones y Aparicio Saravia una mujer tuvo que hacer señas al conductor desde la vereda de enfrente para que le parara. Más adelante subieron otras dos personas con el mismo apuro. En Avenida San Martín, la parada estaba llena pero al 405 solo subieron tres personas.

Diez minutos después de haber salido, el ómnibus llegó Marconi. El conductor, el guarda y la decena de pasajeros que estaban sentados miraban expectantes hacia afuera del ómnibus, atentos a lo que podía pasar.

No pasó nada. En la parada donde se había desatado el caos días atrás, ahora estaba vacía. El ómnibus siguió de largo y solo se detuvo dos veces, cuando por lo general lo hace al menos cuatro. "A esta altura ya va lleno", comentó a El Observador el guarda, con cierto alivio de que todo parecía volver a la normalidad. A través de la ventana se podía ver cómo una patrulla de la Guardia Republicana recorría la zona.

"Son gurises"

Aníbal Núñez se subió un poco antes de llegar a la avenida San Martín. Se sentó al fondo y no atinó a sacarse el gorro rompevientos que le cubría buena parte de la cara. "Yo no soy de Marconi. Yo vivo en Borro Viejo", se desmarcó de entrada, aunque eso implique apenas unas cuadras de distancia. Trabaja como obrero finalista y desde hace algunos días realiza tareas en una casa de Pocitos. Durante este tiempo que el 405 no pasó por su barrio, tuvo que tomarse dos ómnibus: primero el 158 y luego combinarlo con el 181 o el 183, aunque eso implicaba el doble de tiempo arriba del ómnibus y unas diez cuadras de caminata extra. "No son malos, son gurises (....) Por una pavada de un menor, pagan los adultos", dijo a El Observador, en referencia al grupo de personas que lo dejó sin ómnibus desde el 27 de mayo.

Unos asientos más adelante iba sentada Karen Ruiz, quien, a diferencia de Núñez, no cree que sean "solo gurises". Ella sí vive en Marconi y por eso le cuesta hablar sobre lo que pasó. "A mí ya me robaron ahí", justificó a El Observador. Por lo bajo y en pocas palabras, contó que hace casi dos años entraron en su casa y le robaron todo. "Cuando estaba entrando a casa vi que estaban volviendo porque se habían dejado unas cosas", relató. Sabe quiénes fueron e incluso sus vecinos vieron lo que estaba pasando, pero no le avisaron. En cambio, lo que hicieron fue advertirle que no hiciera la denuncia, porque los ladrones iban a volver. Ruiz no los denunció, pero vendió su casa y se mudó con su pareja y sus dos hijos a unas pocas cuadras, alejada de Aparicio Saravia. Trabaja en el rubro de limpieza, en Pocitos, y aunque el 405 es el ómnibus que más le sirve, la última semana aprovechó para evitar la calle Aparicio Saravia y así caminar con más tranquilidad. Desde los incidentes, los vecinos notaron que la presencia policial se acentuó en Marconi, aunque en el caso de Ruiz preferiría que no solo llegaran solo cuando aparecen los problemas. "Ojalá que se queden", comentó.


Cuando el ómnibus alcanzó Luis Alberto de Herrera, ya había pasado más de una hora de recorrido y los asientos volvieron a liberarse. La tensión que se percibía en el primer tramo del trayecto se fue desdibujando y a esa altura ya era un ómnibus más.

Blanca Benítez , que se había subido en Unidad Casavalle, iba sentada esperando para bajar y llegar a su trabajo, también en Pocitos, donde cuida a una señora de 108 años. El año pasado, en el mismo ómnibus, una pedrada atravesó su ventana y le pasó rozando. "Siempre tenemos miedo", admitió en diálogo con El Observador. La línea 405 solo hará su recorrido completo hasta las 18 horas; en los turnos de la noche llegará hasta General Flores hasta que los trabajadores se sientan seguros y vuelvan a cricular en Marconi también en la noche. Sin embargo, a la vuelta Benítez se tomará dos ómnibus. "No quiero pasar por ahi a esa hora", comentó.

El ómnibus llegó a Gonzalo Ramírez vacío. Ya acercándose a su destino, con la rambla de costado, el conductor, Gustavo Acosta, admitió que, en realidad, había salido de Peñarol con algo de miedo. "Te digo la posta: esto siempre fue así" , dijo a El Observador. Estacionó el coche y se quedó esperando, para luego volver a Marconi y comprobar si es verdad que el peligro quedó atrás.

Un gesto de agradecimiento


Coetc agradecimiento

Los vecinos del barrio Marconi pintaron el domingo un muro en agradecimiento por la vuelta del ómnibus al barrio. La actividad fue organizada por la consejal de Casavalle, Nancy Fernández y por la Usina Cultural Casavalle.

Además, la alumnos de la escuela de la zona hicieron de deberes dibujos para regalar a conductores y guardas que trabajan en la línea 405.





Populares de la sección

Acerca del autor