"Lady Dynamite", lo nuevo de Netflix, rompe los esquemas de la comedia

La plataforma estrenó una serie que, con encanto y absurdo, juega con las reglas del stand-up y las sitcom

La comediante estadounidense Maria Bamford nunca tuvo miedo de admitirlo, ni, como dictamina su profesión, reírse de ello. Con bipolaridad, desorden obsesivo-compulsivo, tendencias suicidas y una ansiedad galopante como las grandes claves de su expediente clínico, Bamford ha aprendido a convertir a su psiquis en insumo humorístico. Ahora, tras veinte años de carrera en stand-up y un par de fallidos intentos audiovisuales, Bamford dio comienzo a Lady Dynamite, una serie de Netflix que finalmente está logrando catapultarla hacia la notoriedad y plantear, al mismo tiempo, una nueva forma de hacer comedia.

Pese a la vasta experiencia de stand-up de Bamford, el espíritu de Lady Dynamite se emparenta más a sitcoms excéntricas como Unbreakable Kimmy Schmidt (también de Netflix) que a programas de colegas como Jerry Seinfeld, Amy Schumer o Louis CK. Con el mero ánimo de elaborar una sinopsis concreta, se podría decir que Lady Dynamite retrata el retorno de la comediante Maria Bamford a Los Ángeles luego de medio año de internación en Duluth, Minnesota, para tratar su desorden bipolar. Sin embargo, la serie no se desarrolla únicamente en el presente, sino que gravita con igual énfasis entre el pasado exitoso de Bamford, previo a su colapso psíquico, y el tiempo de tratamiento en Duluth. El hecho de que no se pueda hablar de flashbacks, sino de tres tiempos que parecen transcurrir simultáneamente es una de las varias rupturas de Lady Dynamite.

Tanto en estructura como en narrativa, la serie no teme derribar paredes y volverse absurda y encantadoramente autorreferencial en el proceso, creándose según sus propios términos y manipulando las reglas de las sitcoms y del stand-up a su gusto. En un momento, por ejemplo, Bamford decide qué filtro de color es el más adecuado para sus recuerdos de Duluth, y, en otro, el comediante Patton Oswalt sale de su personaje, un policía que patrulla el vecindario para recomendarle a la comediante que no ponga una pared de ladrillos para su pieza de stand-up. Eso ya se hizo demasiadas veces.

Aunque parezca pecar de posmoderno, Lady Dynamite no resulta pretencioso, sino plenamente consciente de todos los esfuerzos cómicos que lo antecedieron. En vez de intentar forzar la innovación, el programa encuentra su lugar al jugar con las piezas de esa misma historia.

La dinámica hilarante pero desconcertante se repite ad infinitum en los capítulos de Lady Dynamite, que apoya esa excentricidad en la propia Bamford, portadora de una candidez bondadosa y generosa similar a la de la protagonista de Unbreakable Kimmy Schmidt. Juntas, ambas series de Netflix proponen una imagen revolucionaria de la salud mental, una en la que la oscuridad propia no tiene por qué dejar de brillar con cierta luz.

Lady Dynamite muestra sus rarezas desde el primer segundo de su piloto, en el que dictamina que no hay reglas para su juego y que todo es posible. Sin embargo, esa comprensión no supone que los sucesivos episodios del programa dejen de sorprender, de resultar surreales, de desafiar las expectativas. Ahí está, quizá, uno de sus mayores logros: mantener la chispa de la dinamita viva

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