Las barricas y los whiskies

En una pausa del vino, algunos apuntes sobre esta bebida espirituosa y su relación con el roble

Por Martín Viggiano

 

A menudo se dice que las crisis también pueden ser una oportunidad. Una oportunidad para cambiar, para hacer cosas distintas. Cuando un problema se presenta, la búsqueda de soluciones –si se usa el ingenio– puede terminar en descubrimientos. Eso parece haber pasado con la industria de los whiskies de 12 años o más. Hace unos días escuché en Montevideo al representante de la marca Grant´s para la región, Ricardo Guerrero. Este chileno que visitó Uruguay para ofrecer charlas y degustaciones me hizo ver el avance del uso de las barricas de roble en los whiskies es algo que, justamente, surge por esa búsqueda de atender un déficit de stock de botellas con 12 años o más. Guerrero, de hecho, presentó dos ediciones de la marca que tienen pasaje por barrica. Una con roble usado para reposar cervezas, y otra con maderas donde descansó jerez oloroso.

El Ale Cask N°1 de Granst´s pasa 5 a 8 años de añejamiento, otro año en el proceso de mezcla (blend) y luego tiene una terminación o curado de 4 a 6 meses en barricas de cerveza. El Sherry Cask N°2, en tanto, cambia el proceso final por roble llevado desde España a Escocia especialmente por toneleros de la empresa.

Desde lejos, como observo por ahora el whisky, parece haber un vínculo cada vez más estrecho entre esta bebida espirituosa y el roble, ese material usado desde siempre para elaborar y añejar vino.

Lo curioso, por lo menos para mí, fue también la posibilidad de maridaje que se abre con este tipo de bebida con alta graduación alcohólica (40%). El N°1 se indica para postres cremosos o bombones con salsas tropicales, o bien carnes crudas como carpaccio de salmón. El N°2 también puede ser combinado con dulces, sobre todo alguno que tenga cítricos. Si se elije algo salado, puede ser carnes de casa o pescados grasos. 


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