Las buenas nuevas y prioridades del Ministerio de Economía

La Rendición de Cuentas y UPM acaparan la atención del equipo económico
Hubo un tiempo en el cual las buenas noticias eran moneda corriente en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). La economía crecía a tasas vigorosas y las discusiones discurrían en torno a la manera en la cual se administraba esa expansión. Que si la inflación era un poco mayor a lo que debería, producto de boom de consumo. Que si el dólar bajaba demasiado y eso le ponía un techo al desempeño exportador de los sectores no tradicionales. Que si al déficit fiscal, aun en niveles saludables, sería bueno reducirlo para generar capacidades de respuesta ante un cambio de escenario externo. Que si el gasto público promovía o no una mejora de las condiciones del país para alcanzar el desarrollo.

En los últimos dos años, esas discusiones quedaron de lado. Las urgencias de la coyuntura imponían nuevos retos a un país que se había acostumbrado a las buenas noticias. Se habló primero del riesgo del estancamiento y poco después, cuando la economía efectivamente dejó de crecer, del peligro inminente de entrar en recesión. Y esa contracción económica podía llegar a darse en el peor escenario, porque estaba acompañada de una inflación por encima del 10% anual y un déficit fiscal que se acercaba al 4% del PIB.

Pero el escenario más probable de aquel entonces finalmente no se hizo realidad. Aunque muy distintas a lo que eran en la década anterior a 2014, las buenas noticias económicas volvieron a ocupar espacio en los medios de comunicación. El Producto Interno Bruto (PIB) acelera su ritmo de avance, la inflación se modera y no solo se aleja de los dos dígitos sino que entra al rango meta oficial por primera vez en casi siete años, el encarecimiento de Uruguay frente al resto del mundo se hace más llevadero con un atraso cambiario aún mayor en los grandes países de la región, el déficit fiscal si bien todavía no ha cedido, hay un consenso entre los analistas de que están dadas las condiciones para una lenta pero sostenida moderación.

Es cierto que esas noticias disputan el espacio mediático con otras de signo opuesto como el cierre de grandes empresas, las dificultades para la creación de nuevos empleos y los efectos negativos sobre el consumo y la inversión de un ajuste fiscal concentrado principalmente en un aumento de impuestos y tarifas públicas. Pero el escenario macro que tiene hoy sobre la mesa el equipo económico es muy diferente al que le tocó lidiar en los primeros dos años de este gobierno.
¿Esto le dará un respiro al ministro Danilo Astori y sus colaboradores? ¿Le permitirá al gobierno pasar a la ofensiva en materia económica, con aire para impulsar de manera activa la estabilidad del país y la mejora de las condiciones de vida de los uruguayos? Parece difícil. Hoy en día, las batallas que libra el equipo económico están lejos de los grandes números y son más bien de carácter político o negociaciones puntuales de alto impacto pero de escasa trascendencia cuando se mira al país en el largo plazo.

Es evidente que un Ministerio de Economía con números que mejoran tiene un respaldo mayor para emprender cualquier cruzada, pero es cierto también que dentro del Frente Amplio no hay nadie que hoy dispute la conducción económica al equipo liderado por Danilo Astori –no fue así durante el gobierno de José Mujica, cuando había claros postulantes fuertemente respaldados por el presidente, a la espera de un tropiezo del equipo económico para salir de las sombras–. Desde el punto de vista político, los buenos números fortalecen una dimensión de la gestión que no está bajo amenaza.

Hoy el esfuerzo del MEF está concentrado en dos áreas muy puntuales. La primera, reducir la vulnerabilidad que genera un déficit fiscal elevado. Se podría pensar que un mayor crecimiento de la actividad ayuda a reducir el gasto en términos del PIB y aumenta la recaudación, al tiempo que una inflación más baja habilita la contención del déficit por la vía de aumentos tarifarios. Sin embargo, esa no es la imagen completa. El aumento de la actividad genera presiones adicionales por parte de los grupos que no terminan de comprar la idea de la amenaza de los desequilibrios fiscales, mientras que el abuso del instrumento tarifario lo vuelve muy caro en términos de competitividad empresarial y costo político asociado a un nuevo aumento de los servicios públicos.

El equipo económico se ve acorralado por la fuerza política y está pagando caro el error cometido en 2015 de dividir en dos la discusión presupuestaria, perpetuando a lo largo de la gestión el tenso relacionamiento con los sectores dentro del Frente Amplio que priorizan la distribución del ingreso y amenazan el proceso de ajuste de las cuentas públicas.

Por otro lado, el MEF tiene a su cargo buena parte de las gestiones con la empresa UPM para la instalación de su segunda planta de celulosa, un asunto que se ha convertido en un símbolo muy fuerte para el Frente Amplio. El sí definitivo de la empresa finlandesa es visto como una carta fundamental para llegar a las elecciones de 2019 con una posición sólida para hacer frente a la oposición.

Astori lo deslizaba al pasar esta semana, en entrevista con Teledía, al hablar de la reforma de la Caja Militar: "Nos ha absorbido tanto en los últimos tiempos la tarea, entre otras, de análisis de la planta de UPM, que nos hemos visto un poco moderados" en el avance de la reforma.

La atención y el músculo del equipo económico están hoy focalizados. Es difícil pensar que en lo que queda de esta gestión pueda embarcarse en reformas necesarias para consolidar la estabilidad y el crecimiento. La inclusión financiera, iniciada en el período pasado, es la última transformación relevante en las reglas de juego con efectos positivos de largo plazo. Pero se necesita mucho más que eso. El MEF es clave para generar una política orientada a aumentar la productividad, brindar incentivos reales a la innovación, mejorar las condiciones para la inserción externa de las empresas uruguayas, establecer un marco exitoso de incremento de la inversión en infraestructura y reducir vulnerabilidades financieras tanto del sector público como privado. Todo eso quedará postergado, no importa lo que digan los grandes números de la macroeconomía.

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