Las cacerolas de los ricos y las preocupaciones de los pobres

Los riesgos que genera que el debate se enfoque en la marca de una olla
Las ironías sobre la marca y el valor de las cacerolas que algunos manifestantes utilizaron para protestar esta semana contra la política de seguridad, revela un mal de la sociedad uruguaya: medir a las personas por su patrimonio o por sus ingresos.

¿Los ricos no tienen derecho a protestar?

¿Eran ricos los que protestaban en Carrasco y en Pocitos?

¿Tener una cacerola que cueste $ 2.000 es sinónimo de riqueza?

¿El precio de la cacerola sirve para identificar a un rico o es reflejo de lo caro que cuestan las cosas en el país?

En un tiempo en el que se hacen tantas campañas contra la discriminación, suena contradictorio que muchos de los que adhieren a esas causas –de evitar que personas sean juzgadas negativamente por alguna condición, y no por lo que son como personas–, ahora se lancen a discriminar a otros, porque "tienen plata" o porque viven en un barrio residencial.

El caso abre dos focos de atención.

Por un lado, para una sociedad como la uruguaya, que ha sido más integradora que otras del continente, esas actitudes no cooperan con un clima de convivencia pacífica y de cooperación en la mejora colectiva.

Por otro lado, se abre la mirada respecto a la evolución de la pobreza y de la riqueza, y a la generación de oportunidades para facilitar la movilidad social ascendente.

¿El país tiende a ir a una sociedad más integrada o se proyecta a la conformación de polos sin vínculos entre sí, y con una confrontación latente que puede activarse en cualquier instancia?

¿Hay una relación entre aumento de la pobreza y del delito?

¿Por qué entonces han aumentado los delitos en la época de la bonanza económica más extensa y más grande?

Un mismo barrio, Carrasco, concentró la atención por dos realidades. La polémica pública, que ahora se da más en redes sociales que por otra vía, puso la lupa sobre la situación económica y social de los involucrados.

Los ricos de Carrasco protestando contra las autoridades que no logran combatir a los delincuentes que viven en la franja más pobre del barrio y que se refugian en un asentamiento.

La protesta no era contra los pobres. Pero justo, los pobres del barrio viven en el escondite de los asaltantes.

Tanto o más fuerte que la protesta, fue la reacción "contra los ricos".

De la misma forma que unos califican de "pichis" o "gentuza" a los pobres, otros desprecian a los ricos con el mote de "oligarcas". Y en el fondo, eso va con una acusación genérica de dudas sobre la procedencia de su riqueza.

Dirigentes del oficialismo se prendieron a la indignación de la protesta costera, porque además sintieron que era una movida de los partidos de oposición.

Eso es como creer que si hay una protesta en Carrasco se da por "manija" de los partidos tradicionales, y si hay una en La Teja se da por el impulso de frentistas.

Esa visión choca con la realidad.

El problema de la inseguridad es el principal tema de preocupación de los uruguayos desde fines de 2008 y hasta hoy.

Entonces, si la protesta por inseguridad fuera motivada por los ricos, habría que pensar que los ricos son mayoría en el país. ¿Es así?

El fuerte crecimiento económico que se dio entre 2004 y 2014, con un dólar deprimido y una inflación controlada y relativamente baja, permitió que la pobreza medida en ingreso, bajara del 39,9% que estaba en 2004 al 9,7% de 2014.

En 2015 dejó de bajar y se mantuvo en ese nivel, y este año hay señales de que pudo mantenerse igual o quizá haber subido algo.

Si la pobreza es de apenas 10%, ¿cuántos son los ricos?

Al ordenar a la población por segmentos socio económicos, el dibujo es de una pirámide.

Los más ricos están en el vértice y los pobres en la base.

Por lo tanto, los ricos siempre son menos.

Si la inseguridad pública está al tope de las preocupaciones de los uruguayos desde hace ochos años, y cada mes se repite lo mismo, es porque eso es lo que inquieta a los pobres, al nivel socioeconómico vulnerable (que salió de pobreza pero con riesgo a recaer), y es porque golpea también a la "clase media".

Si fuera un tema exclusivo de "los ricos", no podría ubicarse al tope del ranking de preocupaciones.
Por lo tanto, la reacción de dirigentes del oficialismo de enojarse con "la protesta de los ricos", demuestra una falta de sintonía con la mayoría de la población.

Lo que debería preocupar realmente, no es si una protesta es con cacerola abollada o de marca de calidad. Lo que debe preocupar es por qué la inseguridad duele tanto a los uruguayos, y también cómo se puede hacer para que en el país haya más ricos, y menos pobres.

Y no es suficiente con una mejora del ingreso como para pasar la frontera de la pobreza. Precisa un empuje fuerte, con oportunidades educativas y laborales, como para dar un salto cualitativo. Eso, hoy todavía no se ve.

Es mejor discutir sobre eso, que sobre la marca de una cacerola.

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