Laetitia D'Arenberg: La princesa empresaria

“Lo importante es estar seguro de lo que querés hacer. Hay que ir para adelante y tener la visión clara de hacia dónde se quiere llegar”

En un país de empresarios con extremado bajo perfil, Laetitia d'Arenberg no se guarda nada: desde cómo pudo superar su adicción al alcohol y reinventarse como emprendedora, hasta sus opiniones sobre la necesidad de "cerrar las canillas" del gasto estatal; o la desidia y la falta de voluntad que ve en muchos uruguayos, así como la necesidad de brindar oportunidades para el desarrollo de las personas.

La popularidad de D'Aren-berg también se basa en su versatilidad y capacidad de integrarse en diferentes ámbitos: puede desfilar en la Fiesta de la Patria Gaucha o en las Llamadas, presentar un libro de Dani Umpi o estar presente a través de un video en una obra de teatro infantil. "(Me defino como) una persona totalmente atípica, ya que soy multifacética. Me adapto a cualquier circunstancia", señaló en entrevista con El Observador en 2010. Sostiene que estar encerrado en un mismo mundo todo el tiempo resulta idiotizante, y que el qué dirán no tiene que importar, sino que la guía debe ser hacer lo que a uno le guste.

En el ámbito agropecuario es reconocida por ser defensora del bienestar animal, por la aplicación de tecnología de vanguardia y por su trabajo en genética, que le ha valido ser multipremiada en las diversas exposiciones de la Rural del Prado.

Siempre que puede subraya que los empresarios deben ser activos en materia de caridad y responsabilidad social: "Es nuestra obligación, al fin y al cabo somos los pulmones de la economía y el corazón del país. Todo productor y empresario debería hacer beneficencia".

Originaria de la nobleza europea, se estableció en Uruguay en 1973. Primero fue con la estancia Los Fresnos, luego compró Santo Tomás y después Las Rosas, que convirtió en un establecimiento de referencia y cuyo nombre pasó a englobar sus emprendimientos.

En 2007 adquirió Lapataia, un tambo turístico en Punta del Este, y le dio un espaldarazo en términos de diversificación de productos y propuestas, más allá del clásico dulce de leche.

En octubre de 2012 el grupo empresarial de D'Arenberg vendió el paquete accionario del conjunto de firmas automotrices que reunía Bor. El comprador fue la familia Lempert. El negocio incluyó las representaciones, distribución y servicios de marcas como Mitsubishi, JAC, Great Wall, DMF y Mondial.

En diciembre de 2014 hizo historia cuando uno de sus caballos, Excalibur, se consagró como el campeón del mundo, al obtener la Triple Corona de la raza árabe. Se trató de la primera vez que un haras sudamericano competía en esa categoría, y para D'Arenberg significó alcanzar un sueño de toda la vida. En ese momento la emprendedora recordó el trabajo de más de 10 años en el haras buscando el tipo de caballo ideal, siendo muy selectivos y teniendo paciencia para esperar, porque "la genética es biología, no matemática".

Fue una de las empresarias destacadas en la encuesta de empresarias y ejecutivas líderes de Uruguay, publicada en marzo de 2016 por el suplemento Café y Negocios. El relevamiento fue realizado entre sus pares uruguayos. D'Arenberg ocupó el tercer lugar, detrás de la gerenta general de Montevideo Refrescos, Andrewina McCubbin, y de la socia de Ferrere Abogados y presidenta en ese momento de la Organización de Mujeres Empresarias de Uruguay, Verónica Raffo. En el especial de Café y Negocios sobre liderazgo femenino, D'Arenberg recomendó a las mujeres "no escuchar a sus propios miedos; los palos en la rueda los pone una misma".

D'Arenberg ha recordado en variadas ocasiones que, debido a su educación aristocrática, desde que tenía uso de razón le decían que la gente se le acercaría por su estatus social y no por quién era ella en realidad. Pero la filosofía de la empresaria es que las personas deben poder ser alguien por lo que han hecho y por lo que dejan para los demás.

Con su historia y su forma de ser se ha convertido en un ejemplo de libertad, que también proclama para el ámbito empresarial y económico, siempre que se trate de una competencia sana y limpia. Se muestra a sí misma como un ejemplo de que se puede alcanzar el éxito si las personas se ponen metas claras y actúan para alcanzarlas, paso a paso.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.



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